| Santuarios, su acción pastoral en el mundo moderno |
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| Viernes, 01 de Noviembre de 2002 00:00 | ||||||||||||||||||||||||||
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El presente artículo es una síntesis de algunos resultados relevantes de investigaciones realizadas en 8 santuarios de diferentes diócesis de Chile. Se trata de entregar una visión panorámica de algunos datos de importancia que pueden ser de utilidad para dar comienzo a una reflexión acerca de los santuarios y su acción pastoral en el mundo de hoy.
Santuarios, mundo moderno y sentido de lo religioso Análisis de casos. Resultados generales Distribución por sexo de los peregrinos Distribución por edad de los peregrinos Procedencia de los peregrinos Cantidad de años que asisten al santuario Motivos para asistir a los santuarios Frecuencia de asistencia a los santuarios Asistencia solos o acompañados Opinión sobre la atención que reciben en el santuario Lo que más les gusta del santuario Participación en actividades de Iglesia Perfil del peregrino Conclusiones y sugerencias
I.- SANTUARIOS, MUNDO MODERNO Y SENTIDO DE LO RELIGIOSO El despliegue (o repliegue) de la modernidad y sus promesas para la vida humana se expresa en grandes cambios en la esfera de lo cultural y la mentalidad de una época marcada por una nueva concepción del mundo, este cambio de mentalidad originará una particular forma de situarse frente a las cosas: como un sujeto cognoscente y transformador de su espacio por su propia capacidad y autonomía. El concepto modernidad alude a grandes cambios que se operan en la base de la racionalidad de la sociedad y de las personas, estos cambios afectan a todos los campos de la vida humana, dentro de estos ámbitos uno de los que se ve mayormente afectado es el religioso, tanto en su constitución como en la forma en que es concebido. El creciente grado de autonomía del sujeto y la secularización de la sociedad, hacen que el ser humano se defina básicamente por la capacidad de raciocinio que lo habilita para comprender, dominar y cambiar el mundo. Se produce un desplazamiento progresivo de la religión fuera de la esfera pública confinándola a la esfera privada, haciendo irreconciliable lo político-civil y el mundo de lo religioso. Se privatiza la fe, como efecto del creciente desarrollo del individualismo, lo que unido a la autonomía del sujeto deja abierta la posibilidad a reinterpretar el sentido de lo religioso en nuestras vidas. “La modernización y las mutaciones que genera no necesariamente amenazan a la religión, incluso ella se revitaliza.” En la modernidad secularizada encontramos que el contexto de libertad exagera la capacidad de elección, esto junto con el agotamiento del poder de lo religioso (léase de la institución eclesial, fundamentalmente la Iglesia católica) abren la posibilidad a que “…la población pueda escoger entre varios tipos de religión, o abraza absolutos e ídolos secularizados…”. En nuestro continente y en nuestro país, estos procesos modernizadores y secularizadores no se expresan ni desarrollan de igual forma que lo acaecido en otras latitudes como por ejemplo en los países centrales de Europa, esto ha sido un ámbito de reflexión y discusión aún abierto. La modernidad latinoamericana, tiene fecha “oficial” de inicio a principios del siglo XIX con los procesos independentistas, este proceso no se desarrolla como un “transplante cultural”, sino que más bien como una fuerte mezcla de culturas, en donde dentro de las influencias más fuertes, y como una más, aparecen las ideas matrices de la Ilustración, que al pasar desde Europa a tierras americanas deben enfrentar y readecuarse a un polo cultural indo-ibérico bastante resistente. En todo este proceso de instalación de la modernidad persiste una búsqueda de sentido en lo religioso, a nivel personal se persigue resignificar lo cotidiano y lo “natural” de la vida. Esta búsqueda es llevada a cabo en espacios en donde lo religioso da posibilidad de hacer una interpretación personal de lo que es la existencia humana. En los Santuarios esta situación se da a diario, en ellos si bien la presencia institucionalizada de la Iglesia se da con fuerza y notoriedad, surgen en paralelo búsquedas en donde la acción religiosa institucionalizada de las Iglesias tradicionales pierde fuerza ante el desarrollo de nuevos sentidos que son producidos por los individuos (peregrinos). Hay una importancia mayor de la subjetividad marcada por uno de los rasgos típicos de lo que porta una porción del espíritu de la transición entre lo moderno y lo postmoderno. Esto es la posibilidad de que los sujetos “sientan” lo que creen, y este sentir se arraiga en la experiencia personal que pasa por lo afectivo y lo racional a la vez ya que en su contacto primario “siente” la cercanía con lo sagrado y paralelamente elabora una categoría de explicación y comprensión que lo liga a esta experiencia y contacto con lo religioso. El espacio de lo sagrado que se impone en los santuarios es visto como un sitio de culto que representa “... un orden o nivel ontológico especial, algo así como un ámbito nuevo de la realidad...”, en este espacio lo religioso vendría a representar una actitud o conducta específica del ser humano determinada precisamente por lo sagrado. Lo esencial para calificar de sagrado este espacio es que en él se incorpore algo distinto de sí mismo, algo que haga sentir a las personas que están compartiendo un espacio y un tiempo que no es el mismo que el cotidiano, estar en una esfera distinta a lo que usualmente ocurre en sus vidas. Los santuarios serán lugares sagrados si ellos ayudan a “...situarse en la proximidad de los dioses o asentarse en la realidad objetiva o en un mundo real y eficiente, no puramente ilusorio. Esta es la razón por la que el espacio sagrado representa... el desvelamiento de lo real y la venida del mundo a la existencia. En esta clase de lugar el hombre se encuentra a salvo de cualquier eventualidad porque asegura la comunicación con los dioses que tienen a bien conferirle esa solidez real que necesita....”. Esta puerta de entrada a la experiencia religiosa es lo que produce un espacio distinto, dentro del marco del despliegue de lo moderno, en tanto se erigen estos espacios como reductos especializados y privilegiados de la búsqueda personal de contacto con lo divino, lo sagrado, y en definitiva, en la búsqueda de sentidos en el marco de una sociedad moderna y secularizada. Esta cercanía a lo sagrado es el acceso a una dimensión en la cual la subjetividad cobra una capital importancia, la búsqueda de lo sagrado es personal, en el contexto de la pérdida de la autoridad de la religiosidad institucionalizada. La divinidad de Dios es ahora un acceso al cual de manera individual me allego y donde busco un contacto personal e íntimo. El encuentro con la divinidad que posibilitan los santuarios desarrolla un acto religioso de “ Carácter dinámico: La actitud religiosa comporta una tarea que compromete a la persona entera con vista a su desarrollo integral. Radica aquí su función salvífica....de Carácter emocional: ... Implica un compromiso en la esfera de la afectividad....de Carácter místico: Concierne al hombre en la dimensión más profunda de su ser en cuanto que se experimenta a sí mismo como siendo en otro, perteneciendo a otro y viviendo en función de otro... de Carácter doctrinal: El hecho religioso no queda reducido al mero impulso sentimental... Es un acto lúcido que tiene su base en la inteligencia y se presenta como resultado de una iluminación... de Carácter colectivo-eclesial: ... porque el hombre es un ser social por naturaleza, es por lo que su religiosidad se inscribe en un marco colectivo....” y de Carácter inmanente y trascendente: ...el acto religioso siempre apunta aun más allá, a otro por encima de lo terreno y de lo humano” La noción del espacio de lo sagrado implica que al interior de estos lugares queda trascendido el mundo profano, se hace posible la comunicación con los dioses posibilitando una irrupción de lo sagrado que tiene por efecto destacar un territorio del medio cósmico circundante y el de hacerlo cualitativamente diferente. “Paul Ricoeur ha dicho que toda cultura tiene un núcleo ético-mítico… Es decir, hay un valor que por un hecho histórico-mítico (mítico no hay que entenderlo opuesto a histórico) por un acontecer en lo ético es una norma puesta en movimiento por él mismo. Ha sucedido algo, hay un acontecer que simboliza este pueblo y, ahí, está el origen de toda las tradiciones de los santuarios. Pues bien, a través del santuario, se está como en la fuente donde mana lo mítico, donde fluye un acontecimiento que tiene significado para el pueblo que le permite articular su conciencia, no por lo individual, sino por lo social. El mito hace pueblo”. En suma, el santuario es un lugar de encuentro de personas de distintas situaciones y procedencias, donde la multitud se reúne para compartir los mismos sentimientos religiosos y celebrar la fe. El santuario no sólo es lugar de culto, sino centro cultural que refleja la forma de existir y de relacionarse con Dios y con los hombres; refleja la concepción del cosmos y de la naturaleza, el arte, el lenguaje y los símbolos que son más expresivos para un determinado pueblo o grupo de peregrinos. Este espacio de acogida se abre a las devociones populares. El santuario se inserta en la sociedad moderna con una “oferta” que tiene además la particularidad que atrae “…con predilección… a quienes no encuentran otra forma de inserción eclesial, a los participantes ocasionales. Los santuarios son los brazos misericordiosos de la Iglesia madre, que se extiende para acoger a pecadores, marginados, analfabetos, inconstantes, enfermos, recargados de trabajo, desarraigados y oscilantes. En el santuario cobra una especial relevancia el desarrollo de la dimensión kerigmática del anuncio del Mensaje cristiano, la proclamación de la Palabra y su enseñanza, aparece con claridad la acción misionera que implica ir más allá de las fronteras y de categorías fijas y tradicionales de la Iglesia, el santuario si bien es una “institución” muy antigua renueva hoy su importancia a la luz de su ubicación estratégica dentro del contexto moderno para desde ahí llegar a quienes se encuentran en las márgenes, los límites y fronteras de la iglesia. El santuario se alza como un lugar desde donde nace una invitación y para ello ofrece su espacio como una puerta siempre abierta a quienes desean explicitar la fe de diversas formas y contenidos, todos son bienvenidos.
II.- ANÁLISIS DE CASOS. RESULTADOS GENERALES Ahora bien, una vez que ya hemos expuesto algunos rasgos esenciales del contexto y de los alcances teóricos y prácticos que tiene la comprensión de los santuarios en este escenario, queremos presentar, de manera sintética, los resultados de una investigación realizada por CISOC-Bellarmino a petición de la Comisión Nacional de Pastoral de Multitudes, Santuarios y Religiosidad Popular. Dicha investigación complementa los resultados obtenidos en un estudio anterior acerca de los santuarios urbanos en la Arquidiócesis de Santiago. La presente síntesis incluye ambos esfuerzos, por un lado cinco santuarios de la Arquidiócesis de Santiago: - Maipú. En la comuna de Maipú - Lourdes. En la comuna de Quinta Normal - Padre Hurtado. En la comuna de Estación Central - San Judas Tadeo. En la comuna de Santiago - Santo Domingo. En la comuna de Santiago Y también se incluyen los de: - Candelaria. En la comuna de Copiapó, Tercera Región. Diócesis de Copiapó - Andacollo. En la comuna de Andacollo, Cuarta Región. Arquidiócesis de La Serena - Yumbel. En la comuna de Yumbel, Octava Región. Arquidiócesis de Concepción En total se aplicaron 10.379 encuestas, las que sirven de base para presentar la siguiente síntesis. a.- Distribución por sexo de los peregrinos Considerando el total de encuestados hay una clara tendencia que indica que la mayor parte de los peregrinos son mujeres (62,7%). Los hombres representan el 36,8% de los encuestados.
b.- Distribución por edad de los peregrinos La mayoría de los peregrinos son personas adultas, entre 35 y 65 años, con un promedio de 42,3 años. Existen algunas diferencias de promedios entre los santuarios, las que se expresan en el siguiente cuadro: Cuadro N°1: Promedios de edad de los peregrinos
Tal como se puede observar, los santuarios ubicados en el centro de Santiago se caracterizan por atraer a personas de edad mayor que los demás santuarios. Esto se asocia fácilmente al hecho de que los santuarios de centro urbano concitan la presencia de muchas personas económicamente activas que acuden a rezar haciendo un "alto" en sus trabajos; mientras que en los demás santuarios es relativamente más importante la presencia de peregrinos que acuden con sus familias.
c.- Procedencia de los peregrinos La mayoría de las personas que acuden a los santuarios provienen de la propia región donde éste está emplazado. Esta afirmación es especialmente cierta en los casos de santuarios urbanos, pero no lo es tanto en los santuarios que tienen raigambre nacional, como son los casos de Yumbel (45,0% si sumamos “Regiones vecinas y “Otras regiones”) y Andacollo (38,0% si sumamos “Regiones vecinas y “Otras regiones”), ya que en ambos santuarios se observa una proporción más alta de peregrinos que provienen de lugares distantes.
d.- Cantidad de años que asisten al santuario En general se observan dos tipos mayoritarios de peregrinos: los "muy antiguos" y los "recientes". En Candelaria, Yumbel y Santo Domingo, predominan los peregrinos más antiguos, mientras que San Judas Tadeo y Padre Hurtado concitan una mayor parte de fieles de menor edad. Desde el punto de vista pastoral es interesante observar que los santuarios -especialmente los santuarios urbanos- están atrayendo alguna proporción de jóvenes que van en busca de espacios de silencio, tranquilidad y de oración, aun sin tener una rigurosa observancia religiosa ni adhesión explícita a la Iglesia.
e.- Motivos para asistir a los santuarios La mayor parte de los peregrinos acude a los santuarios a orar. Hay que destacar sin embargo, la proporción de personas que asiste para participar en la Misa, especialmente en el caso de Maipú que llega a un 32,5% del total, como también la importancia que tiene el pago de mandas en Yumbel (51,1%) y Andacollo (26,5%).
f.- Frecuencia de asistencia a los santuarios Las diferencias son claras entre santuarios "nacionales" y santuarios de centro urbano. En los primeros hay predominio de fieles que asisten alguna vez al año, posiblemente para las fiestas principales, tal como ocurre en Candelaria, Andacollo y Yumbel; mientras que santuarios urbanos, especialmente Santo Domingo, reciben la visita de personas que acuden todas las semanas, no sólo por su fácil accesibilidad, sino también por la importancia que tiene, en este caso, la celebración semanal de la Virgen de Pompeya.
g.- Asistencia solos o acompañados Claramente se distingue una mayoría de santuarios con asistencia familiar (Andacollo, Candelaria, Yumbel, Padre Hurtado, Maipú, Lourdes), versus los santuarios de Santo Domingo y San Judas Tadeo. Estos dos últimos constituyen la excepción por cuanto la mayor parte de sus fieles asisten solos a estos dos santuarios. Ciertamente que esto tiene relación con la localización de estos santuarios en el corazón de Santiago, lo que otorga accesibilidad a los trabajadores del centro de la ciudad que pasan a rezar en momentos libres, antes de comenzar su jornada laboral o al finalizar ésta. En general, quienes asisten acompañados a los santuarios lo hacen mayoritariamente con sus familias, lo cual debería ser un importante estímulo para ofrecer una acogida a las familias y también una atención pastoral orientada hacia los distintos miembros de las familias y a éstas en conjunto.
h.- Opinión sobre la atención que reciben en el santuario La mayoría califica como buena la atención que recibe (87,4%), sin que se aprecien diferencias importantes entre los santuarios considerados. Lo mismo sucede con la apreciación sobre las Misas en los santuarios, las que, en general, reciben también una calificación positiva (89,7%).
i.- Lo que más les gusta del santuario El hecho de que más de la mitad (51,4%) de los peregrinos encuestados destaque los elementos del paisaje, del lugar, revela la importancia que tiene el ambiente y la belleza exterior, parques, jardines, etc. No hay que desmerecer la importancia que tienen estos aspectos, especialmente para aquellos peregrinos que no asisten a una fiesta específica, sino que van en busca de un ambiente de paz y silencio que favorezca la oración.
j.- Participación en actividades de Iglesia En general los peregrinos no tienen una participación activa en organismos de la Iglesia. Es probable que muchos de ellos entiendan que su manera de participar es asistiendo a los santuarios, y que ella es suficiente. En este sentido, es importante que los santuarios inviten a un compromiso mayor de las personas, pero siendo respetuosos de la riqueza existente en la diversidad de la Iglesia. Por lo demás, resulta desafiante plantearse la posibilidad de que muchos peregrinos de santuarios forman parte, quizás, de un universo distinto del mundo parroquial, y que, siendo así, los santuarios abren un espacio a algunas búsquedas y expresiones de religiosidad menos mediadas (o no mediadas) por la institucionalidad eclesial tradicional. Esto sugiere la paradoja de que, siendo los santuarios una expresión de religiosidad popular tradicional, ellos también ofrecen un espacio para la expresión de nuevas búsquedas espirituales. En cuanto a las personas que participan en alguna actividad de la Iglesia, la mayor parte de ellos lo hace en parroquias (82,6% de quienes sí participan).
En síntesis podemos proponer un PERFIL DEL PEREGRINO que de manera simple se expresa en que:
La información recogida a través de las encuestas y entrevistas realizadas nos entregan elementos que queremos destacar a manera de conclusiones y sugerencias. Los peregrinos destacan con fuerza que un aspecto que es de su agrado es la tranquilidad y la paz de los santuarios. Podemos pensar que esta valoración se inscribe en un contexto urbano y de “mundo” signado por la agitación e intranquilidad, por ello es mejor “retirarse” a (en) los santuarios. Los peregrinos valoran al santuario como un verdadero reducto de encuentro, consigo mismo y con Dios, en un contexto de paz. El santuario brinda cobijo y paz que permite recuperar nuestra propia paz. Todo esto permite el encuentro con Dios. Destaca en esto que los menores de 30 años son quienes valoran más la tranquilidad; y son los hombres más que la mujeres quienes hacen esta valoración. Una segunda cuestión que destaca es la masividad de convocatoria diaria convirtiéndose en un punto de referencia de la Iglesia a nivel popular que es identificado como accesible y acogedor. La masividad no debe ser sólo un motivo de congratulación, sino un dato que movilice energías nuevas para entregar mejores “servicios” a los peregrinos. Hay que tener en cuenta que los santuarios no son grandes espacios, pero si se convierten en espacios de mucho tránsito que deben aprovechar este constante flujo de peregrinos para hacer que el pequeño momento que se dispone par la visita sea algo significativo, una verdadera puerta de entrada a la comunidad de creyentes, que esté siempre abierta. Los peregrinos que asisten a santuarios de centro urbano acuden mayoritariamente solos, quizás la ubicación del santuario posibilita la visita rápida. En todo caso, en los santuarios estudiados la mayor parte de los peregrinos asisten acompañados con la familia. Ante esta constatación los santuarios han ido generando iniciativas de acogida a los peregrinos y sus familias, lo más importante es no dejar de crear nuevos espacios para que la familia acuda a los santuarios. Ligado a esto el alto valor que los peregrinos le dan a lo estético, lo paisajístico, es un llamado de atención y una invitación a pensar a la acogida más allá del recibimiento. El bajo nivel de compromiso eclesial de los peregrinos, es un punto destacado que advierte que el contacto con el santuario es la única ligazón con la Iglesia. Se puede hipotetizar que se está desarrollando un tipo de espiritualidad alternativa que no tiene un lineamiento pastoral y doctrinal tan estricto, son los propios peregrinos quienes orientan su búsqueda. El santuario es un espacio propicio para los llamados “católicos a su manera” quienes en este encuentro no generan mayores compromisos que los que ellos mismos se autoimponen, por ejemplo, a través del cumplimiento de una manda. El peregrino se encuentra más cercano a expresiones de una privatización de la fe que una devoción más comunitaria más ligada a una parroquia o comunidad concreta. El anonimato que proporciona el santuario permite una búsqueda más personal que comunitaria. Acorde con esto los motivos para acudir a los santuarios coinciden con actividades de corte individual como por ejemplo “rezar”, “conversar con Dios”. No hay mayor vinculación con el santuario, ni con otros peregrinos. A pesar de esto se observa que han crecido iniciativas para “... atraer con amor y alegría a participantes esporádicos ya sean jóvenes, adultos o adultos mayores”, destacando las peregrinaciones. La “oferta” de los santuarios atrae de manera preferente a quienes no tienen otra forma de inserción eclesial. Vistos como tierra de acogida de los más alejados, los santuarios tienen una labor de evangelización marcada por la atracción de personas que se encuentran en las márgenes, por ello la planificación pastoral del santuario debe desarrollar esfuerzos para dar atención a quienes acuden desde hace mucho tiempo, como también a los que acuden de vez en cuando a ellos. Lo dicho anteriormente da pie para afirmar que en los santuarios se erigen como reductos especializados y privilegiados de la búsqueda personal de contacto con lo divino, lo sagrado, de sentidos religiosos de manera individual. Aquí lo subjetivo cobra capital importancia, es una búsqueda personal, en el contexto de la paulatina pérdida de influencia de la religiosidad institucionalizada. Otro aspecto importante es que los peregrinos no asisten a misa regularmente, hay una tendencia a acudir al santuario en horarios en que no se desarrolla la misa o simplemente no la toman en cuenta, prefieren la visita solamente. Son personas que están de paso, esto se da con mayor fuerza en los santuarios del centro de la ciudad. En general, en cuanto a la procedencia de los peregrinos es posible afirmar que la convocatoria tiene un radio de influencia local. Cuando es más amplía se ubica preferentemente en comunas de regiones vecinas. Aún así es importante recuperar la imagen del Santuario como un símbolo concreto del “Pueblo de Dios en Marcha”, como expresión del Dios que llama a los peregrinos, que desde su complacencia y lo estático, se acerquen a lo misterioso, lo desconocido. El sentido de peregrinación se acota más bien a una dimensión personal, peregrino en la vida, más que entre santuarios. Debido a esto sería interesante explorar la posibilidades de fundar santuarios en diversos lugares de la ciudad o bien reanimar la función misionera de las parroquias que tienen a su haber el contacto más inmediato con realidades locales más específicas. La asistencia, mayoritariamente femenina, es otro aspecto de interés, esto es similar a lo que ocurre en diversas actividades eclesiales que han sido observadas y analizadas en otros estudios de Cisoc-Bellarmino*. Esta situación no ha sido reflexionada con mayor profundidad y no se han propuesto iniciativas para analizar los alcances que ello tiene para el trabajo pastoral. Por un lado debemos celebrar el compromiso que adquieren muchas mujeres, no solo asistiendo a los santuarios, sino que también por que ellas son parte de los variados grupos pastorales que se han formado en los santuarios; pero debemos preguntarnos por el cómo hacer para atraer más hombres a los santuarios o es acaso que la Iglesia no tiene una propuesta interesante para ellos. En cuanto a la edad de los encuestados, en general podemos decir que el grupo de edad predominante es el de adultos de más de 29 años y menos de 65 años. Podemos suponer que es, en su mayoría, parte de la población laboral activa lo que implica que no dispongan de tiempo para asistir a los santuarios, sin embargo asisten. Quizás aquí se encuentre una evidencia importante de los significados que son centrales para quienes asisten, así por ejemplo dejar un tiempo de la propia vida a Dios, y en ese contacto reiniciar la vida cotidiana con otras claves para moverse en el caótico y agitado mundo de la ciudad reforzaría la idea de que el santuario permite a los peregrinos una suerte de “retiro” de la vida cotidiana, una posibilidad de buscar en ellos la tranquilidad y la fuerza necesarias para seguir el ritmo de la vida que se impone en la ciudad. La flexibilidad en horarios de atención o la extensión de los mismos y actividades menos esquematizadas permite a los peregrinos optar libremente por visitarlos. Orar es el motivo fundamental de la asistencia de los peregrinos, esto redunda en una dimensión “espiritual” que organiza la visita, los peregrinos van más allá de la petición, hay una ligazón que quizás comenzó desde una manda, pero que poco a poco se transforma en una espiritualidad marcada por la devoción al santo(a), en el mensaje que el entrega y también como un “puente” que conecta al peregrino con un ámbito de realidad distinto al mundo de lo cotidiano. Dentro de los elementos destacados como positivos resalta la incorporación de laicos al trabajo pastoral por ejemplo en grupos de acogida y de apoyo espiritual, como también en tareas relacionadas con la administración de los santuarios. Resalta en esto la gratuidad y voluntariedad con que esto es asumido, lo que muchas veces comenzó con una simple visita al santuario. La donación de tiempos y talentos es algo por lo que la Iglesia debe manifestar su agradecimiento y alegría. Estos gestos que evidencian una creciente corresponsabilidad implican un avance hacía una Iglesia más participativa y comunitaria. Es importante considerar el aporte de diversas personas que desde sus profesiones o habilidades puedan contribuir a renovar la pastoral de santuarios. Otro aspecto a destacar es el trabajo de acogida de los peregrinos. Todos los santuarios estudiados muestran avances importantes, promoviendo iniciativas concretas tales como grupos organizados que reciben y orientan la visita de los peregrinos y brindan apoyo a sus inquietudes y búsquedas. Con ello, además se crea un espacio de trabajo para los laicos que hacen de la corresponsabilidad algo más concreto. Junto con esto destaca la preocupación por dotar de una presencia permanente de sacerdotes que estén al servicio de los peregrinos, en esto destaca el servicio sacramental, especialmente en lo que se refiere al sacramento de la reconciliación. Muchas veces, los peregrinos vienen tras largas ausencias de cualquier actividad de Iglesia o de una franca hostilidad hacia ella, en este sentido, deben convertirse en una puerta siempre abierta a quien quiera reencontrarse con Dios y reconciliarse con sus hermanos, y para ello es importante la presencia de personal consagrado y laicos sensibilizados con estas situaciones. La acogida también implica condiciones prácticas a desarrollar en lo referido a las instalaciones por ejemplo cafetería, librería, baños, etc., las áreas verdes y de descanso, el aseo y ornato, entre los aspectos más destacados; contribuyen a que los peregrinos se sientan atraídos, bienvenidos e invitados a permanecer en los santuarios. Un área en la que se está aún en deuda es la falta o el escaso desarrollo de la planificación de actividades. Se requiere avanzar en la generación de respuestas organizadas ante el cambiante y complejo mundo en que se desenvuelven los santuarios, “... adelantar una creciente y planificada transformación ... para que puedan ser “lugares privilegiados de evangelización...”. como lo señaló Juan Pablo II, en la Homilía de Zapopán. Ligado a la planificación, otro aspecto a mejorar es la orientación de la devoción de las personas que acuden a los santuarios. Esto reporta una valiosa oportunidad para hacer uso de renovados materiales litúrgicos y técnicas audiovisuales que expliquen algo más acerca del santuario, la vida de los santos, etc., cosas que no deben quedar al arbitrio del eventual comercio que se instala en torno a los santuarios, que si bien en algunos casos se integra de buena forma a la labor del santuario, en otras ocasiones no tiene ninguna relación ni orientación ligada al santuario, creando cierta confusión en los peregrinos. El contacto de los santuarios con las diversas expresiones de religiosidad popular ha sido un área que cada vez más se asume con mayor esmero, pero aún sigue siendo una materia de estudio y campo por descubrir, ya que ella (la religiosidad popular) no es estática y suele tener un dinamismo ante el cual los santuarios deben estar abiertos y despiertos para acogerla, comprenderla y vivificarla. “Para acercarse más a la gente es importante estudiar y valorar la religiosidad popular, marcada especialmente por el amor a la Virgen María y los Santos, con peregrinaciones, novenas, santuarios, misiones, etc., de modo que sirva más como medio de evangelización, transmisión de fe y encuentro con Jesucristo” En síntesis, los santuarios podrán dar mejores señales evangelizadoras que comprometan a la persona entera, con vista a su desarrollo integral, que tomen en cuenta su afectividad, que den respuesta a preguntas respecto del ser de los peregrinos y den espacio a crecer en la fe, en conjunto con otros hermanos, en un marco colectivo-comunitario que los ayude a conectarse a la Iglesia como algo vivo y vivificador.
Autor: Javier Romero Ocampo (1) Investigador CISOC-Bellarmino Parker, Cristián: “Otra lógica en América Latina. Religión popular y Modernización capitalista”, Fondo de Cultura Económica, primera reimpresión 1996, Santiago, Chile, 407 páginas. Página 66. Irarrázaval, Diego: “Rito y pensamiento cristiano”, Centro de Estudios y Publicaciones (CEP), 1993, Perú, 181 páginas. Páginas 101, 102. De Sahagun Lucas, Juan: ”Interpretación del Hecho Religioso, filosofía y fenomenología de la religión”, España, Ediciones Sígueme, Salamanca, 1982, 210 páginas. Página 49. Alliende Luco, Joaquín: "El santuario como lugar privilegiado de evangelización" en. Informativo santuarios, Comisión Nacional Coordinadora de santuarios, 1980, 98 páginas. Páginas 42 a 58. Comisión Nacional de Pastoral de multitudes, santuarios y religiosidad popular: “Orientaciones y elementos canónicos para la pastoral de santuarios”, septiembre 1995, 30 págs. Nº 21. Romero Ocampo, Javier: “Santuarios urbanos en la Arquidiócesis de Santiago. Diagnóstico de su acción pastoral”, CISOC-Bellarmino, 2002, 91 páginas. En el desarrollo de la Investigación de santuarios urbanos en Santiago se realizó un conteo que arrojó los siguientes resultados de asistencia diaria: Lourdes: 6.000 (Dato estimado por responsables del santuario ); Maipú: 6.180; Padre Hurtado: 1.947; San Judas Tadeo: 445; Santo Domingo: 12.325. Arzobispado de Santiago: “XI Sínodo de Santiago: Conclusiones. Caminemos Juntos. Jesús nos llama”. Tomo I, Santiago, 1997, 237 páginas. N° 245. *Entre los estudios publicados por Cisoc-Bellarmino en donde esta tendencia ha sido observada, podemos citar los siguientes: .- Valdivieso, G.; Miranda, G.: “Análisis y delimitación del rol de párroco, la visión de los Sacerdotes Parroquiales”, 1996. .- Miranda, G. y Romero, J: “El rol de párroco desde la perspectiva de los fieles”, 1998. .- Equipo Cisoc-Bellarmino: “La Iglesia católica Chilena y la nueva evangelización”, 1998. .- Romero, J.: Experiencias de trabajo parroquial con adultos mayores en la Arquidiócesis de Santiago”, 2000. Conferencia Episcopal de Chile: “La evangelización en el presente y en futuro de América Latina. Puebla: Conclusiones de la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano”, Santiago de Chile, Mayo 1979. 375 páginas. N° 463. Arzobispado de Santiago: “XI Sínodo de Santiago...”, Op. Cit. N° 225. (1) Agradezco todas las sugerencias y apoyo de mis compañeros(as) de trabajo en CISOC-Bellarmino, su cooperación inestimable hizo posible este resumido texto.
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