| Preparación para el matrimonio: dilema pastoral |
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| Sábado, 01 de Septiembre de 2001 00:00 | |||||||
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Existe una preocupación universal respecto a la familia. No sólo las iglesias sino también las naciones y sus gobiernos, instituciones civiles y aun las empresas, han demostrado su interés en el diagnóstico de la situación actual y el pronóstico del futuro de la familia como institución. Hay acuerdo en que existe una situación de crisis que demanda atención en varias dimensiones. Una de las más obvias es la preparación de la pareja para la vida en común con todos los factores que forman parte de esta relación y la influyen. La familia sigue siendo el núcleo fundamental de la sociedad y, por lo tanto, de cada institución que forma parte de su complejidad. ¿Qué consecuencias podrá tener para nuestra pastoral?
 Como respuesta a las peticiones de muchos sacerdotes, el BoletÃn publicó algunos artÃculos sobre la preparación y la formación de parejas: "Sugerencias para trabajar en pareja", agosto '94; "Nueve preguntas para contestar antes de decir ‘SÃ, quiero’", en agosto '97; y "La entrevista con los novios" en marzo de '99. Estos artÃculos fueron bien recibidos, y aparentemente, utilizados en el trabajo pastoral. Queremos seguir adelante con el tema ofreciendo en este BoletÃn las conclusiones de un estudio cientÃfico sobre los resultados de la preparación matrimonial de 40.000 parejas.  Si algunos de nuestros lectores quieren ofrecer sus experiencias en esta área, ellas serán recibidas con mucho gusto.  En su carta Sobre la Familia escrita en 1981, el Papa Juan Pablo II declaró:  La Iglesia debiera promover mejores y más intensivos programas de preparación para el matrimonio para asà eliminar, en lo posible, las dificultades en que se encuentran tantas parejas y para favorecer el establecimiento y maduración de matrimonios exitosos.  En forma similar, los obispos de Chile han publicado en los últimos años varios documentos sobre este tema. En 1992 la Comisión Doctrinal publicó: Matrimonio, Indisolubilidad, Divorcio: Algunos Estudios. La Conferencia Episcopal preparó los documentos: Iglesia, Matrimonio y Divorcio (1994) y Por el bien del matrimonio y la familia chilena (1997) en los cuales denunciaron los efectos siniestros del divorcio sobre la familia y, por sobre todo, en los niños. La posición oficial de la Iglesia frente al divorcio se basa, en gran parte, en los efectos desastrosos que él causa al núcleo familiar, y por lo tanto, a toda la sociedad.  Entre los temas considerados de más importancia por los participantes del IX SÃnodo de la Arquidiócesis de Santiago (1995-1997) estaban la desintegración y debilitamiento de la familia, la necesidad de mejorar la preparación al matrimonio en las parroquias y el posterior seguimiento de los matrimonios nuevos. Un fruto del SÃnodo fue la creación de la VicarÃa para la Familia . Es precisamente aquÃ, en la dimensión de formación y preparación matrimonial donde queremos ofrecer el aporte que viene de hermanos de otras iglesias locales que sufren de los mismos problemas.  Dado el interés en la preparación matrimonial, serÃa oportuno saber algo sobre el impacto de los programas de formación de parejas. ¿Acaso funcionan? ¿Cuáles son los resultados entre las parejas? Aunque existe una actitud generalmente negativa respecto a estos programas en Chile, no hay datos concretos disponibles, sólo la experiencia de unos cuantos agentes pastorales. La verdad es que hay muy poca investigación cientÃfica sobre la preparación matrimonial, y aun menos sobre su impacto durante los años del matrimonio. Sólo existen evaluaciones de programas locales especÃficos. En 1993, el Centro para el Matrimonio y la Familia de la Universidad de Creighton en Omaha, Estados Unidos, publicó un estudio con una muestra de 40.000 parejas que participaron en un programa de preparación matrimonial, entre los años 1987 y 1993. Después del análisis de los resultados de tres años de investigación, los investigadores pudieron ofrecer algunas conclusiones.  A pesar de las diferencias culturales que pueden existir entre los dos contextos, estimamos que los resultados tienen gran valor para los agentes pastorales chilenos involucrados en la preparación de parejas para el sacramento del matrimonio. Compartimos la misma cultura eclesial con sus problemas universales. Por lo tanto, tomando en cuenta lo que tenemos en común, destacamos las diez principales conclusiones del estudio.   1. En el perÃodo más temprano de sus matrimonios, la gran mayorÃa de las 40.000 parejas evaluó la experiencia de la preparación matrimonial en forma muy positiva. En el primer año de vida matrimonial, el 93.8% la consideró muy valiosa. En el segundo año la evaluación positiva bajó al 78.4%. En general, más de dos tercios del total de las parejas estuvo de acuerdo sobre el valor de esta preparación. La implicación es clara: los programas matrimoniales sirven a las parejas que se están preparando para recibir el sacramento y, por lo tanto, debieran continuar recibiendo el apoyo y los recursos de la Iglesia en sus esfuerzos para mejorar la preparación matrimonial como arma en la defensa de la familia.  2. El valor de la preparación matrimonial percibido por las parejas parece declinar con los años. Después de ocho años de vida matrimonial, sólo 47% opinan que la experiencia de preparación matrimonial fue valiosa. En otras palabras, el valor de la preparación matrimonial no dura por mucho tiempo; en la medida en que pasan los años, se necesita algo más. Las razones precisas de este cambio no son muy claras. ¿Será que la memoria se debilita con el tiempo? ¿Será porque la preparación matrimonial responde a las necesidades que la pareja tendrá en los primeros años de su vida en común, pero que ofrece menos apoyo para las tareas que tienen que enfrentar más tarde? Si este último es el caso, y asà lo creemos por lo menos en parte, se concluye que es conveniente seguir ofreciendo nuevos programas a través de las diferentes etapas del desarrollo en el matrimonio. Es necesario, entonces, reconocer los lÃmites que tiene cualquier preparación matrimonial, y dedicarnos a modificar y crear nuevos programas que responden a las necesidades que emergen posteriormente en la maduración de la vida matrimonial.   3. Ha habido comentarios de parte de muchos crÃticos sobre la eficiencia de la preparación matrimonial y su relación con el hecho de ser o no voluntario. El estudio demostró que el valor percibido por las parejas en programas de preparación matrimonial obligatorios no fue menos que aquel percibido por las parejas en programas voluntarios. O sea, la naturaleza obligatoria de la preparación matrimonial de la Iglesia no parece impedir su valor a los ojos de las parejas.  Concluimos entonces que no parecen existir razones para cambiar los requisitos actuales de la Iglesia respecto a la preparación matrimonial. Al contrario, parecen servir un fin muy útil para la gran mayorÃa de las personas que participan en dicha preparación.   4. El estudio demuestra que se considera la preparación matrimonial más valiosa cuando está administrada por un equipo. Un sacerdote trabajando junto con una pareja - la forma más común- se considera útil pero significativamente menos valioso que el mismo programa en manos del equipo. Recibió la evaluación más alta el equipo amplio, es decir, aquél que incluirÃa una combinación de sacerdotes, algunas parejas y miembros del equipo parroquial. Lo que llama la atención es el papel crÃtico del sacerdote en este equipo. Las parejas en estudio consideraron la ausencia del clero como seriamente perjudicial para el proceso de preparación matrimonial. Sin embargo, es imprescindible incluir a las parejas debido a una queja que se repitió con mucha frecuencia: los sacerdotes no se casan y por lo tanto no pueden entender como es... ¿Qué es lo que esperan del sacerdote, entonces? Los resultados del estudio no ofrecen mucha precisión sobre este punto y sugieren la necesidad de más investigación.  No obstante, estamos hablando precisamente de una preparación matrimonial de parte de la Iglesia -es decir, preparación para recibir un sacramento. En sus programas de preparación matrimonial, la Iglesia es desafiada a superar una mentalidad secular e infundir una enseñanza moral católica bastante diferente de lo que prevalece en la sociedad moderna. La pareja está ya consciente de lo que pasa a su alrededor y, consciente o inconscientemente, busca apoyo para la nueva vida que emprende. El sacramento responde a esta búsqueda y ofrece el apoyo preciso que necesita para vivir su amor en fidelidad. Aquà tenemos el papel del sacerdote que representa esta dimensión y, por lo tanto, tiene un rol de mucha importancia en cualquier programa de preparación.   5. El valor percibido de la preparación matrimonial tiene mucho que ver con la intensidad del programa. Se ven como poco valiosos los programas cortos, de una o dos sesiones. Los respondientes sugirieron, más de una vez, la imposibilidad de realizar mucho en tan pocas sesiones. Sin embargo, los resultados del estudio demuestran que la relación entre la intensidad de la preparación y su valor percibido es más bien curvilÃnea, lo cual significa que un programa con un número muy bajo de sesiones es percibido en forma idéntica que otro de número exagerado, es decir, de menos valor. El número ideal sugerido por las parejas fue de unas ocho a nueve sesiones.   6. Entre los temas de las sesiones del programa considerados por los respondientes como más útiles, encontramos la comunicación, el compromiso, la resolución de conflictos, los niños y, finalmente, la Iglesia (los valores y la práctica sacramental). Un tema que fue estimado como poco útil fue la carrera y especialmente el caso de la carrera mutua en la pareja. Concluimos que es urgente que la Iglesia enfoque sus esfuerzos en los primeros cinco temas, sobre todo en la comunicación, el compromiso y la resolución de conflictos, destrezas tan necesarias en la temprana etapa de desarrollo del matrimonio.   7. Los resultados del estudio demuestran que hay una correlación positiva entre el valor percibido de la preparación matrimonial y la formación religiosa formal recibida al nivel secundario o como adulto. Es decir, la tendencia a dar gran valor a la preparación matrimonial es más fuerte y más probable entre las parejas con formación religiosa recibida durante sus años de educación secundaria pero, por sobre todo, como adultos. La formación religiosa recibida en la escuela básica se mostró como la preparación menos efectiva para el matrimonio.  Aunque no sea una revelación inesperada, se nos sugiere algo importante. Si la Iglesia quiere mejorar la calidad de su preparación matrimonial, la calidad de los matrimonios cristianos y de las familias, tiene que asegurar que los programas de preparación matrimonial no sean aislados de los demás programas de educación religiosa. Debieran existir fuertes lazos entre la preparación matrimonial y cualquier programa de educación religiosa que exista en la parroquia. La Iglesia debiera encontrar modos de involucrar a sus miembros no sólo en la preparación matrimonial previa al casamiento, sino aun antes, cuando surgen asuntos que tienen que ver con las relaciones interpersonales. Es posible mirar la preparación matrimonial como un proceso de largo plazo que incluye el diseño de programas para toda la juventud de una parroquia; programas que enseñan las destrezas necesarias para la comunicación y las habilidades que ayudan a manejar situaciones de conflicto. La existencia de programas educativos de este tipo serÃa sumamente valiosa como una preparación matrimonial de largo plazo.   8. Las actitudes frente a la preparación matrimonial fueron claramente afectadas por la presencia o ausencia entre las parejas de un sentido de pertenencia a la Iglesia y de una participación en sus actividades. Aquellos que tenÃan un sentido más fuerte de pertenencia y/o eran más activos en la Iglesia, encontraron más valor en la preparación matrimonial que recibieron. Simultáneamente, estos mismos fueron quienes hicieron el comentario de que habÃan experimentado una baja tanto en el sentido de pertenencia como en el nivel de práctica religiosa durante los primeros ocho años de vida matrimonial.  Hay algo muy importante aquÃ. Una vez más se destaca el hecho de que la preparación matrimonial no puede ser aislada como un momento único e irrepetible. Al contrario, existe la necesidad de una pre-evangelización que cree tanto un sentido de pertenencia como un alto nivel de práctica en la Iglesia. Al mismo tiempo, es urgente elaborar una evangelización postmatrimonial que mantenga los resultados de la preparación inicial y que siga desarrollándola de acuerdo con las necesidades de cada etapa de la vida matrimonial.   9. Los esposos que pertenecen a diferentes Iglesias o tradiciones (matrimonios mixtos) ofrecen otro tipo de desafÃo a la pastoral de la Iglesia católica. En el estudio citado, el 39% de las parejas responde a esta realidad y los resultados demuestran que son precisamente ellos los que están en más peligro de distanciarse de la Iglesia y de la práctica religiosa. Ellos se aproximan a la preparación matrimonial con niveles bajos de pertenencia y práctica, junto con bajas expectativas frente al mismo programa. Sin embargo, terminan el programa con un cambio positivo en su actitud frente a la Iglesia y la práctica religiosa, lo que sugiere que esta preparación les sirvió. Sin embargo, con el tiempo, vuelven al distanciamiento anterior, y en forma aun más acentuada.  El desafÃo es claro. Aquellos responsables de los programas de preparación matrimonial necesitan entender mejor las necesidades particulares de las parejas mixtas, para poder responder en forma adecuada a problemas que son más complicados que los comunes. Se necesitan programas de preparación matrimonial diseñados especialmente para ellos; programas que harán de la fe religiosa y la práctica un factor fuerte y estabilizador a través de toda la vida matrimonial.  Aunque no se puedan comparar con datos puntuales existentes aquà en Chile, porque no los hay, uno de cada dos católicos que se casan en los EE.UU. lo hace con un cristiano de otra denominación. Tan importante se considera el problema en este paÃs, que en 1996 el Centro para Matrimonio y la Familia empezó un estudio nacional y ecuménico para recolectar datos y diseñar modelos pilotos de programas de preparación matrimonial adaptados a las necesidades de estas parejas.   10. El estudio demostró una vez más un hecho curioso. Uno de los mejores pronósticos del valor que los individuos atribuirán a cualquier programa está en sus expectativas previas a él. Los resultados del estudio bajo consideración demuestran que no es diferente en el caso de la preparación para el matrimonio. Las personas que llegaron al programa con altas expectativas ganaron mucho más que aquellos que venÃan con bajas expectativas. Además la experiencia del programa de preparación matrimonial siempre superó las expectativas de las parejas, tanto las altas como las bajas.  La conclusión es obvia: las personas a cargo de estos programas tienen que hacer todo lo posible por subir las expectativas de las parejas. Ellos debieran tener altas expectativas respecto a cada detalle de la preparación y saber comunicarlas a las parejas que participan en sus programas. Mientras más alto el valor esperado, más alta será la percepción del valor ganado.  Para la gran mayorÃa de los respondientes del estudio, la preparación matrimonial fue un proceso valioso. Los desafÃos que presentamos aquà no se refieren a la necesidad de cambiar los programas por alguna sospecha de falta de valor. Al contrario, queremos aumentar el valor de algo ya considerado valioso. Sabemos de los recursos y de las energÃas dedicadas a la preparación matrimonial. El desafÃo está en el mejor uso de estos recursos, de manera que respondan a las necesidades puntuales de las parejas.  Al mismo tiempo, queremos destacar la necesidad de considerar la posibilidad de diseñar programas que respondan a las etapas de desarrollo dentro del matrimonio. Aquà en Chile existen pocos datos empÃricos sobre este tema. SerÃa enormemente significativo poder contar con la ayuda de profesionales que pudieran señalarnos el mejor camino que se puede seguir en nuestro deseo de mejorar nuestra pastoral matrimonial.    Los datos sobre el estudio de parejas vienen del artÃculo Â
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