| El matrimonio y las relaciones interpersonales: Reflexiones sociológicas y pastorales |
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| Lunes, 01 de Octubre de 2001 00:00 | |||||||
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Siguiendo con nuestra contribución a la preparación pre-matrimonial, queremos presentar su dimensión sociológica. Estamos conscientes de que una de las áreas de la labor pastoral que parece tener más necesidad de reflexión es la preparación de parejas para el sacramento del matrimonio. En el siguiente artículo, el autor, sociólogo, ofrece algunas luces respecto al tipo de formación necesario para las parejas de hoy.
Creemos que algunas sugerencias que ofrece el autor pueden ser llevadas a la práctica por la pastoral familiar parroquial. Como siempre, les recordamos que las opiniones y sugerencias que Uds. nos quieran hacer llegar serán muy bienvenidas. ÍNDICE
Durante mis últimos cinco años como profesor universitario he dado un curso muy inusual para un ambiente académico secular: "La ética del matrimonio". Al iniciar la planificación del curso, me encontré con muy poco material apropiado para mis alumnos. Ellos, por su lado, se habían expresado como poco atraídos por la filosofía o la teología moral las que, en su opinión, parecían haber perdido contacto con la realidad contemporánea. Llegué a la conclusión de que cualquier curso o seminario debiera reflejar las necesidades de nuestros tiempos y decidí situar el mío dentro de la red de las relaciones interpersonales.
Hoy experimentamos la vida familiar precisamente como una red de relaciones interpersonales y cada vez menos como institución. Este hecho constituye un cambio drástico. En el pasado, la familia era una entidad legal con derechos y obligaciones morales; el lazo moral entre los miembros de la familia era muy fuerte y, aun, absoluto. Hoy, al contrario, la vida familiar es personal e individualista. Podemos ilustrar este cambio con algunos datos sociológicos. En un estudio nacional del año 1989 en los EE.UU., se ofreció a los encuestados dos posibles definiciones de familia. El 74% eligió "una relación basada en el amor y el cuidado mutuo", mientras sólo el 22% prefirió "una relación basada en la sangre y/o el matrimonio".
Se nota el contraste también en un cambio en el uso de los términos: se habla ahora de tener una relación más que de tener polola o novia. La costumbre general de hablar de las relaciones interpersonales es muy reciente. Existe una tendencia hoy a ver la vida como una sucesión de relaciones con los padres, los pares, los amigos y, más tarde, la pareja. En este caso, la relación es un proceso emocional que busca su propia realización, un vínculo social iniciado por el propio bien y que perdura mientras ambos miembros de la pareja se sientan satisfechos. Una relación puede llegar, aunque no necesariamente, al matrimonio. Por otro lado, un matrimonio que no es a la vez una relación de amor, tiende a ser visto como vacío e inaceptable. Datos actuales sobre la separación y la nulidad en Chile comprueban la existencia de estos síntomas. Mientras la familia como institución necesitaba una ética de derechos y obligaciones, la familia como un proceso de relaciones interpersonales requiere, en cambio, una ética diferente. Hoy, la pregunta moral apremiante respecto a la familia es: ¿cómo mejorar las relaciones en el hogar?
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El contenido de mi curso no difiere mucho del programa de los Encuentros Matrimoniales desarrollados durante la década de los '60 en España por P. Calvo. Los Encuentros Matrimoniales llegaron a los EE.UU. en 1967 a través del Movimiento Familiar Cristiano. Aunque el número de parejas que asisten a los encuentros ha declinado dramáticamente --desde 105.000 en 1975 a 15.000 en 1992-- el interés en cursos y seminarios ha aumentado enormemente. Se estima que en la actualidad 4.5 millones de parejas visitan 50.000 terapeutas familiares anualmente; casi cuatro veces el número que buscó ayuda en 1980.
La gente ha llegado a entender que las relaciones interpersonales y el matrimonio requieren trabajo duro, y está dispuesta a pagar caro por conferencias, seminarios, cursos, etc. Más sorprendente aun, está dispuesta a dar su tiempo para ayudar a los demás con problemas semejantes. Hay una enorme reserva de buena voluntad accesible aquí. Por la misma razón de que los Encuentros Matrimoniales fueron llamados retiros, muchas conferencias y seminarios también se llaman retiros, porque algún ejercicio espiritual está incluido en el proceso (por ej. escribir una carta pidiendo perdón). Una planificación en forma regular de este tipo de retiros en las parroquias tendría mucho potencial.
Cualquier curso o seminario sobre relaciones interpersonales (incluyendo el matrimonio), debiera ser un proceso que involucre tanto a la persona como a los compañeros del curso y al profesor o instructor. El contenido de mi curso incluye ejercicios diversos, como por ejemplo, el uso de un diario personal, una entrevista con otra pareja y el compartir las experiencias personales dentro del seminario o curso.
Normalmente, el primer tema de un Encuentro Matrimonial es el encuentro con uno mismo en diálogo con su pareja. La profundidad del autoconocimiento alcanzado en un fin de semana es forzosamente limitada porque no se puede tomar en cuenta gran parte del condicionamiento social personal. En mi curso, invito a mis estudiantes a trazar sus raíces emocionales en un mapa familiar que incluye tres generaciones. Se construye a través de un proceso que consiste en ubicar a todos los parientes posibles de tres generaciones. Luego, se trata de identificar las pautas emocionales básicas que caracterizaron esta historia familiar.
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La experiencia demuestra que algunas de nuestras emociones básicas, especialmente las negativas (miedo, ira, desconfianza, culpa, posesividad, rencor, etc.) son transmitidas, a veces sin mucha modificación, de una generación a otra, a través de la influencia de personas claves, los modelos de vida. Es probable que una persona, inconsciente de estas pautas familiares, las repita en sus propias relaciones. A menos que ambos miembros de la pareja se hagan conscientes de estas profundas pautas emocionales, terminarán discutiendo sin fin sobre asuntos triviales. En mi curso, después de escribir un ensayo corto sobre sus propias raíces emocionales, los alumnos se juntan para compartir y discutirlas en grupos de tres o cuatro.
******************************** La experiencia demuestra que especialmente las emociones negativas (miedo, ira, desconfianza, culpa, etc.) son transmitidas, a veces sin cambio, de una generación a otra. ******************************
Es posible que se pueda tomar el mejoramiento de la comunicación como una mera exquisitez de la vida civilizada, igual que manejar la gramática correcta o desplegar buenos modales en la mesa. Pero es mucho más que esto, porque abre la puerta al conocimiento de nosotros mismos y de los demás. Un inicio simple de este mejoramiento sería revisar nuestra propia respuesta automática a los dardos que hemos experimentado de parte de otros: el sarcasmo, el bochorno, el regaño, juicios temerarios, quejas, insinuaciones, gritos, silencios, interrupciones, amenazas implícitas o explícitas y ataques personales de todo tipo. Ser capaz de no responder a algunos de estos detonantes requiere más que autocontrol; a veces demanda comprensión de lo que realmente causa o lo que está detrás de su respuesta automática. Aquí no hay alternativas; la incapacidad de neutralizar un ataque lleva al contraataque, a las contraacusaciones y, finalmente, a la escalada del conflicto.
Además de aprender cómo no permitir que el otro nos haga sentir avergonzados, enojados o culpables, es también importante aprender a expresar las quejas de manera inofensiva y no acusatoria. El aprender a expresar sentimientos negativos sin "dejarse gatillar", requiere de muchos ensayos y, con frecuencia, varios años de práctica. Tenemos que aprender a responder a las quejas escuchando y haciendo preguntas, para poder asegurar la clarificación y la información, en vez de acudir al contraataque. En suma, la buena comunicación nos lleva a la validación mutua, es decir, a ver el valor de la queja o la solicitud del otro. La buena comunicación fomenta el respeto, el aprecio, el entendimiento y la autoestima.
Sólo a través de la buena comunicación podemos acercarnos a las fuentes del conflicto matrimonial, que están normalmente sepultadas en las experiencias de la niñez. Es asombroso ver cuántas personas tienen recuerdos dolorosos de la niñez, que les han dejado marcas para toda la vida. En el nivel inconsciente, el matrimonio puede ser, muchas veces, un esfuerzo por resolver las heridas y el daño del pasado pero, a menudo, estas son exacerbadas por la tendencia a buscar una pareja con las mismas características de los padres. Sin embargo, a través de la intimidad personal, la sanación mutua puede convertirse en una posibilidad real, y el matrimonio, en un área de maduración personal. Los recuerdos dolorosos también pueden ser sanados a través del perdón y de la aceptación de uno mismo.
Es difícil, a cualquier edad, escribir un ensayo que se inicie con la frase Mi madre fue alcohólica... Sin embargo, debido a que a veces preferimos lamer nuestras heridas en vez de dejarlas sanar, es aun más difícil escribir una carta de perdón a aquellos que nos han dañado profundamente. La sanación requiere soltar las heridas. La carta de perdón normalmente tiene tres pasos: 1) escribir la carta expresando perdón; 2) la recepción de una respuesta de la persona perdonada; y 3) un reconocimiento agradecido del perdón.
Una experiencia como esta, como el perdón sacramental, puede tener gran significado espiritual. Para ayudar a las personas a superar los recuerdos dolorosos, hay afortunadamente muchos ejercicios accesibles en textos y videos para grupos e individuos.
******************************** El matrimonio entendido como "educación permanente" nos enseña a buscar la ayuda de los demás. ********************************
Si se busca la intimidad en una relación, entonces el compromiso a la intimidad es lo que caracteriza el matrimonio.
Hacia el final del curso pido que los alumnos escriban su acuerdo matrimonial. Demasiadas veces un matrimonio civil o religioso es un compromiso en blanco: Si quiero... Todos los aspectos de la vida matrimonial debieran ser conversados y acordados, sobre todo los temas difíciles, como las pautas emocionales familiares, recuerdos dolorosos, expectativas de los roles del hombre y la mujer, creencias y prácticas religiosas, planes para la carrera, planes familiares, amigos, mañas, problemas de comunicación, finanzas, salud personal y la posibilidad del fracaso en el matrimonio. Estos acuerdos representan el consenso alcanzado en un momento dado. Por supuesto, los asuntos pueden ser renegociados. Incluso, es deseable conversar de nuevo sobre el acuerdo en ocasiones específicas, como aniversarios, para volver a encender el compromiso mutuo.
La Iglesia Católica ha sido pionera en el fomento de estándares altos en la preparación matrimonial, a través de sus políticas nacionales y diocesanas. Sin embargo, los hechos nos llevan a concluir que unas seis sesiones en un año o unos dos fines de semana de formación, constituyen, en el mejor de los casos, sólo una mínima preparación para la vida matrimonial. Hoy las parroquias ofrecen educación adulta de todo tipo; cada parroquia auspicia programas de educación religiosa. Dado el porcentaje de rupturas, aun entre católicos, tendría mucho sentido que las parroquias auspicien, en forma regular o al menos frecuente, seminarios sobre el matrimonio y las relaciones interpersonales.
Los programas de educación religiosa funcionan mejor donde hay estructuras y requerimientos claramente definidos, un director con experiencia de trabajo y una buena formación profesional, voluntarios con entrenamiento local y/o diocesano y, finalmente, suficiente apoyo financiero. ¿Qué pasaría si una estructura similar existiera para programas de enriquecimiento matrimonial? La educación continua es más fácil de promover que la educación primaria, porque no hay necesidad de un staff permanente de profesores u horarios de clases. El programa podría ofrecer un conferencista semanal o mensualmente y la asistencia variaría de acuerdo con las necesidades e intereses de los miembros de la parroquia. Un formato de seminario podría, incluso, utilizar ejercicios y reuniones de trabajo en vez de conferencias.
Y ¿cuál sería el contenido del seminario? Tal vez en uno de los talleres fuera posible tratar los problemas que los participantes trajeran. Luego existen los tópicos estándares que son del interés de todos y que incluimos a continuación.
1. Comunicación sin caer en ofensas
De igual manera que los actores ensayan una escena difícil, podemos intentar una discusión hasta lograr comunicar claramente, pero sin llegar a la ofensa. Es posible actuar diferentes papeles en una discusión entre esposos, entre los padres y sus niños, entre el párroco y un agente pastoral, entre los miembros de un comité respecto a asuntos controvertidos, etc. Los participantes podrían escribir sus argumentos, analizarlos y luego modificarlos.
2. Explorando nuevas dimensiones de la intimidad
Muchos matrimonios fracasan debido al estancamiento y la falta de vitalidad. Muy a menudo la infidelidad es sólo una consecuencia de esta situación. Una relación se revitaliza cuando se exploran nuevas dimensiones de la intimidad. La unión intelectual surge de la exploración de nuevos temas, mientras la cercanía profesional crece cuando los esposos se interesan mutuamente en sus trabajos. La intimidad emocional crece cuando los esposos, con ayuda profesional, aprenden a expresar sus sentimientos reprimidos. La unión religiosa madura cuando los esposos (o los padres e hijos) pueden intercambiar sus experiencias religiosas. El enriquecimiento cultural se desarrolla cuando la pareja va más allá de su ambiente familiar. Un seminario parroquial sería un lugar ideal donde las parejas pudieran intercambiar sus descubrimientos y aprender de los demás.
3. Fortaleciendo el compromiso
El compromiso es crucial para la estabilidad marital. Se lo puede definir como el adherirse tenazmente al matrimonio o, en el caso de tener dificultades, la búsqueda de la ayuda necesaria. En casos de violencia marital, abuso o deterioro, el hecho de adherirse tenazmente al matrimonio podría solamente prolongar la crisis, mientras la búsqueda de ayuda podría llevar a la pareja a soluciones provisorias o también permanentes. El matrimonio entendido como educación permanente nos enseña a buscar la ayuda de los demás. La convicción de la necesidad de buscar ayuda puede ser reforzada por los seminarios matrimoniales, lecturas, discusiones y talleres. Un compromiso iluminado de esta manera asegurará que los problemas sean tratados en forma más transparente, conversados, cuestionados y, finalmente, llevados al Señor en la oración.
4. Mejorando todas nuestras relaciones
Somos, a la vez, hijos, hijas, hermanos o hermanas, padres de familia y esposos. Felizmente, se ha probado que cuando la relación primaria mejora, el bienestar se ve reflejado en todas las demás relaciones. El esfuerzo de hacer una distinción entre las relaciones matrimoniales y las que no lo son, es cada vez más cuestionable. Es necesario mejorar todas nuestras relaciones interpersonales: con nuestros padres, los hijos, la pareja, los amigos y, por último, con Dios.
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