LA PARROQUIA EN AMERICA LATINA
Resumen
Centro
de Investigaciones Socioculturales CISOC-Bellarmino
1.1 Origen e historia de la parroquia latinoamericana
1.2 La parroquia en el Código de Derecho Canónico
1.3 La Parroquia en el Magisterio Latinoamericano
2. SITUACION ACTUAL Y PERSPECTIVAS DE LA PARROQUIA LATINOAMERICANA
2.1 Distintas configuraciones parroquiales
a) Tipos de parroquia según las disposiciones canónicas
b) Tipos de parroquia según su grado de renovación
c) Tipos de parroquias según su ubicación sociogeográfica
2.2 Iniciativas de renovación parroquial
2.3 Fortalezas y debilidades de la parroquia latinoamericana
d) Dimensión del ejercicio de la autoridad
e) Dimensión organizacional y comunitaria
El presente informe es un resumen del
documento elaborado por el Centro de Investigaciones Socioculturales
CISOC-Bellarmino a petición del Consejo Episcopal Latinoamericano CELAM. El
trabajo original fue publicado bajo el título "La Parroquia en el Tercer
Milenio" (Documentos de Trabajo N° 5, CELAM, Bogotá, 1999) *.
Siguiendo el mismo esquema del documento
original se expone a continuación lo esencial de sus tres capítulos y de cada
uno de los puntos contenidos en ellos. Se ha dividido el contenido de este
trabajo en dos partes, publicándose la primera de ellas en el presente Boletín
Pastoral y la segunda en el número siguiente.
En este primer capítulo se entrega un marco
conceptual que ayuda a comprender algunas de las características de la
parroquia en Latinoamérica, tanto por su historia, como por los cambios que
introduce el nuevo Código de Derecho Canónico a la institución parroquial,
teniendo en cuenta además, lo que han expresado los Obispos sobre la parroquia
en las diferentes Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano. Volver al índice
1.1. Origen e historia de la
parroquia latinoamericana
En general, fueron pocas las innovaciones
que se hicieron al instalar la parroquia en América en relación a la que se
conocía en Europa. De hecho, debido a este empeño por trasladar de manera íntegra
esta estructura a las nuevas tierras, se fue inhibiendo la posibilidad de
buscar alternativas pastorales novedosas, distintas al modelo parroquial de la
península ibérica, configurado en Europa a partir de la Baja Edad Media. Es
este modelo de parroquia el que en definitiva se sanciona y se le da estatuto
jurídico en 1563, en el Concilio de Trento. Allí se establece la concepción
beneficial y territorial de la parroquia y se determina el oficio pastoral del
párroco: predicar, explicar las lecturas de la Misa y conocer a sus ovejas,
además de residir entre ellas. Es el modelo de parroquia urbana que traen los
primeros conquistadores, modelo que viene estructurado en base a la concepción
de un territorio delimitado, con un templo para la celebración del culto en el
centro de esa circunscripción o territorio, un párroco destinado a esa tarea
por el Obispo, y contando para realizar su tarea con ciertos bienes
fundacionales.
Sin embargo, este modelo que sirve para los
primeros conquistadores reunidos en pequeñas ciudades fue agotándose al no
responder a nuevas realidades. De aquí nacen las tierras de misiones para los
indígenas, y las "doctrinas". La evangelización de las zonas rurales
se veía limitada por diversos aspectos, como por ejemplo, la inexistencia de
una buena red de templos para el culto, la falta de sacerdotes, y la
imposibilidad de obtener apoyo para los gastos de subsistencia del sacerdote
por medio del cobro a los indígenas. El modelo de parroquia urbana, de gran
utilidad para atender a una realidad que se caracterizaba por los agrupamientos
más o menos homogéneos de pequeños pueblos se muestra insuficiente para hacer
frente al desafío de evangelizar y cuidar la fe de los indígenas, con una
dispersión de sus asentamientos que no permitía una buena atención en la forma
como la parroquia lo hacía en el continente europeo.
En el caso de España, la Santa Sede había
otorgado a los Reyes Católicos las nuevas tierras descubiertas, junto a la
misión de llevar los beneficios del Evangelio a quienes ahí habitaban. De esta
manera, la cristiandad llegada a América empezaba en la Corona y mientras el
Supremo Consejo de Indias organiza y administra el episcopado en el Nuevo
Mundo, se le encomienda a algunos conquistadores -los "encomenderos"-
la tarea de velar por el bien material y espiritual de los indios, pudiendo a
cambio, cobrar tributos. Para cumplir con la obligación de dar instrucción
religiosa a los indígenas los encomenderos consiguen ayuda de los "curas
doctrineros".
El cura doctrinero se encargaba de dar
atención espiritual y cuidado de la fe a los indios encomendados. A partir de
esto, aparecen las primeras doctrinas o "parroquias de indios", que
en términos generales, podríamos asegurar que son el primer esbozo de una
parroquia típicamente latinoamericana, ya que si bien realiza las mismas
actividades que las parroquias de centros urbanos, tienen una conformación
diferente de la que conocían los peninsulares. Las primeras funciones de estas
parroquias de indios fueron las de preocuparse por impartir la catequesis
cristiana -la doctrina- la administración de sacramentos, especialmente el
bautismo, la confirmación y el viático con la extremaunción, y junto a esto, la
Misa dominical y la comunión. Todas estas labores son comunes con la parroquia que
hoy conocemos; pero la doctrina, a diferencia de la parroquia, no contaba con
un territorio claramente delimitado ni con un templo propio, sino sólo con una
capilla privada en la casa del encomendero. La doctrina no posee casa
parroquial ni tiene un santo patrono como titular.
Con el paso del tiempo, las encomiendas se
fueron transformando en haciendas, cuyas doctrinas pasaban a dar origen de
hecho a parroquias. Se trata de parroquias con gran autonomía, que sirven en
ocasiones como punto de partida para la fundación de villas y ciudades, y que
se convierten en puntos de referencia indispensable de los centros poblados.
Ellas son la presencia concreta de la Iglesia en el territorio colonial, y
avanzado el periodo colonial, la parroquia fue al mismo tiempo centro de la
unidad religiosa y base de la unidad social.
Hasta avanzado el siglo XX, la parroquia
presta un sinnúmero de servicios, muchos de los cuales son, actualmente, parte
de las tareas propias del Estado, como por ejemplo, llevar el registro de
nacimientos y defunciones, la creación de colegios y centros de recreación y
expansión de la cultura, la preocupación por la salud pública y la dotación de
asistencia para los grupos marginados y grupos de edad más vulnerables. Es
decir, la parroquia cumplía en nuestros países, tareas civiles, promocionales y
sociales que le eran reconocidas, y no es difícil entender que, como se verá
más adelante en este informe, todavía algunos tipos de parroquia continúen
desarrollando una multiplicidad de funciones, y que los párrocos sigan siendo
figuras con gran relevancia social, en quienes recae una gran cantidad de
expectativas. Volver al índice
1.2. La parroquia en
el Código de Derecho Canónico
En el nuevo Código de Derecho Canónico hay
una evolución respecto del anterior, en la concepción y los énfasis de la
Parroquia. En este nuevo Código, la Parroquia es descrita como: "Una
determinada comunidad de fieles constituida de modo estable en la Iglesia
particular, cuya cura pastoral, bajo la autoridad del Obispo diocesano, se
encomienda a un párroco, como su pastor propio".(can. 515,1). La palabra
"comunidad" expresa una interacción dinámica entre muchas personas,
bajo la unidad de un mismo pastor. Es interesante notar que se ha preferido esa
expresión en lugar de aquella otra, "porción" (del pueblo de Dios),
que describe a la diócesis y que pareciera denotar un carácter más estático y
físico (cf. canon 369).
Aunque el Código no lo expresa de este modo,
la parroquia es, en cierto modo, "Iglesia". Esto corresponde a la
enseñanza del Concilio Vaticano II, del cual el Código es su complementaria
aplicación. (cf. Sacr. Concilium (Liturgia) Nº 42,1); Lumen Gentium (Iglesia)
Nº 26,1; 28,2). Esto tiene especial importancia, pues al ser ella misma
"Iglesia", se destaca por sobre las demás comunidades eclesiales. En
ella están presentes las atribuciones, los deberes y derechos de la Iglesia
misma, de modo que en la parroquia la Iglesia se hace actual y visible a los
fieles y al mundo.
En virtud del mismo Derecho, la parroquia
tiene personalidad jurídica (cf. can. 515,3), cuyo sustrato básico no es el
territorio ni el templo ni el oficio parroquial, sino la comunidad de los
fieles, entendida de modo institucional. Si el fundamento de la personalidad
jurídica de la parroquia es la comunidad parroquial, también lo es de los
derechos patrimoniales, pero no a la manera de una asociación civil, en la que
los bienes económicos son, o pueden ser, participados proporcionalmente por los
socios; en el caso de la parroquia los bienes son de la comunidad entendida
institucionalmente, de tal modo que ningún fiel puede atribuirse para sí una
parte de dichos bienes patrimoniales. Cabe señalar, por último, que de acuerdo
al Código, el párroco es el administrador y único responsable del patrimonio
parroquial (can. 537) aun cuando cuente con la ayuda del "Consejo de
asuntos económicos".
Respecto del párroco, en los can. 515,1 y
519 aparecen -igual que en otros muchos- las expresiones "pastor" y
"cura pastoral". Pastor como quien procura el bien sobrenatural de
cada fiel y de la comunidad en cuanto tal, mediante el ejercicio de la triple
función de enseñar, santificar y regir (cf.can.528,1; can. 528,2; can. 529;
can. 530). Por su parte, la "cura pastoral" puede entenderse en un
sentido vertical o jerárquico-potestativo, asociado a la función de pastor (se
advierte al hablar de los sacramentos que son "administrados" y
"recibidos"), como también, como encargo a los fieles, que en virtud
del sacerdocio bautismal que han recibido (cf. Lumen Gentium 10) participan de
un modo peculiar y diverso del sacerdocio ministerial o jerárquico, en la
triple función de Cristo, de enseñar, santificar y regir. Esta doctrina se
halla explicitada en múltiples lugares del Código, y como consecuencia, hay que
tener presente que todo fiel católico es depositario de la misión misma de la
Iglesia. Volver al índice
1.3. La parroquia en el
Magisterio Latinoamericano
A lo largo de las conferencias generales del
Episcopado Latinoamericano realizadas en Río de Janeiro (1955), Medellín
(1968), Puebla (1979) y Santo Domingo (1992), se pueden encontrar dos grandes
líneas que conducen las reflexiones y orientaciones sobre la parroquia:
En Río de Janeiro, la parroquia comienza a
ser comprendida como comunidad que anima y coordina la acción pastoral. Es
cierto que las orientaciones pastorales de Río de Janeiro van casi
exclusivamente dirigidas al párroco, y en un lenguaje más bien apologético, sin
embargo, nacen aquí las primeras insinuaciones de lúcidas iniciativas
renovadoras, tales como la coordinación diocesana y nacional de la catequesis, el
recurso a las ciencias auxiliares (la pedagogía, la estadística y la
administración económica), la primera invitación a descentralizar la parroquia
y pedir la colaboración de los fieles laicos, así como también la preocupación
misionera y una explícita sensibilidad y compromiso por la cuestión social.
En Medellín, bajo el lema "La Iglesia
en la actual transformación de América Latina a la luz del Concilio", la
Iglesia toma conciencia en su magisterio acerca de la gravísima situación de
injusticia social, a la que con voz profética, criticó como una situación de
"violencia institucionalizada" (DM 2,16). La parroquia, de este modo,
levanta su mirada al entorno y se descubre llamada a ser responsable de las
reivindicaciones de los más pobres del Continente. Medellín llama también a
multiplicar las "comunidades cristianas a escala humana", de tal modo
que se pueda diversificar la presencia de la Iglesia en muchos sitios
diferentes. Así crece la participación más activa de los fieles laicos y se comparten
las funciones de animación y de coordinación del ministro ordenado. Todo esto,
en un contexto de Pastoral de Conjunto que vitaliza a la parroquia, al
Decanato, a la Vicaría zonal y a la Iglesia diocesana. Entonces, la figura y el
rol del párroco se entenderán como un servicio de la comunión y de la
corresponsabilidad, tanto que se llega a delegar esta función en situaciones
extremas.
La III Conferencia General del Episcopado
Latinoamericano reunido en Puebla que versa sobre la "Evangelización en el
Presente y en el Futuro de América Latina", tendrá como referente
primordial y permanente de su reflexión a los pobres de América Latina. Se
formula aquí, desde una rica eclesiología de diálogo comprometido con el pueblo
latinoamericano, la famosa y siempre actual "opción preferencial por los
pobres". Puebla visualiza la renovación parroquial a través de dos
opciones pastorales de envergadura: las Comunidades Eclesiales de Base (CEBs) y
la Catequesis. El anuncio de la Palabra y del contenido evangélico, realizado y
vivido desde las comunidades cristianas. La Parroquia es una comunidad que se
alimenta, discierne y anuncia la Palabra de Dios y colabora en la construcción
del Reino de Dios. Subyace en esta línea fuerte de renovación, el método
pastoral que ocupa los pasos del "Ver", "Juzgar" y
"Actuar", al que se le agregarán, para hacer más dinámica la vida
comunitaria, el "Evaluar" y "Celebrar".
La IV Conferencia General del Episcopado
Latinoamericano, realizada en Santo Domingo, busca recoger y actualizar la
herencia de los encuentros anteriores. Su reflexión la realiza en el marco de
la conmemoración de los quinientos años de la Evangelización del Continente y
cuando termina un milenio cristiano y se inicia otro. También cuando nuestros
pueblos, duramente golpeados por diversos problemas, anhelan de la Iglesia una
palabra de esperanza. Eso quiere ser el Documento de Santo Domingo: una palabra
de esperanza. Un mensaje renovado de Jesucristo, fundamento de la promoción
humana y principio de una auténtica cultura cristiana." (DSD
"Presentación"). Así lo expresa el título del Documento, que da
cuenta de los contenidos del mismo: "Nueva Evangelización, Promoción
humana, Cultura cristiana." Y su lema: "Jesucristo, ayer, hoy y
siempre". Dialogando con el mundo y no condenando; denunciando
responsable y proféticamente, pero en el contexto del anuncio salvador y
misericordioso; renunciando a su aislamiento y peregrinando con todos los
hombres y mujeres de buena voluntad, creyentes o no creyentes, que buscan una
sociedad más justa, fraterna, libre y solidaria; siempre en movimiento y
reestructurándose, no sólo para hacer mejor su servicio evangelizador, sino
sobre todo, para dejarse llevar y conducir por el Espíritu Santo.
En este contexto, la parroquia no se
entiende por sí sola ni para sí misma. Ella existe en una Iglesia de comunión y
está llamada a ser "comunidad de comunidades y movimientos". Es
espacio de madurez de las personas, las familias y las asociaciones cristianas,
que en un proceso gradual de crecimiento y profundización de sus relaciones,
buscan ser sujetos y no objetos de la historia, para que así puedan, entre
todos, hacer de este Continente un pueblo fraterno y solidario, digno y libre.
Es una parroquia que se entiende en una orgánica -Pastoral de Conjunto- siempre
en movimiento y en diálogo con Dios, entre sí y con el mundo, fuertemente
misionera y de carácter marcadamente solidario.
Por último, no se puede dejar de mencionar
la Exhortación Apostólica Ecclesia en America, en la que S.S. Juan Pablo
II invita a las parroquias americanas a comunicar a todos, sin excepción, la
experiencia del encuentro personal que en comunidad se ha tenido con Cristo.
Personal, porque Jesucristo es "la respuesta definitiva a la pregunta sobre
el sentido de la vida, a las interrogantes fundamentales que asedian hoy a
tantos hombres y mujeres del Continente Americano." (E.A. 10). Así, la
línea central de la Exhortación ayuda a enriquecer y renovar la tarea de la
parroquia, en el sentido que si en ella y desde ella se da un auténtico
encuentro personal con el Señor "llevará también consigo la renovación
eclesial" (E.A. 7).
En Ecclesia in América, se recoge
íntegramente la eclesiología de comunión del Concilio Vaticano II y del
magisterio latinoamericano, quedando de manifiesto la clara coherencia de la
tradición magisterial. El Papa nos recuerda que la parroquia ha de ser siempre
fraterna y solidaria, en especial con los más pobres, y también, que es clave
la renovación parroquial en las grandes ciudades, siguiendo el modelo de
comunidad de comunidades y movimientos. Ella "es un lugar privilegiado en
que los fieles pueden tener una experiencia concreta de Iglesia". La
parroquia debe "renovarse continuamente", pero "partiendo del
principio fundamental de que ella tiene que seguir siendo primariamente
comunidad eucarística. Este principio implica que las parroquias están llamadas
a ser receptivas y solidarias, lugares de la iniciación cristiana, de la
educación y la celebración de la fe, abiertas a la diversidad de carismas,
servicios y ministerios, organizadas de modo comunitario y responsable,
integradoras de los movimientos de apostolado ya existentes, atentas a la
diversidad cultural de sus habitantes, abierta a los proyectos pastorales y
superparroquiales y a las realidades circundantes." (E.A. 41) Volver al índice
2. SITUACION ACTUAL Y
PERSPECTIVAS DE LA PARROQUIA LATINOAMERICANA
En este capítulo se hace un análisis, de
acuerdo a la documentación recolectada, sobre la realidad de la parroquia
latinoamericana, considerando los diferentes tipos de parroquias que coexisten
en el Continente, algunas iniciativas de renovación parroquial, y las
principales fortalezas y debilidades que se pueden apreciar en la parroquias. Volver al índice
2.1. Distintas
configuraciones parroquiales
La diversidad de las parroquias
latinoamericanas es tan rica como amplia; por lo mismo, tratar de dar cuenta de
ella es una tarea difícil. Para eso, se deben elegir ciertos criterios
ordenadores, que en este caso han sido los siguientes: a) Las disposiciones
canónicas, b) El grado de renovación y c) La ubicación sociodemográfica. Con
esto se construyen modelos o tipos de parroquias, advirtiendo eso sí, que se
trata de un recurso metodológico útil para exponer rasgos que puedan
diferenciar una estructura de otra, presentándolos de manera polar –en algunos
casos exagerados- para que el lector pueda identificar las diferencias
existentes entre estas entidades o tipos, aunque sea difícil encontrar tipos
puros en la realidad. Volver al índice
La posibilidad de construir tipologías en
torno a la parroquia está dada en primera instancia por lo que dispone el
Código de Derecho Canónico respecto a los criterios para erigir parroquias. Las
disposiciones del Código señalan que existen dos criterios básicos para
determinar la diversidad tipológica de las parroquias:
En cuanto a la territorialidad, el principio
general sigue siendo el de la parroquia vinculada a un territorio. Sin embargo,
cuando las necesidades pastorales lo ameriten, se pueden constituir parroquias
personales en razón: 1° del rito; 2° la lengua; 3° de la nacionalidad de los
fieles de un territorio; 4° por otra determinada razón como, por ejemplo, la
condición social o profesional de los fieles (parroquia castrense, parroquia
universitaria. etc.) (can. 518).
En cuanto a la forma en que es encomendada
la parroquia, el Código reconoce una serie de alternativas que van desde una
parroquia encomendada plenamente a un presbítero como párroco titular de una
determinada comunidad de fieles, territorial o personal, parroquias encomendadas
no plenamente a un diácono, o a una comunidad (de laicos, de Instituto de vida
consagrada, de Sociedad de vida apostólica) pero designando a un presbítero con
las potestades propias del párroco, hasta una o varias parroquias encomendadas
solidariamente a varios presbíteros, a condición que uno de ellos actué como
moderador y representante legal.
Aunque la realidad latinoamericana no lo
refleje, el Código ofrece diversas posibilidades de parroquias según la
necesidad del territorio o ambiente, considerando, por otro lado, la realidad
que presenta el clero en cuanto a posibilidades de atención de lo que se le
encomienda, y abriendo inclusive otras fórmulas que permitan una buena atención
pastoral. Volver al índice
b) Tipos de
parroquias según su grado de renovación:
Hablar de "parroquias
tradicionales" es hacer referencia a parroquias marcadas profundamente
por el espíritu preconciliar, o que en algún sentido no han asumido la
invitación realizada por el Concilio Vaticano II en pos de la renovación de las
estructuras eclesiales. Estas parroquias enfocan su actividad enfatizando lo
sacramental y devocional, por lo que su tarea pastoral descansa básicamente en
la celebración del culto. En materia de capacidad de planificación y manejo de
elementos de gestión parroquial, se advierte que estas parroquias carecen de
planes pastorales que guíen sus iniciativas y, en general, no cuentan con una
estructura de resolución y toma de decisiones que permita la participación de
los laicos. En lo referido a la dimensión misionera, ésta tiende a ser escasa y
centrada en el templo, y con ello, la vida parroquial tiende a cerrarse en sí
misma. Esto, por lo general, aleja a la parroquia de las preocupaciones de las
personas del territorio. La parroquia, en definitiva, es el grupo de fieles que
participa del culto y acude a recibir algún sacramento, teniendo gran
importancia el discurso doctrinal.
Dentro del contínuo tradición-renovación se
visualiza un tipo que podríamos calificar de "intermedio",
donde prima una pastoral que intenta adecuar su línea pastoral al Concilio,
siendo fiel a sus postulados y acogiendo sus desafíos. En este tipo parroquial
predomina la catequesis con un claro acento bíblico. En lo que se refiere a su
actitud y acción misionera, en ella se desarrolla una preocupación por las
personas alejadas, preocupación que está centrada fundamentalmente en la
dimensión de práctica religiosa de las personas, por ello intenta desarrollar
su evangelización a través de la liturgia. En la dimensión solidaria, este tipo
de parroquias desarrollan una sensibilidad social de carácter moderado, que
basa su accionar en medidas de tipo asistencial, traspasando los límites del
templo para atender las demandas de quienes viven en el territorio parroquial,
acercándose a ellos por medio de actividades de fraternidad, con posibilidad de
abrirse también a reivindicaciones sociales y de derechos humanos. Debido a lo
anterior, hay una sentido más claro de la relación fe-cultura e Iglesia-mundo. Consecuentemente,
la comunidad parroquial se ve compelida a llevar adelante acciones en estos
campos a través de la promoción de "obras" parroquiales. En cuanto a
la manera en que se distribuyen la responsabilidades, éstas recaen
fundamentalmente en la persona del párroco, quien busca apoyo y cierto nivel de
asesoría en grupos de laicos que conforman equipos dedicados a temas pastorales
y relacionados con la administración del templo.
El tipo parroquial llamado "parroquia
postconciliar" o "renovada" es el último que
visualizamos dentro del contínuo tradición-renovación. En él prima una pastoral
de clara inspiración misionera, con un mensaje evangelizador que pone en el
centro la posibilidad liberadora de la Palabra de Dios. Su acción
evangelizadora tiene un gran acento en el desarrollo de un carisma acogedor y
esperanzador para quienes sufren y son menospreciados. La parroquia trata de
tener una fuerte conexión con el mundo y se hace presente como una organización
más, que se pone al servicio de la causa de Jesucristo y de la transformación
del mundo, en sintonía con las características del Reino prometido. En
concordancia con lo anterior, la parroquia renovada es permanentemente
solidaria con todos los hermanos, es humilde y servidora de los más humildes, con
un gran sentido de vinculación entre fe y vida. En este tipo parroquial la
catequesis de adultos tiene tanta o más centralidad que la catequesis de niños,
y está marcada por una clara inspiración catecumenal. La Eucaristía se celebra
en un ambiente de participación, a veces con estímulo al diálogo entre los
participantes, y siempre con un activo involucramiento de los asistentes. La
participación y la responsabilidad están repartidas entre quienes asisten a las
actividades de las diversas áreas pastorales de la parroquia, se cultiva con
ello un alto sentido de la corresponsabilidad en los laicos. En este tipo
parroquial la orientación de la participación es horizontal y busca formar a
las personas que cooperan con la parroquia sin tomar distancia ni hacer reparos
a la participación, generando con ello un gran sentido de comunidad entre los
fieles. Todo esto se lleva a la práctica a través de una red de comunidades que
trabajan unidas bajo una concepción eclesiológica de comunión y participación. Volver al índice
c) Tipos
de parroquias según su ubicación sociogeográfica:
La "parroquia rural", en
términos generales, está situada en zonas geográficas de extensión diversa pero
muy poco pobladas, donde las condiciones socioeconómicas son especialmente
difíciles para sus habitantes. Se trata de sectores donde a menudo existe un
profundo y arraigado sentimiento religioso y fervor popular que se manifiesta
en procesiones, fiestas patronales, etc. En estas parroquias suele darse gran
importancia a los sacramentos, lo que en alguna medida contribuye a que ésa sea
su dimensión más desarrollada. Otro aspecto que las distingue es el amplio
sentido de la solidaridad entre los hermanos, que hace surgir iniciativas de
ayuda, que aunque no todas perduren en el tiempo, concitan el interés de muchas
personas por participar. En cuanto al desarrollo de la vida interna de este
tipo de parroquias, se observa, en algunos casos, la tendencia a conformar
comunidades eclesiales de base, CEBs, especialmente en lugares donde la
presencia sacerdotal resulta difícil o intermitente, siendo habitual que muchas
comunidades estén a cargo de dirigentes laicos, y que sean ellos quienes se
responsabilizan de dar vida a la comunidad de creyentes en las temporadas de
ausencia del párroco. El mismo hecho de que estas parroquias estén en lugares
poco poblados y lejanos de los centros urbanos, contribuye a una cierta
autonomía de las comunidades, con bajos niveles de integración a la vida
diocesana. El párroco rural es una autoridad socialmente reconocida y consultada
en el sector, a quien se recurre como intermediario entre la población y el
poder civil.
Otro tipo de parroquia -que está ligado de
manera estrecha con la parroquia rural, pero que a su vez posee características
propias- es la "parroquia indígena". Ella se sitúa en lugares
apartados de los centros urbanos, debido fundamentalmente a la marginación
social y espacial de las poblaciones indígenas. Esta situación, unida a las
malas condiciones socioeconómicas en que vive la mayoría, hacen que la Iglesia
base su accionar en dos pilares fundamentales: la promoción humana y de acción
social, y la propagación de la fe católica en forma explícita. En el ámbito de
lo social, algunas parroquias han desarrollado programas de promoción humana:
capacitación de dirigentes, capacitación en tecnologías agropecuarias,
educación, atención de salud, apoyo a organizaciones sociales, creación de
entidades culturales, proyectos de desarrollo local, así como de atención y
defensa jurídica de los derechos de los indígenas. En cuanto a la propagación
de la fe, en las parroquias indígenas sobresalen las misiones, visitas
pastorales, misas, bautizos, matrimonios, y la catequesis escolar. Esta
combinación de esfuerzos tiene por objeto dar mejores y más integrales
respuestas a la dura realidad socioeconómica de las poblaciones indígenas y,
por otro lado, dar una respuesta adecuada a la amplia y rica religiosidad
indígena. Tal como en las parroquias rurales, en muchos casos el aislamiento de
las comunidades indígenas y la falta de sacerdotes que las atiendan, impulsan
con frecuencia a generar acciones de corresponsabilidad y autonomía de los
laicos para dar respuesta a la vida de fe de la comunidad de creyentes en la
temporada de ausencia del párroco.
El otro tipo de parroquia distinguible es la
"parroquia urbana". Este tipo de parroquia se desarrolla en el
contexto de ciudades en constante y a menudo desmedido crecimiento poblacional,
que suele establecer verdaderas segregaciones entre los grupos sociales que
habitan la ciudad. Es posible distinguir un primer subtipo de parroquia urbana,
compuesto por "parroquias de centro urbano", que no
necesariamente se ubican en los sectores céntricos de las ciudades, pero sí,
donde predominan sectores sociales típicamente medios y altos. A veces se trata
de ambientes conformados por zonas comerciales y de servicios con una mayoría
de personas que trabaja en el lugar pero no habita en él, y en otros casos,
están compuestos por áreas residenciales de nivel medio y alto. Esta
localización tiene incidencia en el trabajo de las parroquias, ya que su
población tiende a relacionarse de manera esporádica, individual o íntima con
la parroquia, planteando un gran desafío para la formación y consolidación de
un sentido comunitario. El otro subtipo de parroquia urbana es el de las "parroquias
periféricas". Se trata en este caso, de parroquias situadas en
sectores socioeconómicos de nivel bajo y medio bajo, que a menudo coinciden con
territorios que han sido ocupados por la creciente expansión de las ciudades.
En la mayor parte de los casos son sectores cuya población -varias decenas de
miles de personas- es atendida pastoralmente desde una sede parroquial y desde
sectores parroquiales correspondientes a CEBs, con sus capillas. En todos estos
casos, las parroquias cumplen un importante rol comunitario y solidario. Las
parroquias urbanas periféricas suelen ser, en algunos casos, verdaderos centros
de prestación de servicios sociales y asistenciales, y en muchas ocasiones,
ellas sirven como agentes de orientación y derivación de la población del
sector que busca solucionar algunas necesidades sociales básicas. Volver al índice
2.2. Iniciativas de renovación parroquial
La renovación pastoral surgida del Concilio
Vaticano II, como también las transformaciones propuestas por el Episcopado
Latinoamericano han dado lugar a múltiples iniciativas de renovación de la
Parroquia en el Continente. Conscientes de la imposibilidad de dar cuenta
exhaustiva de cada una de estas iniciativas, en el documento original se ofrece
una síntesis de algunas de estas experiencias –unas de carácter local, otras
bastante generalizadas-, que no agotan la riqueza de la totalidad de propuestas
renovadoras, pero que ilustran algunas tendencias dominantes de renovación*
.Basta señalar aquí que en esas experiencias se destaca como una constante, el
papel fundamental de los laicos como sujetos activos en el proceso renovador.
En la medida en que los laicos han sido consultados, incorporados y capacitados
para el trabajo pastoral, la parroquia y el propio párroco han visto favorecida
su labor. También es destacable que en general, las iniciativas renovadoras
exitosas siguen procesos que no son espontáneos sino que son conscientemente
planificados, contando para su diseño y realización, con el aporte de las
ciencias sociales y de la administración, puestas al servicio del trabajo
pastoral. En este sentido, resulta alentador prever una creciente valoración de
los aportes profesionales a los esfuerzos de renovación parroquial del futuro. Volver al índice
2.3. Fortalezas y debilidades
de la parroquia latinoamericana
Siendo la parroquia necesaria aunque
insuficiente, ella acumula a lo largo de sus más de quince siglos de
existencia, una serie de fortalezas, como ser la entidad eclesial de mayor
presencia y difusión, un lugar próximo y fácil de reconocer, y la institución
que entra en contacto con un mayor y más diverso grupo de creyentes. Se trata de
un lugar donde se acoge a personas con diferentes niveles de participación. La
parroquia incluye practicantes ocasionales y no practicantes, que buscan ritos
y a veces consuelo, lo que la convierte en un gran puente de contacto entre la
Iglesia y el "mundo". Ella es un terreno donde la tarea misionera
resulta, en este sentido, algo cotidiano.
Aun cuando es imposible contar con un
diagnóstico acabado sobre la realidad de la parroquia latinoamericana, a través
de las distintas publicaciones revisadas se puede esbozar, sin ánimo de
generalizar, un análisis de las diferentes dimensiones de la parroquia. Para
ello, se ha diseñado un esquema de análisis capaz de abarcar las muy diversas
tareas y aspectos que incluye la parroquia. Es difícil ser exhaustivos con las
categorías, pues en la vida parroquial todo ocurre interconectadamente. Se
trata más bien de una opción metodológica que no pretende ser un modelo ni una
figura estática de las actividades a incorporar en el quehacer parroquial. Esta
categorización tiene el valor de ordenar la información recopilada y ayudar al
análisis de la misma.
A continuación presentamos el esquema que
contiene cinco dimensiones, algunas de las cuales se subdividen en una serie de
aspectos, los cuales serán desarrollados en este capítulo.
|
DIMENSIONES |
ASPECTOS |
|
Dimensión kerigmática |
Catequesis Acción misionera Acción profética |
|
Dimensión litúrgica y espiritual |
Vida espiritual y de oración La eucaristía Los sacramentos |
|
Dimensión solidaria |
|
|
Dimensión del ejercicio de la autoridad |
|
|
Dimensión organizacional-comunitaria |
Comunidades y movimientos Estructura y vida orgánica La parroquia y la pastoral de conjunto |
En la parroquia
tiene lugar el anuncio del Mensaje cristiano, la proclamación de la Palabra de
Dios, y su enseñanza. En ello cumplen un papel clave la catequesis, la acción
misionera, la tarea profética de discernir el paso de Dios en los
acontecimientos históricos, y la posibilidad de entrar en diálogo con las
diferentes culturas.
En la parroquia
latinoamericana, la catequesis aparece como una de las actividades
protagónicas, que más laicos involucra, y de las más organizadas. Se cuenta en
el Continente con una catequesis cada vez más bíblica, más organizada y más
inculturada, también más creadora de comunidad. Además, casi todas las diócesis
disponen de institutos para la formación de los catequistas, e incluso las
universidades católicas ofrecen en algunos lugares cursos y programas para
catequistas. De todas maneras, esto último representa un desafío sobre el que
hay que insistir, puesto que se debe mejorar la calidad de la formación con
miras hacia una catequesis que sea verdadera educación en la fe y no una mera
preparación para los sacramentos.
El ámbito de la evangelización
misionera, por su parte, parece ser una de las áreas más descuidadas y que
más inquietud genera en las parroquias del Continente. La misión se consideró durante
mucho tiempo algo restringido a las zonas rurales y muy asociada a la entrega
de sacramentos, pero ella renace como fuerte anhelo en el último tiempo. Se
aprecia una cierta ansia misionera especialmente en los laicos. También nos
encontramos con una fuerte demanda de los laicos en orden a que los sacerdotes
salgan de la parroquia, demanda en la que se funden el deseo misionero con el
deseo de que la Iglesia conozca más de cerca la realidad, se abra y dialogue
con aquellos que se han alejado.
En cuanto a la acción
profética, podemos reconocer que la Iglesia Latinoamericana, interpelada
por hechos como la desigualdad económica y los problemas de derechos humanos,
ha desarrollado una práctica de discernimiento colegiado y de crítica social,
que en alguna medida se ha ido traspasando a las comunidades. Esto que puede
considerarse una fortaleza, sin embargo, tiene sus detractores, especialmente
por la forma como a veces se ha dado el proceso. En años recientes pareciera
que de manera creciente se tiende a evitar temas contingentes, como también, a
evitar prácticas que incluyan el diálogo y el discernimiento sobre la realidad
social, retornando en alguna medida a una parroquia más tradicional en este
plano.
Por otra parte,
hay que señalar que falta un mayor desarrollo del diálogo con las diferentes
culturas y la capacidad para adaptar la forma del mensaje cristiano a las
realidades indígenas y a condiciones emergentes, en especial, a la forma de
vida en las grandes ciudades. También hay que decir que una franca debilidad de
las parroquias en este plano es su escasa disposición hacia un verdadero
ecumenismo. Hay gran confusión sobre los distintos grupos religiosos que
operan, y en general, pareciera que tanto laicos como sacerdotes no consideran
como algo importante el trabajo conjunto con grupos evangélicos. Volver al índice
Siguiendo las
orientaciones del Concilio Vaticano II, la parroquia está llamada a actualizar
el Misterio Pascual en la celebración de la Eucaristía y los sacramentos, a
velar por la formación espiritual de los fieles y a ayudarlos a descubrir la
riqueza y los beneficios de la oración. Sin embargo, en el documento de Santo
Domingo, los obispos latinoamericanos señalaban que "se ha perdido la
práctica de la dirección espiritual" (DSD 39), lo que no es sino reflejo
de una acción pastoral llena de programas y actividades, con pocas ocasiones
para el contacto gratuito entre el sacerdote y los fieles, y para el contacto
íntimo con Dios. Un signo de esperanza, sin embargo, es que los fieles piden
espacios para el retiro espiritual, y el auge de los grupos de oración a nivel
parroquial.
Con respecto a la
Eucaristía, aún cuando el documento de Santo Domingo señala que "no
se ha logrado plena conciencia de lo que significa la centralidad de la
liturgia como fuente y culmen de la vida eclesial" y que "se pierde
en muchos el sentido del día del Señor" (DSD 39), no se puede desconocer
que la Misa dominical es la actividad que más gente congrega, y con la que más
se identifica a la actividad parroquial. Para una mayoría de quienes
participan, la celebración eucarística es una ceremonia atractiva, que tiene
que ver con su vida, y que les ayuda a crecer en la fe. Las opiniones son un
poco más críticas al referirse a las homilías, pero de todas maneras, se trata
de apreciaciones bastante positivas. Suele existir, eso sí, el deseo de que las
ceremonias sean menos frías, y que se mejore la acogida de quienes participan
en la Eucaristía. Existe también el deseo de una mayor participación de los
distintos agentes y grupos pastorales en la preparación de la Misa, es decir,
de mayor cercanía con la celebración.
Por último, cabe
consignar que se constata en distintos documentos y artículos una visión
bastante crítica respecto de la dimensión sacramental de la parroquia,
concentrando su atención, básicamente, en la deficiente formación y la baja
disposición consciente hacia el significado de los sacramentos. Pareciera que a
un sector importante de la Iglesia latinoamericana le inquieta que haya una
gran masa de cristianos que limita su participación en la parroquia a la
celebración de los sacramentos, que incluso muchas veces son considerados como
meros eventos sociales. Asimismo, llama la atención la dificultad de algunos
párrocos para considerar estas celebraciones como verdaderas oportunidades para
la evangelización misionera, y la escasa confianza en la acción de la Gracia,
si no es mediada por una extensa formación teórica dada en cursos y charlas. Volver al índice
Pareciera que la generalidad de las
parroquias latinoamericanas, tanto por su historia, como también por el hecho
de estar confrontadas a la fuerte desigualdad social en el Continente,
mantienen algún tipo de actividad solidaria, que va desde sencillos grupos de
caridad, hasta verdaderos programas de desarrollo social, pasando por clubes de
ancianos, comedores, grupos de alcohólicos, talleres de manualidades, etc. Más
aun, pareciera observarse actualmente una revaloración y revitalización del
trabajo social parroquial a raíz de la implementación en América Latina de un
modelo económico neoliberal que disminuye la presencia del Estado en materias
sociales.
Se puede considerar como una fortaleza de la
parroquia latinoamericana en sí misma, el hecho de contemplar como algo
ineludible el trabajo por los necesitados. Ahora bien, como aspectos débiles
dentro de esta fortaleza -y reconociendo una gran diversidad de estas
experiencias tanto en sus temáticas, como en su envergadura, nivel de
organización y profesionalización- se puede mencionar, además de la orientación
paternalista de mucha de la acción social, la fuerte tendencia a la
improvisación, al espontaneísmo, y a no prever las consecuencias y los pasos
futuros de muchas iniciativas, en especial cuando se trata de grupos de riesgo,
como jóvenes marginados, delincuentes o drogadictos. A menudo se trata de
acciones generadas por un grupo pequeño, y que cuesta que sean asumidos por la
comunidad parroquial plena, poniendo en riesgo su continuidad. Volver al índice
d) Dimensión del
ejercicio de la autoridad:
De acuerdo al nuevo Código de Derecho
Canónico, el párroco es pastor propio de la parroquia, representante jurídico
de la misma y administrador de sus bienes (can. 519 y 523). Competen al párroco
las funciones de enseñar, santificar y regir, con la cooperación de los
colaboradores consagrados y laicos, sirviendo como pastor de la comunidad y en
todo el territorio parroquial.
La función de enseñar es asumida en buena
forma por los párrocos, y compartida con laicos y con otros agentes pastorales
en lo referido a la catequesis. La función de santificar, que es una función
propiamente sacerdotal, es comprendida y aceptada fácilmente por los fieles, y
los sacerdotes se sienten preparados para ella, aunque no siempre les agrada
ejercerla cuando se trasforma en algo rutinario o cuando se trata de ritos de
tipo más bien social. En cuanto a la función de regir, que implica el ejercicio
de la autoridad, parece ser la que mayores problemas genera en los párrocos.
Encontramos que el tema de la autoridad
sacerdotal en la parroquia, y del gobierno colegiado de la misma, se encuentran
todavía en transición. Los párrocos tienen dificultades para hacer real la
participación del laicado sin desmerecer su papel de conductores y de
responsables últimos de la comunidad. También hay dificultades para que la
participación laical no se transforme en una hipertrofia de reuniones que
empobrezcan los espacios de encuentro gratuito entre los fieles y su pastor. Por
otra parte, es aun extraño que los ministros ordenados y los laicos asuman como
equipo el cuidado pastoral de los fieles. Diáconos permanentes y religiosas
tienden a desempeñar tareas muy circunscritas, mientras la mayoría de los
colaboradores se sienten más "disponibles" que realmente
corresponsables. Volver al índice
Uno de los planteamientos más importantes en
cuanto a la parroquia, luego del Concilio Vaticano II y el desarrollo de una
"Eclesiología de Comunión y Participación", es aquél que define a la
institución parroquial como una red de comunidades, noción que ha tenido gran
impacto en toda Latinoamérica. Sin embargo, hoy estamos lejos del optimismo y
la fuerza con que hace algunos años se defendía la opción de las comunidades de
base. Actualmente se observa desánimo, inseguridad respecto al futuro de las
comunidades. Muchos líderes se alejan de las Comunidades Cristianas de Base,
CCBs, mientras algunas se encierran en sí mismas. Hay también una fuerte
autocrítica, ya que si bien hubo concientización, las CCBs no alcanzaron a
promover una transformación cultural amplia y profunda. Además, su alcance en
las clases populares fue limitado. Se dice que no lograron la autonomía buscada
del laico en la Iglesia, continuando la dependencia excesiva de Iglesia
institucional.
Al contrario de lo que ocurre con las
Comunidades Cristianas de Base, en los últimos años se observa un importante
crecimiento de los movimientos apostólicos, que representan una respuesta
pastoral sobre todo para sectores socioeconómicos medios y altos de la
sociedad. Al igual que las CCBs, ellos mantienen relaciones ambivalentes con la
parroquia; y aunque las características de este vínculo dependen claramente del
movimiento de que se trate, muchos párrocos reconocen el efecto catalizador de
los movimientos, aunque algunos mantienen un cierto recelo hacia ellos.
Persiste el temor de que éstos les quiten gente que participa en la pastoral
ordinaria, que los recarguen de trabajo, y también temor ante su proselitismo y
la tendencia de algunos movimientos a constituir círculos cerrados que no se
integran totalmente al resto de la comunidad parroquial.
Mirando hacia el interior de la parroquia,
como fortalezas en lo referente a su funcionamiento se pueden citar la mayor
tendencia a trabajar en equipo de los sacerdotes, el mutuo apoyo e intercambio
de experiencias, la incorporación de laicos en cargos directivos y el diseño de
planes pastorales parroquiales -elaborados participativamente- que dan
continuidad al trabajo a pesar de los cambios de sacerdotes. También hay que
señalar una cierta tendencia a la descentralización en capillas o CEBs, que
dinamizan la pastoral, especialmente en parroquias populares muy extensas. La
creación de Consejos Parroquiales en gran parte de las parroquias también es
una fortaleza que merece ser destacada.
Como debilidades, se puede señalar que
existe, entre el personal consagrado, cierto temor o incluso rechazo a una
racionalidad de tipo administrativa en general, y especialmente, en lo que se
refiere a la administración financiera. Otra debilidad es la insuficiente
definición de los cargos, es decir, de las funciones y de las atribuciones de
las personas y grupos que trabajan en la parroquia. Ello suele generar
ambigüedades, superposición de funciones, y retraso en las decisiones. Esto
incluye tanto al personal consagrado como a los laicos con alguna
responsabilidad en la pastoral.
Ahora bien, mirando desde la parroquia hacia
afuera, se observa un lento caminar hacia aquello que los documentos
magisteriales proponen como una necesaria "pastoral de conjunto".
Encontramos que las funciones de los organismos intermedios -decanatos y zonas-
son a menudo ambiguas. No existe claridad tampoco sobre su conformación y sus
atribuciones y, en general, carecen de recursos propios. A ello se debe sumar
la tensión que a veces existe entre una pastoral parroquial ordinaria y los
eventos extraordinarios provenientes de las diócesis. Aun cuando se reconoce
que muchos de estos eventos animan y ayudan a potenciar la pastoral parroquial,
son frecuentes las quejas de sacerdotes en cuanto a la superposición de
planificación y organización de acciones por parte de organismos centrales, que
absorben y entraban la pastoral parroquial.
Por otra parte, los vínculos entre los
colegios de Iglesia y las parroquias son escasos, salvo cuando son escuelas
parroquiales o cuando pertenecen a una misma Congregación religiosa. Aun así,
los párrocos suelen mirar con recelo que los colegios asuman tareas que les parecen
exclusivas de las parroquias, tales como la catequesis, o ciertas pastorales
juveniles.
En síntesis, queda pendiente, como una gran
tarea para las diócesis, la de diseñar organismos que signifiquen un real
aporte a una pastoral de conjunto. Volver al índice