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Plan Global CELAM 2003-2007 (Primera Parte) PDF Imprimir Correo
Martes, 01 de Junio de 2004 00:00

Una vez más queremos colaborar con la difusión de algunos extractos del "Plan Global del CELAM", esta vez del período 2003-2007. Se trata de un documento que nos ofrece una valiosa reflexión sobre las respuestas necesarias a los desafíos pastorales que enfrentamos en un mundo globalizado. Estamos seguros de que su lectura será de mucha ayuda en el trabajo pastoral.


ÍNDICE

RESPUESTA DESDE LA FE: ANUNCIAR A JESUCRISTO “Abrirnos con confianza al futuro”

1.- Desafíos de la globalización a la pastoral

2.- Criterios pastorales

3.- Prioridades en un mundo globalizado


¡Duc in altum! fueron las palabras de envío del Santo Padre cuando la Presidencia del CELAM lo visitó, en junio de este año, y le expuso sucintamente los encargos recibidos en la XXIX Asamblea Ordinaria, que configuran este Plan Global para el período 2003-2007.

¡Duc in altum!, en la barca de Pedro. La experiencia de comunión de dicha Asamblea y de nuestra primera Reunión General de Coordinación, se expresa en numerosos proyectos de este Plan Global. Con ellos queremos apoyar todos los esfuerzos que realizan nuestras Conferencias Episcopales, para que cada Iglesia particular sea sacramento de comunión, y todos los cristianos nos encaminemos hacia la unidad.

 

¡Duc in altum!, con la colaboración de sacerdotes, diáconos, religiosas y religiosos, laicos comprometidos, movimientos eclesiales y nuevas comunidades. Con ellos el Espíritu ha enriquecido a su Iglesia. Nos pide que profundicemos juntos las raíces bíblicas de nuestro servicio pastoral, y la vida litúrgica de las comunidades cristianas, fortaleciendo la pastoral familiar, juvenil y social; en una palabra, evangelizando nuestro mundo multiétnico y pluricultural.

¡Duc in altum! hacia nuevos puertos, animados por la esperanza de ir con el Señor de la Historia, navegando por las aguas promisorias, agitadas y a veces amenazantes de un mundo globalizado , que propicia una interacción universal y pone término al aislamiento de las economías y las culturas.  Las primeras se desequilibran y las segundas se nivelan. Por eso, la travesía constituye un desafío para la identidad de los pueblos y su desarrollo.

¡Duc in altum!  porque la nivelación de valores y de confesiones religiosas exige de nosotros una identidad inequívoca, mediante la escucha, la adhesión y la coherencia propia de los discípulos de Cristo, que los capacita para colaborar en la globalización de la solidaridad con los más pobres y marginados; también en iniciativas para evangelizar a los constructores de la sociedad y ennoblecer la comunicación social. Así lo pide el tema central del Plan Global: “Hacia una Iglesia, casa y escuela de comunión y de solidaridad, en un mundo globalizado”.

¡Duc in altum! al inicio del tercer milenio, para ir siempre al encuentro de Cristo vivo, y recibir la pesca milagrosa de conversión, comunión y solidaridad, que Él entrega generosamente.

La confianza en la conducción de Dios y en la fecundidad de la cruz nos impulsa a acoger y contemplar a Cristo glorioso, a la vez que al Cristo sufriente en millones de rostros, como también a acompañar e imitar a Nuestra Señora de la Anunciación. Así en América Latina y el Caribe crecerán innumerables santos y seguirá abriéndose el espacio interior de la nueva y eterna Alianza. (cf.Redemptoris Mater, 28). Dios seguirá colmándonos de toda suerte de bendiciones espirituales, y tendremos la alegría de colaborar con Él en la construcción de su Reino.

Bogotá, 23 de agosto de 2003, Fiesta de Santa Rosa de Lima, Patrona América Latina + Francisco Javier Errázuriz Ossa, Cardenal Arzobispo de Santiago de Chile, Presidente del CELAM.
 

II.- RESPUESTA DESDE LA FE:

ANUNCIAR A JESUCRISTO

“Abrirnos con confianza al futuro”

165. Es cometido de la Iglesia reflejar la luz de Cristo y hacer resplandecer su rostro en cada época de la historia. Si nuestra mirada de fe se centró en la persona y la obra salvadora de Jesucristo, la respuesta que debemos, como Iglesia, al nuevo contexto que vivimos no ha de ser otra sino la de anunciarlo y poner en ejercicio dicha acción salvadora.

No se trata, pues, de inventar un nuevo programa. El programa ya existe. Es el de siempre, recogido por el Evangelio y la Tradición viva...Es un programa que no cambia al variar los tiempos y las culturas, aunque tiene cuenta del tiempo y de la cultura para un verdadero diálogo y una comunicación eficaz (NMI 29).

166. Al abrirnos con confianza al futuro, para cumplir con nuestra vocación y misión eclesial, destacamos los grandes desafíos que el actual contexto social y eclesial plantea a la pastoral, subrayamos los criterios que han de fundamentar nuestra acción, establecemos las prioridades pastorales con las que nos comprometemos y señalamos los campos de acción y tareas por donde ha de avanzar la nueva evangelización de nuestro Continente.
 

1. Desafíos de la globalización a la pastoral

167. Al iniciar un nuevo período de servicio del CELAM hemos de tener presente todo lo que desafía a la acción pastoral de la Iglesia. En una consideración amplia hemos de asumir los desafíos heredados de nuestro pasado reciente y los que se derivan de la vida apasionante del presente. Lo que hemos logrado nos desafía para consolidarlo y extenderlo, lo que está pendiente nos desafía para hacerlo realidad; las luces del nuevo contexto nos desafían para aprovecharlas, y sus sombras nos desafían para iluminarlas.

168. Aunque los dos capítulos ya considerados nos posibilitan reconocer la amplia cantidad y variedad de desafíos que hoy hemos de asumir en nuestra tarea pastoral, destacamos ahora siete de ellos y exhortamos a asumirlos si queremos que nuestra respuesta sea eficaz en la tarea de Humanizar la globalización, globalizando la solidaridad.

1.1.  Proponer el valor de la gratuidad66

169. En un contexto de globalización, marcado por una cultura que busca a todo precio la eficiencia y el éxito económico, los cristianos tenemos el desafío de recordar la dimensión de gratuidad, ya que lo más humano no se compra ni se vende, tiene valor pero no tiene precio. En su esencia, el cristianismo es la religión de la gratuidad, por eso el cristianismo es Evangelio; ahí, todos los excluidos oyen de Jesucristo que Dios los ama de verdad y sin condiciones; ellos no tienen que demostrarle que son buenos, Él los ama primero con un amor que se recibe como regalo.

1.2. Reencontrar el sentido de la vida67

170. El nuevo contexto que vivimos está generando un relativismo que niega toda referencia al absoluto y quita el interés para formularse preguntas últimas. Esta realidad ha dado lugar a que los bienes materiales se conviertan en el “absoluto” que orienta la existencia de muchos, situación que va dejando un lastre de vacío y de falta de sentido, tanto entre quienes gozan de ellos como entre quienes los carecen, porque nos hacemos incapaces de acallar las preguntas silenciadas que siguen rondando en el corazón humano. Es un inmenso desafío abrir los espacios que permitan a los seres humanos darle sentido a sus vidas; clarificar los caminos que faciliten a los hombres y mujeres de nuestro tiempo conducirse hacia fines que ordenen sus vidas.

1.3. Buscar el sentido religioso en el actual contexto68

171. Aunque América Latina ha conservado siempre un substrato religioso fuerte y continuo a través de su historia, el número de personas alejadas de la fe y los no practicantes aumentó considerablemente durante las últimas décadas del siglo pasado, sobre todo entre las clases media y alta, muchos de los cuales vuelven a experimentar el deseo de introducir en sus vidas el sentido de la trascendencia. Esta búsqueda, por el proceso mismo de globalización, se realiza en el contexto de una pluralidad de propuestas religiosas y se ve afectada por muchos elementos que caracterizan la cultura actual: los escasos criterios de referencia para ubicarse ante Dios, la fragmentariedad del conocimiento, la afirmación de lo individual sobre lo comunitario, la primacía de la experiencia, la emotividad sobre el dato de fe, el rechazo del Magisterio, etc.

172. Para los católicos del Continente, en un momento en que el diálogo y el discernimiento de las relaciones con otras religiones y otros grupos cristianos se vuelve más necesario, es urgente el fortalecimiento de la propia identidad cristiana, así como afrontar la revisión y la purificación de las propias formas de comunicar la fe, para recuperar el verdadero sentido del encuentro con Dios y de la apertura no condicionada a su mensaje de salvación.

1.4.     Reconstruir los vínculos de pertenencia y de responsabilidad social69

173. Hoy se exalta el valor de la libertad, se promueve la búsqueda de la autonomía del hombre y, al privilegiar la esfera de lo privado sobre la esfera de lo social, se impone un individualismo práctico que tiene sus consecuencias en el campo de la política, la economía y la vida social en general. El precio de esta búsqueda de la individualidad trae consigo la disolución de los vínculos familiares, comunitarios, étnicos, culturales y políticos, lo cual tiende a comprometer la vida y su desarrollo.

174. Esta situación es un desafío para los cristianos, los cuales están llamados a vivir y construir solidariamente su entorno, en relación abierta con los creyentes y con los demás miembros de la sociedad. Reconstruir los vínculos que recompongan el tejido social, y que hacen posible el verdadero desarrollo del hombre es una tarea que encuentra un área fundamental en la familia, como espacio vital donde se reconstruyen los principios, las actitudes y las acciones que luego dan origen a la red de relaciones que el hombre construye en la vida social.

1.5.  Formular una ética que nos permita humanizar la globalización70

175. En la globalización, como se está produciendo, no pocos experimentan que decisiones vitales que impactan su vida y la de su comunidad son tomadas a distancia por instancias multinacionales, usando como único criterio la rentabilidad, sin contar con la participación de los afectados. Esta situación, que trae consigo grandes riesgos de corrupción y abusos en quienes toman las decisiones y de apatía y exclusión entre quienes las padecen, está exigiendo una ética que asegure el desarrollo humano, que permita humanizar la globalización.

176. Dado el nuevo contexto de la globalización, está ética debe ser pluralista, de manera que permita a cada uno aportar lo mejor que tiene y posibilite aprender de los demás. Es un desafío para los cristianos compartir sencillamente la rica experiencia humana del cristianismo, desde la tradición humanizante recibida del pueblo de Dios hasta la figura y ejemplo de su fundador; al mismo tiempo, es un desafío dejarse interpelar por otras tradiciones.

1.6. Cambiar la orientación profunda de la globalización71

177. El contexto de la globalización podría ofrecer grandes posibilidades de desarrollo a la humanidad: permitiría no sólo unir e intercomunicar a la familia humana, sino darle a los bienes su destino universal; facilitaría el hacer una sana transferencia tecnológica que permitiría destruir las infamantes diferencias que hoy existen entre los pueblos, etc. Sin embargo, para que la globalización pueda dar buenos frutos, es necesario rescatarla de la orientación economicista de corte neoliberal que hoy la anima. Es un desafío para los cristianos mostrar que, más allá de la motivación de lucro, de la competencia sin cuartel de los individuos y los países en un mercado desregulado, pueden desarrollarse valores de colaboración, intercambio, solidaridad y responsabilidad comunes.

1.7. Dialogar con el mundo de la ciencia y la tecnología72

178. En el esfuerzo encaminado a evangelizar toda la realidad humana, es urgente el diálogo de la Iglesia y de los cristianos con el mundo académico y científico, diálogo en el cual los laicos han de ocupar un lugar preponderante. Para los cristianos constituye un reto el mostrar que el respeto integral de la persona y la adopción de un código ético por parte de los hombres dedicados a la investigación, más que limitar el avance de la ciencia y la tecnología, es la mejor garantía para su desarrollo.
 

2. Criterios pastorales

179. Antes de considerar las prioridades pastorales con las que hemos de comprometernos y de señalar los ámbitos de acción y tareas, subrayamos seis criterios que se desprenden de nuestra mirada de fe y que definirán un estilo y un modo concretos de realizar la nueva evangelización en América Latina ante los desafíos de la globalización.

2.1. Encuentro personal con Jesucristo vivo73

180. El encuentro personal con Jesucristo vivo es el único camino de conversión, de comunión y de solidaridad; es el itinerario de toda acción pastoral y la raíz de la cual brotan todos los demás imperativos.

181. El encuentro personal con el Señor, si es auténtico, llevará también consigo la renovación eclesial: las iglesias particulares del Continente, como Iglesias hermanas y cercanas entre sí, acrecentarán los vínculos de cooperación y solidaridad para prolongar y hacer más viva la obra salvadora de Cristo en la historia de América74 .

182. Es necesario que los cristianos seamos los primeros contempladores del rostro de Jesús (cfr. NMI 16) y que asumamos este encuentro como un proceso progresivo de conversión, pues sólo así el Espíritu Santo da testimonio de Cristo Jesús en nuestros corazones (Cfr. Rm 5, 5). El estilo de vida y el modo como lo expresan los agentes de pastoral serán lo que defina la eficacia pastoral, pues ésta jamás podrá ser una realidad, si aquellos no son identificados por su experiencia de Cristo y su ardor para anunciarlo.

2.2.  La misión compartida como camino de santidad integral75

183. Ciertamente el ministerio ordenado confiere una especial responsabilidad para servir al pueblo de Dios e impulsar la ministerialidad de la Iglesia; no obstante, la naturaleza de la vida cristiana y la globalización con los grandes desafíos que nos plantea, nos exigen reafirmar la misión compartida por todo el pueblo de Dios como el camino de santidad integral. En este marco necesitamos insistir en el protagonismo de todos y cada uno de los bautizados como sujetos de la tarea evangelizadora.

184. Queremos suscitar especialmente, y con énfasis, la actividad evangelizadora de los laicos en la edificación del Reino, desde su responsabilidad específica en la transformación del mundo; ningún ámbito de la vida social debería estar privado de laicos que aporten la luz del Evangelio: la política, la empresa, el sindicalismo, los barrios, etc. Además, la inmensa mayoría de la Iglesia en América Latina la conforma nuestro pueblo pobre y sencillo. Sólo una profunda conversión en cada uno de nosotros, hará de la Iglesia un espacio vital donde los pobres tengan capacidad real de participación y sean reconocidos cada uno en su propio valor.

185. Para que los laicos, y entre ellos especialmente los más pobres y sencillos, sean protagonistas de la nueva evangelización, la promoción humana y la cultura cristiana, es necesaria una constante promoción del laicado, libre de todo clericalismo y sin reducción a lo intraeclesial (SD 97). Esto exige que se prepare a los presbíteros y diáconos permanentes para que confíen más en los laicos, los ayuden a capacitarse y los estimulen en su misión.

2.3. Creatividad social de la Caridad76

186. Cristo, al redimir todo lo humano, convoca a colaborar con la dilatación de su Reino, actuando y decidiendo a la luz del Evangelio en orden a la transformación efectiva de las estructuras del mundo. Es tarea de la Iglesia desplegar operativamente la dimensión social de la caridad, atendiendo a las exigencias éticas fundamentales que brotan de la inalienable dignidad de la persona humana. Para esta tarea, la Iglesia encuentra en su Doctrina Social la expresión de un valioso conjunto de valores permanentes, criterios de juicio y directrices de acción para guiar la creatividad social de la caridad.

187. La Doctrina Social es parte de la concepción cristiana de la vida; no es, pues, un saber exterior o accidental dentro de la comprensión de nuestra fe, sino que, al contrario, muestra que la certeza sobre la presencia de Jesucristo no se agota en sus consecuencias dentro de la vida interior o la práctica privada de acciones honestas. Ningún cristiano puede sentirse eximido de las obligaciones que posee respecto del compromiso social y la lucha a favor de la justicia. La diferencia de ministerios dentro de la Iglesia impone que este deber, en conciencia, se realice de múltiples maneras de acuerdo a la identidad y vocación de cada quien; no obstante, en este terreno los fieles laicos poseen una responsabilidad particular, ya que son llamados por el Señor a santificarse precisamente en la transformación del mundo según Cristo.

2.4.  Santidad, Comunión e Inculturación como ejes transversales de la pastoral77

188. La santidad, la comunión y la inculturación no son opcionales en la pastoral, ni pueden reducirse a una pastoral específica, ellas han de procurarse como ejes transversales que favorezcan una respuesta que sea integral y eficaz en el complejo contexto de la globalización actual.

189. La santidad cristiana consiste en vivir en una plena comunión de amor con Dios y con los demás para transformar la historia (Cfr. NMI 29). En este orden, la Iglesia está llamada a manifestarse como la comunidad santa del Pueblo de Dios que genera ámbitos y estructuras vivas de santidad, no sólo personal, sino también comunitaria. La santidad nos ha de impulsar a la actividad evangelizadora compartida, por ello ha de ser el núcleo de la vida y como el eje transversal que ilumine y potencie las acciones propias de la pastoral ordinaria.

190. Hay que recordar también que la eficacia pastoral se alcanza mediante la intensidad de nuestra comunión con Dios, la calidad de los vínculos de nuestra fraternidad y comunión eclesiales, y la capacidad de convertirnos en servidores de todos. La comunión, así entendida, debe convertirse en eje transversal de la vida de la Iglesia y de su acción evangelizadora, de tal manera que se multipliquen los espacios de solidaridad en todos los niveles de las comunidades eclesiales. El futuro de la misión de la Iglesia dependerá sustancialmente de la vivencia de la comunión.

191. Finalmente, hay que tener siempre presente que evangelizar es encarnar el Evangelio en los ambientes. La Iglesia debe tener la capacidad de colocar su levadura dentro de la tradición cultural que se está dando. La inculturación, como recuerda Juan Pablo II, debe hacerse respetando debidamente el camino siempre distinto de cada persona y atendiendo a las diversas culturas... de tal manera que no se nieguen los valores peculiares de cada pueblo, sino que sean purificados y llevados a su plenitud (NMI 40).
 
Sin inserción, respeto y diálogo con las culturas y sus sujetos, la evangelización no será más que un proceso de sometimiento y colonización.

2.5. Catolicidad para llegar a todos78

192. La globalización, que ha multiplicado las relaciones sociales y ha dado la posibilidad de llegar a todas partes con un sinnúmero de mensajes, muchas veces sin un referente ético definido, al mismo tiempo genera la exclusión social. Ante este hecho es necesario reafirmar la catolicidad de la Iglesia y llegar a todos con el mensaje incluyente del Evangelio y su ofrenda de vida nueva.

193. La acción evangelizadora tiene por destinatarios a todos los hombres y a todo el hombre, por ello urge hablar según la mentalidad y cultura de los oyentes, de manera que lleguemos realmente a todos; este estilo inclusivo nos exige no despreciar ninguna de las posibles maneras de transmisión de la fe, creer en las personas, y respetar su capacidad y voluntad de respuesta, sin discriminarlas ni abandonarlas, aún en los momentos en que parecieran no responder del modo esperado.

2.6. Evangelización como proceso permanente79

194. Dios irrumpe en la historia, muchas veces, sorpresivamente, pero también ilustra su obra con las imágenes de la semilla, la vid, la levadura, por lo que la evangelización también debe entenderse como un proceso permanente de educación en la fe. Los procesos son movimientos vitales de las personas y de las comunidades, y por lo mismo, no se violentan sino que se acompañan con sumo cuidado y respeto.
 

3. Prioridades en un mundo globalizado

195. Sin agotar el amplio espectro de la realidad que el nuevo contexto nos ofrece, ni la riqueza del Evangelio que la ilumina, nos detenemos ahora a considerar, brevemente, un fundamento y un horizonte como prioridades que asumimos en un mundo globalizado.

3.1. La primacía de la persona80

196. En la construcción de una nueva sociedad, el principio, el sujeto y el fin de todas las instituciones sociales debe ser la persona humana81 , imagen de Dios, ser único, irrepetible, abierto a la trascendencia, en comunión con los demás y con un proyecto propio de vida. Todo tipo de manipulación genética, psicológica, social, política o religiosa de la persona, implica un reduccionismo de la dignidad humana que va en sentido contrario a un desarrollo integral de la humanidad.

3.2. El respeto de la identidad82

197. Una de las condiciones para que la globalización no termine en una nivelación ni en un colonialismo económico y cultural, consiste en el respeto del pluralismo, especialmente en el respeto de la dignidad y la identidad de los más débiles. El horizonte de la globalización tiene que mantenerse plural, con la gran diversidad que presenta la humanidad, ya que cada realidad humana refleja a Dios, no sólo de manera limitada, sino también de manera parcial.

3.3. La globalización de la Solidaridad83

198. La solidaridad, entendida como “la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común; es decir, por el bien de todos y cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos” (SRS 38), es el propósito de una nueva visión del mundo y de la historia fundada en la primacía de la persona. Por ello, la globalización de la solidaridad debe ser el horizonte que nos ayude a construir una sociedad justa y fraterna, en la cual los más pobres y excluidos tengan el puesto que les corresponde como miembros de la gran familia humana.

______________________________________

 66 Cfr. GNE nn. 289-293.

 67 Cfr. GNE n. 294.

 68 Cfr. GNE nn. 295-299.

 69 Cfr. GNE nn. 300-303.

 70 Cfr. GNE nn. 304-305.

 71 Cfr. GNE n. 306.

 72 Cfr. GNE nn. 307-308.

 73 Cfr. GNE nn. 311-314.

 74  JUAN PABLO II, Ecclesia in America, 7.

 75 Cfr. GNE nn. 320-329.

 76 Cfr. GNE nn. 330-333.

 77 Cfr. GNE nn. 325-329.

78  Cfr. GNE nn. 315-319.

 79 Cfr. GNE nn. 347-349.

 80 Cfr. GNE nn. 476-477.

 81 Cfr. CONCILIO VATICANO II, Gaudium et Spes, 25.

 82 Cfr. GNE n. 478.

83  Cfr. GNE nn. 479-481.

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