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Homilías dominicales: perspectiva de sacerdotes y fieles sobre su contenido y forma PDF Imprimir Correo

Por Javier Romero Ocampo, CISOC - Bellarmino

Presentación

La preocupación permanente de CISOC-Bellarmino por orientar sus investigaciones hacia temas que sean de utilidad a la Iglesia nos ha llevado a plantearnos la posibilidad de tratar de responder a la interrogante de cuál es la opinión que los propios sacerdotes y los laicos tienen de las homilías. Esta pregunta es la que se aborda en el presente artículo que resume los resultados de una investigación llevada a efecto en la Arquidiócesis de Santiago mediante la aplicación de una encuesta a los sacerdotes y laicos asistentes a las distintas asambleas zonales de la Arquidiócesis de Santiago, la realización de entrevistas a informantes calificados y grupos de laicos, y el análisis de homilías dominicales elegidas al azar.

En Chile, hace casi cuatro décadas, la Oficina de Sociología Religiosa del Episcopado OSORE, realizó una investigación sobre las homilías, estudiando una muestra de diecinueve iglesias de Santiago

La investigación examinó la calidad de la comunicación, el contenido y las condiciones del mensaje. Años más tarde, un estudio de CISOC-Bellarmino profundizó en el contenido de las prédicas, evaluando para ello la presencia de elementos exegéticos, vitales y litúrgicos en las homilías .

Sin dejar de reconocer la importancia de los aportes conseguidos por las investigaciones señaladas, creímos necesario obtener nueva información acerca de las homilías, en el marco de los acelerados cambios que están removiendo las formas tradicionales de relación de las personas con las instituciones y lo que ellas representan en lo cotidiano. Entre otros cambios nos interesa lo que está ocurriendo con el lugar de lo religioso, y en particular de la Iglesia Católica, en nuestra sociedad. La pérdida de efectividad del mensaje de las grandes instituciones para penetrar la acción cotidiana de las personas también afecta a la Iglesia. La creciente primacía de las elecciones individuales por sobre las orientaciones de lo tradicional, hace que los discursos institucionales tradicionales tengan menor poder de penetración en la orientación de los sujetos. Este hecho, unido a otras cuestiones que manifiestan distanciamiento de la Iglesia, como los cambios de la adscripción religiosa y la baja asistencia a las celebraciones, configuran un escenario nada favorable para que la voz de los sacerdotes, a través de las homilías, oriente la esperable conexión entre fe y vida de los fieles.

Además de los efectos del contexto hay que tomar en cuenta cuestiones relativas a la falta de tiempo, falta de claridad en la exposición de los argumentos, desconocimiento de técnicas de exposición oral, etc. , en fin, un largo listado de aspectos que afectan el desarrollo de una buena homilía que están relacionados, en último término, con el manejo de técnicas posibles de ser aprendidas. Por ello creemos que se hace necesario aportar un estudio que, además de indicar el estado de situación a partir de los relatos de laicos y personal consagrado, indique algunas respuestas posibles en relación con este diagnóstico, y establezca los desafíos ante los aciertos y debilidades, para así abrir posibilidades de mejoría en la preparación y desarrollo de las homilías.

i.- Algunos elementos generales que describen a las homilías

a.- Definiciones

Homilía proviene del verbo griego “Homilein” que significa conversar, hablar, dialogar, reunión, conversación familiar. Esta palabra designa “… aquel tipo de oratoria sagrada que conviene más a la celebración litúrgica de la eucaristía y de los sacramentos. Es un género especial dentro de la oratoria, especie de comentario de los textos de la celebración aplicado a los fieles, como participantes de la celebración y como cristianos que deben vivir lo que celebran” . Este género de la predicación la Conferencia Episcopal de Chile propone comprenderlo como “… una actualización de la Palabra de Dios en el hoy y en el aquí de la vida y de la celebración” .

La homilía está situada en un conjunto más amplio: la celebración eucarística, por eso litúrgicamente es definida como “… una parte integrante de la liturgia de la Palabra” . Aunque esto nos pudiera parecer algo sin importancia es bueno recordar que hasta antes de la reforma litúrgica conciliar se decía que, después del Evangelio, la liturgia quedaba interrumpida para que los fieles escucharan la homilía, “… El Concilio Vaticano II rehabilita la importancia de la homilía y en la Constitución “Sacrosanctum Concilium” la declara parte integrante de la liturgia y establece su obligatoriedad en las Misas dominicales y de precepto. Sus fuentes principales serán las Sagradas Escrituras y la liturgia…” .

A nivel de las funciones de la homilía, lo catequístico es central, instruyendo y exhortando a la conversión y al testimonio cristiano: “Se proclama lo que Dios dice cuando el ministro, teniendo en cuenta el contenido del sacramento que celebra, interpreta los sentidos genuinos de la historia de la salvación contenida en los textos bíblicos y los actualiza a la vida concreta de la asamblea reunida”. Para el sacerdote, además de la preparación y la adecuación al contexto, se les exige imitar a Jesús “… que nunca hiere a las personas, pero si “sabe herir” las conciencias buscando la comunión del hombre y la mujer con el Señor” . Por ello se debe buscar sencillez y propiciar el descubrimiento personal del misterio de la fe, en definitiva una verdadera conversión. La liturgia en general “… no se contenta con crear belleza y causar emoción sino que mediante su simbolismo lleva al hombre a Dios” .

En buenas cuentas, la homilía, siendo formalmente un género de la predicación, que se desarrolla en el contexto de la celebración litúrgica, a través de una conversación que tiende a la familiaridad y a la actualización de la Palabra de Dios, rebasa estas consideraciones, ya que su fin último es provocar la apertura necesaria de la comunidad al misterio de la fe.

En nuestro continente, la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano realizada en Puebla señala respecto de la homilía: “… que como parte de la liturgia, es ocasión privilegiada para exponer el misterio de Cristo en el aquí y ahora de la comunidad, partiendo de los textos sagrados, relacionándolos con el sacramento y aplicándolos a la vida concreta. Su preparación debe ser esmerada y su duración proporcionada a las otras partes de la celebración“ . Con esto, se reafirma su importancia, la necesidad de que se conecte con las realidades propias de los fieles y que se integre armónicamente a la celebración litúrgica, características todas que deben estar presentes en las actuales homilías.

b.- Elementos y funciones de las homilías:

La homilía se conforma a partir de tres elementos o contenidos que la definen, sin establecer una jerarquía u orden deseado, estos elementos son:

a) Elemento exegético: “La homilía debe entregar a la asamblea, en forma comentada, la Palabra de Dios contenida en las Escrituras del día… la figura central a presentar ha de ser la de Cristo y, de las tres lecturas, el texto clave a desarrollar debe ser el Evangelio. No es la finalidad de la homilía provocar un conocimiento profundo, ni dictar cátedra sobre los textos usados en la liturgia. La exégesis es… el arte (y ciencia) de encontrar y proponer el sentido verdadero de un texto escriturístico”, esto es fundamental en la homilía, responder a la pregunta ¿Qué nos quiere decir Dios a través de este texto?

b) Elemento vital: La homilía debe proclamar que la Palabra de Dios es la palabra viva, presente y actuante entre nosotros. Esta interpelación mutua entre Evangelio y realidad actual tendrá que traducirse en la homilía en un señalar explícitamente los “espacios” y las formas en que se manifiesta actualmente el cumplimiento de la Palabra, así como en denunciar dónde aún la Palabra no se ha hecho vida. Se debe tener en cuenta la cotidianeidad de los fieles e insistir en la motivación central del mensaje del Evangelio como moral de hijos de Dios y no como pura ley.

c) Elemento litúrgico: La homilía, como parte integrante de la Eucaristía, debe proclamar que la Palabra leída está ya teniendo cumplimiento en la celebración eucarística misma. La homilía es parte y está al servicio de la celebración litúrgica. Por ello se le asigna una función fundamental: conducir a los misterios de la fe (Sacramentos, sacrificio eucarístico), desde la Palabra dada y acogida hasta la acción sacramental, signo y cumplimiento de dicha Palabra en la asamblea concreta.

Para que la homilía se transforme en un elemento integrado a lo celebrativo, que sirva de pasadizo al misterio celebrado, se sugiere que ella no se centre exclusivamente en la explicación del texto proclamado, sino que vaya más allá, poniendo de manifiesto su mensaje en una triple dimensión, a saber: litúrgico-sacramental-alegorizante.

Estas definiciones, mínimas y generales, relativas a la homilía, nos sitúan, de alguna forma, en un marco para su comprensión esencial. En las líneas siguientes queremos mostrar algunos aspectos del desarrollo de las homilías en la Arquidiócesis de Santiago a partir de las opiniones de laicos y de los propios sacerdotes, con el fin de destacar algunos rasgos que denotan aciertos y otros rasgos que indican áreas donde introducir posibles mejoras.

II.- Resultados

a.- Antecedentes metodológicos

Para llevar adelante la presente investigación se realizaron entrevistas a ocho informantes calificados, en su mayoría sacerdotes con formación en áreas ligadas a la homilética. Se les consultó acerca de las características de las homilías descritas en los textos canónicos y académicos, y las que surgen desde la práctica cotidiana. Junto con esto, se obtuvieron algunos criterios de “éxito” para la preparación y desarrollo de las homilías.

También se realizaron cuatro entrevistas grupales con jóvenes en distintas zonas de Santiago. Estos grupos estuvieron constituidos por jóvenes universitarios y de enseñanza media, participantes de alguna pastoral especializada o algún movimiento religioso juvenil.

Además se obtuvo información mediante la grabación de 19 homilías en dos domingos distintos (Un domingo correspondiente a la fiesta de Epifanía y otro domingo de celebración ordinaria), las que posteriormente fueron analizadas por teólogos y especialistas en Biblia, entregando información acerca de la forma y los contenidos de ellas.

Finalmente, se aplicaron dos encuestas, una a los sacerdotes, y otra a las religiosas, diáconos y laicos asistentes a las distintas asambleas zonales de la Arquidiócesis de Santiago. Concretamente, se aplicaron 211 encuestas a sacerdotes y 166 a laicos, religiosas y diáconos. La distribución por zona episcopal fue la siguiente:

Cuadro Nª 1: Distribución por zona de la aplicación de encuesta

Sacerdotes


Religiosas, diáconos y laicos

Zona

Porcentaje


Zona(*)

Porcentaje

Norte

16,6


Norte

39,2

Sur

19,4


Sur

23,5

Oriente

12,3


Oriente

11,4

Oeste

18,5


Oeste

23,5

Centro

11,4


NR

2,4

Cordillera

13,7


Total

100,0

Pro vic Puente Alto

8,1

 



NR

5,7

 

(*) Las Zonas Centro, Cordillera y la pro vicaría de Puente Alto no contemplan la asistencia de laicos, religiosas o diáconos a las asambleas zonales.

Total

100,0

 



La edad promedio de los sacerdotes encuestados es de 50,7 años, siendo la edad mínima de 25 años y la edad máxima de 80 años. La mayor parte pertenece al clero diocesano (63,0%), el clero religioso representa un 30,9% y las Sociedades de Vida Apostólica un 1,4%. Si se compara con la composición del clero en Chile, hay una sobre-representación del clero diocesano en los encuestados.

La mayor parte de los sacerdotes encuestados son chilenos (69,7%), el clero extranjero representa un 22,3%, y los nacionalizados representan un 1,9%. Se trata de una distribución que se ajusta bastante bien al universo de sacerdotes en Chile. La mayor parte son párrocos (59,2%), y el 27,5% son vicarios parroquiales.

Para el caso de la encuesta aplicada a laicos, religiosas y diáconos los resultados indican que son mayoritariamente mujeres (75,9%) y un 22,9% es de sexo masculino. La edad promedio de los encuestados es 52,6 años, con un mínimo de 21 y un máximo de 82 años. La mitad de los asistentes a las Asambleas Zonales, exceptuando a los sacerdotes, son religiosas (51,2%), algo más de un tercio son laicos (34,9%), y un 10,8% son diáconos.

En las líneas siguientes se entregan los resultados de ambas encuestas y se incorpora información relevante de las entrevistas individuales y grupales efectuadas.

b.- Preparación de los sacerdotes para predicar homilías

El 55,0% de los sacerdotes encuestados declara que recibió formación sistemática en homilética, mientras que un 41,7% no la recibió; esto principalmente porque esta materia estuvo ausente, por algún tiempo, en los planes y programas del Seminario Pontificio Mayor, según lo manifestado por sacerdotes entrevistados.

Al ser consultados sobre la participación en algún curso, taller o seminario de homilética, los sacerdotes señalan que, en general, no han asistido (47,4%). Los que sí han asistido representan el 38,4% y lo han realizado preferentemente en el Seminario Pontificio Mayor de Santiago, que representa el 50% de estas menciones; por debajo del 15% de las menciones se incluyen talleres en otros países, en universidades y cursos dictados por la propia Congregación. De quienes mencionan cursos o talleres un 15,2% señala que lo recomendaría a otros sacerdotes.
Los sacerdotes mayoritariamente dicen sentirse “bien preparados” en homilética (66,8%), quienes se sienten “muy bien preparados” son un 6,2%. En cambio, quienes se sienten “poco preparados” y “muy poco preparados” llegan a un escaso 17%. Hay una gran confianza en la propia formación, lo que de manera implícita indica una buena evaluación de las instancias en donde recibieron dicha formación.

En cuanto a la autoevaluación de su capacidad de oratoria, los sacerdotes se muestran mayormente autocríticos ya que la nota promedio es de 5,4, algo baja si se considera la centralidad de este recurso al momento de predicar las homilías; quizás esta sea un área en la que se requiere ayuda y un campo fértil para alguna iniciativa en este sentido. También se les consultó a los sacerdotes si les gustaría recibir algún tipo de formación para realizar sus homilías, los resultados muestran que, de preferencia, se inclinan por la modalidad vía e-mail, internet o medio electrónico (38,6%), un 27,6% señala que lo haría por medio de boletines o revistas, un 21,8% asistiría a talleres para prepararse en homilética, y un 12,0% dice que estaría dispuesto a asistir a un curso más profundo. Las respuestas reafirman lo que en las entrevistas con sacerdotes aparece como algo insalvable: la escasez de tiempo que afecta la disposición de los sacerdotes para participar de instancias de formación presenciales, lo que restaría posibilidades de trabajar directamente aspectos tales como la oratoria.

c.- Preparación, duración y metodologías para predicar homilías

La mayor parte de los sacerdotes encuestados (58,8%) afirma que dedica entre una hora y tres horas a la preparación de sus homilías dominicales. Un 21,3% le dedica menos de una hora y un 16,6% le dedica más de tres horas. Quienes no preparan sus homilías dominicales son un mínimo, que llega sólo al 0,5%. Llama la atención el largo tiempo dedicado a la preparación, lo que contrasta con opiniones de los laicos entrevistados que hacían notar errores atribuibles a poca preparación.
Los métodos usados más frecuentemente para preparar las homilías son, en orden decreciente: “leyendo por anticipado los textos bíblicos”; la “oración”; el “uso de un libro guía”; luego son mencionados medios electrónicos, como internet, método que supera al uso de la prensa y la TV. Los métodos que involucran conversación y consulta con otro sacerdote o religiosa o con el Consejo Parroquial tienen menciones mucho más bajas. Según datos de una encuesta realizada por la Oficina de Sociología Religiosa del Episcopado (OSORE) en 1980, la forma más frecuente de preparación era la individual, alcanzando un 84%, lo que coincide con los resultados del presente estudio.
En cuanto a la duración de las homilías dominicales, los sacerdotes encuestados indican que tienen una duración promedio de 11,7 minutos, siendo la duración mínima de 5 minutos y la máxima de 30 minutos. Este dato es corroborado por el obtenido en las 19 homilías grabadas en el desarrollo de la investigación, cuya duración promedio fue de 11,6 minutos, con un mínimo de 5 minutos y un máximo de duración de 24 minutos. En comparación con un estudio realizado por CISOC-Bellarmino en 1981, en donde se analizaron 57 homilías de un mismo domingo –la fiesta de la Ascensión del Señor- la duración promedio fue más alta llegando a 17,6 minutos . En términos porcentuales, los sacerdotes informan que sus homilías dominicales ocupan aproximadamente la quinta parte del tiempo de la Misa (20,6% en promedio) lo que indica un cierto equilibrio en la distribución del tiempo. Esta información no tiene un correlato con lo informado por los grupos de entrevistados ya que indican que hay una tendencia a alargar innecesariamente las homilías en base a argumentaciones que reiteran la idea central o que enfatizan su discurso en torno a ejemplos que, en algunas ocasiones, no ayudan a la comprensión de lo central de la homilía.
En cuanto al desarrollo concreto de las homilías, se les consultó a los sacerdotes y también a los laicos, religiosas y diáconos, acerca de los énfasis que se observan en la predicación (Ver Cuadro Nº 2). Las respuestas indican que los énfasis, tanto para quienes predican como para quienes escuchan, se ordenan de la misma forma, poniendo en primer lugar la “explicación de las escrituras”, en segundo lugar “producir cambios personales”, y en tercer lugar “celebrar la vida de la comunidad”. Se debe destacar que los sacerdotes se ven a si mismos algo más “explicando las escrituras”, que lo que los laicos los perciben. Asimismo, los laicos perciben menos el énfasis “producir cambios personales” que lo que perciben los propios sacerdotes. Respecto de “celebrar la vida de la comunidad” hay coincidencia en los énfasis marcados en ambos grupos. Los sacerdotes encuestados que marcaron la opción “otra” mencionan “iluminar las realidades personales y familiares”; “iluminar las realidades comunitarias y sociales“, y en menor medida “enseñar según el modelo de Jesús”, “acercarse a Dios”, “adherir a la Iglesia”, “dar coherencia entre fe y vida”.
Cuadro Nº 2: Cuando se desarrolla la homilía ¿en qué pone más énfasis?:

Énfasis

% Sacerdotes (*)

% Laicos (*)

Explicar las Escrituras

73,0

67,5

Producir cambios personales

64,4

56,1

Celebrar la vida de la comunidad

21,8

21,7

Otra

22,3

12,6



(*) Los porcentajes no suman 100% ya que se podía elegir hasta dos opciones.

En cuanto a los contenidos predominantes en las homilías (Ver Gráfico Nº 1) podemos decir que tanto laicos como sacerdotes señalan que hay mayor importancia de los contenidos catequísticos por sobre lo celebrativo y los contenidos morales. Los sacerdotes se ven dando mayor énfasis a lo catequístico y lo celebrativo que la percepción de los laicos. La mayor diferencia de apreciación se registra en lo relativo al contenido moral, ya que para los laicos este tiene mucha mayor presencia que lo que declaran los sacerdotes, énfasis que también fue reportado por los grupos de laicos entrevistados en donde se señaló que lo moral era el contenido central.

Gráfico 1: Contenidos que predominan en homilías (Primera opción en importancia)

SACERDOTES

Gráfico 01

LAICOS

Gráfico 02

 

 

 


Respecto del tipo de lenguaje usado en las homilías (Ver Gráfico Nº 2), ambos grupos de encuestados señalan que predomina el lenguaje coloquial, luego el metafórico y en último término el conceptual abstracto. Los sacerdotes se califican a si mismos más coloquiales (58,8%) que lo que los perciben los laicos (38,6%). Los laicos ven mayor predomino del uso de lenguaje metafórico y/o imágenes, y el uso de conceptos y abstracciones, cuestión que coincide con lo señalado por los laicos participantes de las entrevistas grupales.
Gráfico 2: Lenguaje que predomina en homilías (Primera opción en importancia)

SACERDOTES

Gráfico 03

LAICOS

Gráfico 04

 


En relación al estilo de lenguaje usado en las homilías (Ver Gráfico Nº 3) se observa mayor disparidad en las opiniones, para los sacerdotes el lenguaje predominante es el inductivo (Parte de experiencias y/o hechos), para los laicos el predominio es deductivo (Parte de principios que luego se aplican a la realidad). En un estudio realizado en 1981 por Cisoc-Bellarmino se destaca que en el 60% de las homilías analizadas había un predominio de un enfoque deductivo que partía desde los principios doctrinales. Esta información es ratificada por lo que señalaron los jóvenes participantes de los grupos de entrevistas quienes señalaron que era habitual que se partiera de abstracciones que no se conectaban fácilmente con la realidad.
Gráfico 3: Estilo de lenguaje usado en las homilías.

SACERDOTES

Gráfico 05

LAICOS

Gráfico 06

 


Se les consultó a los sacerdotes sobre el uso de apoyo escrito para predicar la homilía (Ver Cuado Nº 3). Los resultados indican que lo usual es hacer la homilía sin usar texto ni punteo escrito, así opina el 48,3% de los sacerdotes y el 56,0% de los laicos. Los sacerdotes que usan un texto para predicar la homilía, escrito por él mismo o por otra persona, son un porcentaje menor, que llega sólo al 2,9%. En el caso de la categoría “otra” la respuesta más recurrida fue “uso de texto de apoyo” y “punteo memorizado”.

 

Cuadro Nº 3: Habitualidad de la lectura y uso de punteo

Habitualidad

% Sacerdotes

% Laicos

Leyendo íntegramente un texto escrito por usted

2,4

(*)9,7

Leyendo íntegramente un texto escrito por otra persona

0,5

Usa un punteo escrito con la estructura y orden de temas

35,5

20,5

No usa ni texto ni punteo escrito

48,3

56,0

Otra

11,4

10,2

NR

1,9

3,6

Total

100,0

100,0



(*) En la encuesta a laicos se formuló la alternativa: “Leyendo íntegramente un texto escrito”.

Sacerdotes y laicos encuestados coinciden en que lo más usado como metodología de fomento de la participación en las homilías son las “intervenciones orales de parte de los asistentes a Misa” (Ver Cuadro Nº 4), el 47,9% de los sacerdotes y el 41,0% de los laicos señalan esta alternativa como la más usada. Luego todos mencionan un conjunto de otras metodologías que están por debajo del 15,0%, como uso de testimonios preparados por asistentes a la Misa. Hay un escaso uso de medios audiovisuales y un alto porcentaje de sacerdotes que dicen no usar elementos o metodologías de apoyo (Sacerdotes 37,4% y Laicos 39,8%). Al momento de contestar por “otros” elementos de apoyo, tanto sacerdotes como laicos mencionan el uso de ejemplos, cuentos y anécdotas que relata el sacerdote. Todo esto se corrobora con las observaciones realizadas y las entrevistas a informantes calificados, quienes señalaban que el criterio básico es no complicarse en la preparación y desarrollo de las celebraciones. Para generar mayor protagonismo de la asamblea se requiere no sólo de una metodología adecuada, sino que un trabajo previo con la comunidad que luego se constituye como asamblea celebrante, cuestión difícil de lograr en contextos de poca cultura de participación y corresponsabilidad laical.
Cuadro Nº 4: Habitualidad del uso de diversos elementos en las homilías

Habitualidad

% Sacerdotes (*)

% Laicos (*)

Intervenciones orales de parte de asistentes a Misa

47,9

41,0

Testimonios preparados por asistentes a Misa

12,8

10,2

Recursos audiovisuales

8,0

3,0

Ninguno

37,4

39,8

Otros

23,6

15,0



(*) Los totales no suman 100% ya que se trataba de una pregunta de respuestas múltiples.

Sacerdotes y laicos reconocen que hay una gran presencia de elementos de la situación local, nacional o internacional en los contenidos de la homilía (Ver Grafico Nº4), aunque los sacerdotes se ven a sí mismos mayormente conectados con elementos de la realidad que como son vistos por los laicos. En los grupos de entrevistados se señalaba la alta presencia de contenidos de la realidad nacional, pero se advertía que si bien es un elemento que ayuda a la comprensión, es también algo que debería estar desarrollado de manera coherente con la lectura y no como un argumento que sirva de ejemplo solamente.

Gráfico 4: Incorporación en las homilías de elementos de la realidad local, nacional e internacional

 

SACERDOTES

Gráfico 08

 





d.- Evaluación, dificultades y sugerencias en torno a las homilías
Un primer aspecto de evaluación es cómo les resulta predicar la homilía (Ver Cuadro Nº 5). A los sacerdotes se les formularon una serie de pares de adjetivos antagónicos ante los que debían elegir uno:

Cuadro Nº 5: ¿Cómo le resulta predicar una homilía?

Par 1

%


Par 2

%


Par 3

%


Par 4

%

Fácil

56,9


Motivador

77,3


Entusiasmante

71,1


Tensionante

22,3

Difícil

18,5


Rutinario

2,8


Tedioso

-


Relajado

40,3

NR

24,6


NR

19,9


NR

28,9


NR

37,4

Total

100,0


Total

100,0


Total

100,0


Total

100,0



Se observa un predominio de las sensaciones positivas, destacando los adjetivos “motivador” y “entusiasmante”, cuestión que se corrobora con las entrevistas a informantes calificados que definen ese momento como una “inyección” de ánimo. A pesar de que el adjetivo “fácil” destaca como el tercero más elegido, los sacerdotes entrevistados señalan que implica muchas dificultades por la rigurosidad del uso de las palabras y conceptos involucrados y el dominio de una asamblea que fácilmente se desconcentra. A pesar de esto, el concepto “relajado” se impone a lo “tensionante” en la realización de la homilía como indicando que es un terreno conocido por los sacerdotes. Hay que destacar que ningún sacerdote eligió el adjetivo “tedioso” indicando, quizás, que es un área de motivación, energía y satisfacción dentro del rol que desempeñan.

A pesar de que los sacerdotes eligen algunos conceptos negativos para referirse a su sentir en la prédica de las homilías, ellos tienen un peso porcentual mucho menor que los adjetivos positivos. Por otra parte, conceptos como “tensionante” y “difícil” pueden ser entendidos en el marco normal de las preocupaciones y tensiones propias de quien quiere hacer bien la homilía. Ahora bien, los laicos entrevistados hacen mención reiterada a que en el desempeño de algunos sacerdotes observan un dejo de tensión, que la asocian con las dificultades de mantener la atención de la asamblea y el correcto uso y fluidez del lenguaje en el desarrollo de los argumentos de las homilías.

En otro orden de materias, el método de evaluación de las homilías más usado por los sacerdotes es el comentario verbal (52,0%), las encuestas en cambio son un método muy poco usado (3,6%). Es llamativo que un 35,1% de los sacerdotes encuestados señale que no usa ningún método de evaluación, como si no fuera necesario hacerlo y como un modo de tener un reporte de las áreas en que específicamente es posible mejorar. En las entrevistas con laicos se señaló como necesario tener una evaluación más objetiva de los diversos aspectos que involucra la homilía.

En el ámbito de las dificultades experimentadas en la predicación, la opinión de los sacerdotes encuestados se inclina levemente a señalar que no experimentan dificultades (51,7%); quienes sÍ reconocen dificultades representan 42,2%, señalando que la principal de ellas es desarrollar un argumento coherente y aterrizado en la homilía, luego mencionan la adecuación del lenguaje a la realidad cultural de los asistentes y en tercer lugar mantener la atención permanente de los fieles en el desarrollo de la homilía. Estos problemas también fueron mencionados por los laicos entrevistados, quienes señalan además otros aspectos, tales como exceso de extensión, mal uso de la voz y mala amplificación.

A todos los grupos de encuestados y entrevistados se les consultó sobre algunas imágenes negativas respecto de las homilías, y para ello se les propuso algunas afirmaciones “polémicas” ante las que debían reaccionar. La primera afirmación señalaba: “Muchas veces los sacerdotes hacen la homilía como algo que hay que hacer porque es parte del “guión de la Misa” y no como algo que da sentido a la vida sacerdotal” (Ver Cuadro Nº 6). Los laicos encuestados expresan mayor acuerdo con la afirmación que el manifestado por los sacerdotes (21,8% y 14,2% respectivamente), cuestión que fue reafirmada por los laicos entrevistados, quienes señalan que las evidencias concretas de esto son el desgano que notan en los sacerdotes, lo poco profundo de las reflexiones que acompañan las homilías, y la desconexión entre el argumento desarrollado y las lecturas de ese día.

Cuadro Nº 6: ¿Cuál es su opinión ante la siguiente afirmación? “Muchas veces los sacerdotes hacen la homilía como algo que hay que hacer porque es parte del “guión de la Misa” y no como algo que da sentido a la vida sacerdotal”

Principales respuestas

% Sacerdotes

% Laicos

No es nuestro caso, en desacuerdo

45,3

39,4

Bastante verdadera

14,2

21,8

Pasa a veces

15,3

12,7



 

 

 

 

 

 

Otra afirmación propuesta fue “Los sacerdotes en la homilía tienden a hacer formulaciones que ni ellos mismos creen”. Las respuestas indican que la mayoría de los sacerdotes encuestados (62,1%) no está de acuerdo con la afirmación, quienes sí lo están son un pequeño grupo de sacerdotes (14,2%) que lo atribuye a la dificultad de unir coherencia entre pensamiento y acción. Los laicos entrevistados señalan que se deja ver esta falta de coherencia entre pensamiento y acción en el exceso de moralismo y academicismo en algunos sacerdotes, cuestión que los desconecta de la vida concreta.

III.- CONCLUSIONES Y SUGERENCIAS

Finalmente hemos querido destacar algunas conclusiones y sugerencias que nacen de la información entregada por las encuestas, las entrevistas individuales y grupales, así como también del análisis de las homilías escuchadas.

1.- Hay que destacar positivamente que los resultados muestran una clara disposición y motivación de los sacerdotes para realizar las homilías. Según el reporte de las encuestas predominan sensaciones positivas, donde destacan adjetivos como “motivador” y “entusiasmante”. Los adjetivos que denotan algo negativo en la ejecución de la homilía no llegan al 25% de las preferencias de los sacerdotes, estos conceptos son “tensionante” y “difícil”, que se podrían relacionar con exigencias propias de la preparación de una buena homilía.

2.- Se observa que hay una disminución del promedio de duración de las homilías, teniendo como referencia datos de los años ochenta, lo que es confirmado en las entrevistas y encuestas a sacerdotes. Este es un aspecto importante considerando que la extensión de las homilías ha sido reportada por los grupos de entrevistados como un aspecto negativo que conlleva aburrimiento en las celebraciones producto de un exceso de reiteraciones en el argumento que se quiere desarrollar. En buenas cuentas la medición objetiva indica un descenso en la duración de las homilías que no tiene correlato con la sensación de quines escuchan las homilías. En esto se debiera tender a establecer un tiempo máximo ideal de 10 minutos, como lo señalaron los sacerdotes entrevistados.

3.- Otro aspecto a destacar es que existe una alta disposición a participar de instancias de formación en homilética. La mayor parte de los encuestados privilegian métodos individuales y a la “medida”, tales como cursos vía correo electrónico o talleres acotados a la práctica de la oratoria, el manejo de audiencias, la estructuración de discursos claros, cortos y coherentes, el manejo del espacio y del cuerpo, etc. Esto guarda coherencia con las Conclusiones del Sínodo de Santiago que en el Nº 629 señala “Incentívese una formación adecuada en el uso de los medios de comunicación en los Seminarios y Noviciados, para que los futuros sacerdotes, religiosos(as), consagrados(as) y diáconos refuercen el ejercicio de su ministerio con conocimientos sobre la teoría de las comunicaciones y con técnicas de fonética, expresión oral y síntesis. Para lograrlo se hace prioritario incluir cursos y talleres de comunicación social en sus curriculos de estudios”. Se debe recordar que la orientación que en general ha tenido la enseñanza de la homilética se liga más con la forma en que se realiza la exégesis del texto, descuidando, o dejando en segundo plano las cuestiones relativas a la expresión oral, el orden y claridad de los argumentos, las metodologías de participación, el uso de tecnologías audiovisuales de apoyo etc. A pesar de esto es necesario destacar que en algunos seminarios, según lo reportado por los informantes calificados, se está abordando este déficit de los aspectos formales” con cursos especiales o talleres para ello.

4.- En cuanto a la incorporación de elementos de la realidad en las homilías, la información recogida indicaría que es habitual su incorporación. Este proceso de incorporación de la reflexión de los elementos que son parte de la situación local, nacional e internacional nos indica que se generaliza entre los sacerdotes la idea de responder de manera contextual a las reflexiones que les propone la Palabra. Existe en muchos laicos entrevistados la necesidad de incorporación de estos elementos, esto esencialmente para tener referencias de cómo discernir los signos de los tiempos desde una perspectiva cristiana. Por otra parte, se refieren a la necesidad de actualizar la lectura del Evangelio a través del vínculo con su realidad social.

5.- Llama la atención el escaso uso de textos y guías escritas para dar coherencia al desarrollo de las homilías, esto supone que se confíe en la memoria casi exclusivamente junto con la improvisación. En esto habría también que considerar que la mayor parte de los sacerdotes encuestados dedican entre una hora y tres horas para preparar las homilías, lo que puede ser suficiente como para memorizar algunas ideas centrales que se quieren remarcar en las homilías y por ello no se hace necesario un escrito para guiar el desarrollo de las homilías. Todo lo anterior sin dejar de lado que es posible pensar que la acción del Espíritu al preparar la homilía tiene un gran papel, lo que se relaciona con la importancia que los sacerdotes dan a la oración en la preparación de las homilías.

6.- Los datos y la experiencia indican que no se usa ninguna metodología “científica” para dimensionar los efectos de las homilías. Evaluar a través del comentario verbal no siempre implica un buen método ya que por esa vía es difícil formular críticas directas a los sacerdotes. Esto hace necesario considerar otros métodos de información respecto de la Eucaristía como un todo y el papel de las homilías. Sugerimos por lo tanto desarrollar encuestas para tener una evaluación certera de la opinión de quienes acuden a las celebraciones, esto además da la oportunidad de expresión a quienes habitualmente no se acercan a los párrocos para expresar su opinión.

7.- Se evidencia una falta de búsqueda de apoyo en otras personas para la preparación de las homilías, y se privilegia la reflexión personal. El sacerdote aparece solo en la labor de preparación. La posibilidad de preparación en comunidad (parroquial o de sacerdotes) es muy mínima. Tampoco se consultan los equipos de liturgia que existen en las parroquias. Todo esto podría explicarse debido a la falta de tiempo que los sacerdotes aducen en las entrevistas y en cualquier encuesta que consulte sobre este aspecto. Aún teniendo en claro la dificultad de tiempo es posible que esto sea una actividad planificada e integrada a las labores propias del sacerdote para contribuir, justamente a descongestionar sus responsabilidades.

8.- El énfasis que privilegian los sacerdotes en sus homilías es el de “explicar las escrituras”, esto coincide con que el contenido predominante es el “catequístico”. Existe una marcada tendencia a la función de enseñar a los asistentes a las celebraciones, quedando relegado a un plano secundario lo celebrativo, y “producir cambios personales”. Un exceso de énfasis catequístico podría repercutir en la sensación de lejanía reportada entre los laicos entrevistados que les produce cierto excesivo academicismo en las homilías. En esto es bueno tomar en cuenta que en cuanto al estilo y tipo de lenguaje predominantes, los sacerdotes tienden a verse mayormente coloquiales e inductivos que la opinión que entregan los laicos que remarcan la necesidad de salir del lenguaje academicista y deductivo que parte de principios universales que luego aplican a la realidad, que evita o deja fuera la vivencia de la comunidad, enfatizando lo normativo por sobre la experiencia de vida de las personas.

9.- Finalmente, las mayores dificultades al momento de predicar las homilías serían: desarrollar un argumento coherente y aterrizado sin darse vueltas en torno al tema, adecuar el lenguaje al eventual auditorio y centrar la atención en los fieles. También se menciona ser más breves, evitar distracciones, ser preciso en el mensaje, falta de manejo de público, falta de preparación. En general las dificultades que se expresan no dicen relación con falta de motivación, sino que se enfocan en cuestiones formales y a la falta de tiempo para preparar. Quizás esto sea una pista para poder dar respuestas a estas dificultades y proponer algún tipo de instancia formativa que atienda estos vacíos e inquietudes orientadas a aspectos formales más que de contenidos. Sería provechoso orientar el estudio del tema homilético desde los Seminarios teniendo presente el equilibrio entre enseñar la base bíblica pero dando una importancia equivalente a las cuestiones de forma relativas a la oratoria, orden, brevedad y claridad de las prédicas. Esta instancia necesariamente debe ser práctica para poder orientar con mayor claridad a los futuros sacerdotes.

Presentación
I.- ALGUNOS ELEMENTOS GENERALES QUE DESCRIBEN A LAS HOMILÍAS
a.- Definiciones
b.- Elementos y funciones de las homilías

II.- RESULTADOS
a.- Antecedentes metodológicos
b.- Preparación de los sacerdotes para predicar homilías
c.- Preparación, duración y metodologías para predicar las homilías
d.- Evaluación, dificultades y sugerencias en torno a las homilías

III.- CONCLUSIONES Y SUGERENCIAS

BIBLIOGRAFÍA
Arquidiócesis de Santiago. “Conclusiones del IX Sínodo de Santiago”, segunda edición, enero 1998, 237 Páginas.
Conferencia Episcopal de Chile. “Ideario para la animación bíblica de la pastoral de la Iglesia en Chile”. Documento de Trabajo, Octubre 2005.
Conferencia Episcopal de Chile. “La evangelización en el presente y en el futuro de América Latina. Puebla: Conclusiones de la III Conferencia General del episcopado Latinoamericano”. Santiago, Mayo 1979, 375 páginas.
Departamento de Liturgia del CELAM, editado en Bogotá-Colombia, 1981, 2º edición. En: www.iglesia.cl/portal_recursos/eclesial/biblia/docs/homilia.doc
Oficina de Sociología Religiosa OSORE. "Encuesta predicación". Santiago. 1964.
Padre Alberto Hurtado. “Obras completas”. Tomo I, Dolmen ediciones, 706 Págs. Santiago de Chile, 1994.
Puga, Josefina. "Evangelizar por la Palabra: las prédicas dominicales". CISOC-Bellarmino. Santiago. 1981.
Solano, Jesús. “Textos Eucarísticos Primitivos”, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 1952.
Oficina de Sociología Religiosa (OSORE): "Encuesta predicación". Santiago. 1964.
Puga, Josefina: "Evangelizar por la Palabra: las prédicas dominicales". CISOC-Bellarmino. Santiago. 1981.
Estas dificultades son algunas de las reportadas por los informantes calificados entrevistados en la presente investigación.
Para las definiciones se usó fundamentalmente el texto del Departamento de Liturgia del CELAM, editado en Bogotá-Colombia, 1981, 2º edición.
En: www.iglesia.cl/portal_recursos/eclesial/biblia/docs/homilia.doc
Ídem
Conferencia Episcopal de Chile (CECH): “Ideario para la animación bíblica de la pastoral de la Iglesia en Chile”. Documento de Trabajo, Octubre 2005.
Op. cit. CELAM, 1981. (cf S.C. Nº 52).
Puga, Josefina: “Evangelizar por la palabra. Las prédicas dominicales”, CISOC-Bellarmino, Santiago, 1981, 69 págs. P 1.
Op. cit. CECH 2005. Nº 80 y 81. Ver también Decreto “Christus Dominus” del Vaticano II.
Op. cit. CECH 2005. Nº 83.
Hurtado, Alberto s.j.: “Obras completas”. Tomo I, Dolmen ediciones, 706 pags. Santiago de Chile, 1994. P. 511.
Documento de Puebla, Nº 930.
Para la definición de estos elementos Ver: Puga, Josefina, 1981, Op. cit. Págs. 2 a 5.
Ver Op. cit. CELAM, 1981.
Puga, Josefina, 1981, Op. cit. P 55.
Puga, Josefina, 1981, Op. Cit. P. 63.
Arquidiócesis de Santiago: “Conclusiones del IX Sínodo de Santiago”, segunda edición, enero 1998, 237 págs. P. 183.

Comentarios
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reinaldo  - interesante   |200.120.205.xxx |2008-07-16 23:06:24
interesante
P. René Riquelme Fuentes   |200.83.144.xxx |2008-07-29 12:57:43
Les felicito por su importantísimo estudio, yo estoy haciendo una tesis en
ciencias de la comunicación y les agradecería me pudieran enviar la mayor
información que puedan. Algunos graficos no tienen información.

Muchas
gracias
Reinaldo Tan Becerra, Responsa  - re:   |200.113.116.xxx |2008-07-30 18:59:21
P. René. Gracias por las felicitaciones, en brevedad nos pondremos en contacto
con usted, a través del e-mail, para responder a su consulta.

Gracias.
Que
esté bien
Augusto Calvo  - Inquietudes   |190.71.165.xxx |2009-03-25 10:10:27
Felicitaciones por su escrito.
Soy estudiante del Seminario Biblico de Colombia.
Estamos como grupo de investigacion haciendo nuestra tesis acerca de la
predicacion en la ciudad de Medellin. No saben lo especial que es este estudio
que ustedes citan. Podria ser el unico en su tipo en America Latina.

Es mas, si
tienen informacion de otros les agradeceria me contaran.

Me gustaria estar en
contacto con ustedes y si es posible acceder a mas informacion acerca del
tema.

En Cristo

Augusto Calvo R.
MARIA DEL CARMEN  - aclaratorio   |190.19.120.xxx |2008-09-08 00:38:33
excelente trabajo
Sabiendolos expositores
habría que pensar desde lo
postural hasta lo mediático del sacerdote que penetra con su gente en el mundo
real atravezado por la Palabra
un abrazo
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