ncwebinc en progreso

Usted está aquí  : Home Estudios y Reflexiones Pastorales Boletín Pastoral 1995-2008 2004 Plan Global: CELAM 2003-2007, Segunda Parte
Plan Global: CELAM 2003-2007, Segunda Parte PDF Imprimir Correo
Jueves, 01 de Julio de 2004 00:00

A continuación queremos ofrecer la segunda parte del documento de CELAM sobre las respuestas a los desafíos a la pastoral en el mundo globalizado. Una vez más queremos invitar sus opiniones frente a la materia que aparece en los boletines mensuales.


ÍNDICE

4. Ámbitos de acción y tareas

4.1. Comunión y diálogo

4.2. Misión y espiritualidad

4.3. Vocaciones y ministerios

4.4. Vida y cultura

4.5. Justicia y solidaridad

4.6. Comunicación

 

4. Ámbitos de acción y tareas

199. Ya que la evangelización sólo será eficaz si asume lo concreto de la historia y la  impregna  de los valores del Reino, retomamos la riqueza de todo lo considerado para brindar algunos elementos  más operativos hacia la programación. Conscientes de que nuestra respuesta de fe ha de encaminarse cada vez más hacia una pastoral orgánica y de conjunto, señalamos los ámbitos de acción y presentamos las tareas que no se deben descuidar si pretendemos impulsar una auténtica nueva evangelización.

4.1. Comunión y diálogo

200. La comunión, antes que un conjunto de acciones supone el cultivo de una espiritualidad y se ha de procurar como un eje transversal de toda acción pastoral; sin embargo, reconociendo el gran papel que para su promoción tiene los señores Obispos, las estructuras y el diálogo, tanto Ecuménico como Interreligiodo, denominamos "comunión y diálogo" al primer ámbito de pastoral y en él destacamos las siguientes tareas:

4.1.1. Contribuir al fortalecimiento de la comunión eclesial en sus diferentes niveles

201. Es necesario continuar el fortalecimiento de la integración eclesial latinoamericana mediante los servicios a las Conferencias episcopales nacionales y de las experiencias de comunión vividas en las Asambleas Generales del Episcopado Latinoamericano (Cfr. EAm 4). Por otra parte, en el espíritu de Ecclesia in America, que destacó las formas de diálogo episcopal que van más allá de los límites nacionales e hizo ver la conveniencia de fortalecer las reuniones interamericanas, es necesario también promover la colaboración eclesial Americana como expresión de solidaridad efectiva (Cfr. EAm 37).

202. Es necesario también continuar impulsando la solidaridad entre las Iglesias hermanas pues queda ciertamente aún mucho por hacer para expresar, de la mejor manera, las potencialidades de los instrumentos de la comunión (NMI 44). Así mismo, es urgente favorecer el dinamismo de las diócesis a través de la formación y apoyo a los señores Obispos para que sea más eficaz el esfuerzo por la nueva evangelización de América” (EAm 36); no hay que perder de vista que es en la Iglesias locales donde se pueden establecer aquellas indicaciones programáticas concretas que permiten que el anuncio de Cristo llegue a las personas, modele las comunidades, e incida profundamente mediante el testimonio de los valores evangélicos en la sociedad y en la cultura (Cfr. NMI 29).

4.1.2. Impulsar los procesos de renovación de la Parroquia y de desarrollo de pequeñas comunidades

203. No hay que olvidar que la parroquia es un lugar privilegiado en el que los fieles pueden tener una experiencia concreta de la Iglesia. Hoy en América, como en otras partes del mundo, la parroquia encuentra a veces dificultades en el cumplimiento de su misión. Una atención especial merecen, por sus problemáticas específicas, las parroquias en sus grandes núcleos urbanos... (EAm 41).

204. El seguimiento de Jesús nos conduce a la formación y vivencia de la espiritualidad de comunión en pequeñas comunidades que sean vivas y dinámicas. Es necesario favorecer el desarrollo de las pequeñas comunidades cristianas que sean testimonio del espíritu comunitario y solidario.

4.1.3. Favorecer la integración de los Movimientos eclesiales y las asociaciones laicales

205.   Los espacios de comunión han de ser cultivados y ampliados día a día, a todos los niveles, en el entramado de la vida de cada Iglesia. En ella, la comunión ha de ser patente en las relaciones entre Obispos, presbíteros y diáconos, entre pastores y todo el Pueblo de Dios, entre clero y religiosos, entre asociaciones y movimientos eclesiales (NMI 45).

4.1.4. Promover el diálogo Ecuménico e Interreligioso

206. En el campo ecuménico es necesario reconocer y apreciar “los bienes verdaderamente cristianos, procedentes del patrimonio común, que se encuentran entre nuestros hermanos separados”84  y buscar siempre la renovación de la Iglesia, entendida como el “aumento de la fidelidad hacia su vocación”85, especialmente en las dimensiones bíblicas, catequética, espiritual y social, propiciando, a la vez, el conocimiento mutuo, la oración conjunta y una seria formación ecuménica.

207.   En el diálogo con las religiones no cristianas, además de establecer relaciones de cooperación en temas tan importantes como la defensa y promoción de la vida, es necesario fomentar un sincero respeto por los modos de obrar y de vivir, los preceptos y doctrinas, que, aunque discrepan en muchos puntos de lo que la Iglesia profesa y enseña, no pocas veces reflejan un destello de aquella Verdad que ilumina a todos los hombres86 .

4.2. Misión y espiritualidad

208.  La Iglesia existe para evangelizar, esta es su vocación más profunda; ha sido llamada para estar con el Señor y para ser enviada como portadora de una palabra viva y eficaz por la acción del Espíritu Santo. Antes de destacar otro campo específico de su acción, o alguna característica o medio que se exige especialmente ante los procesos de globalización mundial que estamos viviendo, es necesario reconocer que un ámbito de acción es el cumplimiento de su misión en sentido amplio, ya que desde ella nace y se desarrolla la espiritualidad cristiana. Dentro de este ámbito destacamos las siguientes tareas:

4.2.1. Estimular el desarrollo de la pastoral bíblica para favorecer el encuentro    personal con Cristo y su seguimiento

209.   Es misión de la Iglesia favorecer el encuentro de los hombres con Jesucristo, Palabra del Padre, de manera que aquellos, por la gracia del Espíritu, descubran el amor del Padre y puedan hacer el camino de conversión que conduce a la comunión y a la solidaridad; esto es, el camino del discipulado. En tiempos de crisis, de muchas ofertas de sentido, y de búsquedas tan variadas de experiencias espirituales, es tarea de la Iglesia orientar a los hombres hacia el tesoro de la Palabra de Dios; Ella es el ámbito seguro para el encuentro con Jesús, la fuente segura del discipulado cristiano y la orientadora de nuestros actos.

4.2.2. Impulsar la catequesis y la liturgia


210. En los últimos veinte años hemos escuchado, de manera insistente, el llamado del Papa a promover una nueva evangelización, con nuevo ardor, con nuevos métodos y nuevas expresiones87 .

La nueva evangelización, en la que todo el Continente está comprometido, indica que la fe no puede darse por supuesta, sino que debe ser presentada explícitamente en toda su amplitud y riqueza. Este es el objetivo principal de la catequesis, la cual, por su misma naturaleza, es una dimensión esencial de la nueva evangelización88 .

211.   Unido al esfuerzo por una catequesis renovada, está el impulso que debemos dar a la dimensión celebrativa de nuestra fe. El Concilio Vaticano II abrió las puertas a una reforma litúrgica viva, inculturada, participativa (SC 14) y diversa, dentro de una unidad fundamental que no hemos acompañado suficientemente por desidia, por temor o por simple falta de creatividad.

4.2.3. Valorar la religiosidad popular para discernirla y purificarla

212. Dentro del proceso evangelizador tenemos el reto de valorar las tradiciones, los rituales, los símbolos y mitos de la religiosidad popular para purificarlos y asumirlos como auténticas expresiones de vida cristiana. Es por el camino del discernimiento que se logrará presentar a Jesucristo como el verdadero sentido de la vida en los núcleos de la Religiosidad popular, de manera que las expresiones religiosas, tan apreciadas por nuestros pueblos, lleguen a ser manifestaciones de la inculturación del Evangelio.

4.2.4. Dinamizar la misión Ad gentes

213. La Iglesia no puede sustraerse a la actividad misionera hacia los pueblos, cuya tarea sigue siendo anunciar a Cristo, Camino, Verdad y Vida, en quien los hombres encuentran la salvación. Esta tarea exige procurar una formación adecuada en el mundo plural actual y una eficaz organización misionera (Cfr. NMI 56).

4.3. Vocaciones y Ministerios

214. Para ser fiel a su vocación y Misión, la Iglesia ha de redescubrirse día a día convocada y enviada, tanto en su conjunto como en la pluralidad de vocaciones y ministerios. En este ámbito subrayamos las siguientes tareas:

4.3.1. Estimular la promoción de las diferentes vocaciones

215. El Papa nos invita a organizar una pastoral de las vocaciones amplia y capilar, que llegue a las parroquias, a los centros educativos y familias, suscitando una reflexión atenta sobre los valores esenciales de la vida, los cuales se resumen en la respuesta que cada uno está invitado a dar a la llamada de Dios, especialmente cuando pide la total entrega de sí y de las propias fuerzas para la causa del Reino89 .

4.3.2. Impulsar la promoción de los Ministerios confiados a los laicos

216. Se debe estimular también la participación activa de los laicos en la vida de la Iglesia, a fin de que aporten sus talentos y carismas al crecimiento de las comunidades cristianas en los diversos servicios y ministerios, teniendo en cuenta una formación adecuada y siempre en comunión con sus pastores.

4.3.3. Colaborar en la integración de la Vida consagrada en la experiencia eclesial

217. Ecclesia in America reconoce la importancia del aporte de las personas consagradas, tanto en la historia pasada de nuestro Continente como en el presente.

Por ello, a las puertas del tercer milenio se ha de procurar que la vida consagrada sea más estimada y promovida por los Obispos, sacerdotes y comunidades cristianas. Y que los consagrados, conscientes del gozo y de la responsabilidad de su vocación, se integren plenamente en la Iglesia particular a la que pertenecen y fomenten la comunión y la mutua colaboración (EAm 43).

4.3.4. Impulsar la formación y acompañamiento de los ministros ordenados

 

218. Es urgente una adecuada formación inicial y permanente de los ministros ordenados, ya que una expresión pastoral privilegiada de la comunión y de la solidaridad de la Iglesia será la participación comprometida de los Obispos, presbíteros y diáconos permanentes, quienes por el sacramento del orden están especialmente orientados a favorecer la ministerialidad de la Iglesia. Una atención especial se ha de dar a la capacitación y acompañamiento de los formadores de los seminarios (Cfr. EAm 40); al desarrollo de una atención pastoral a favor de los presbíteros (Cfr. EAm 39) y al cuidado en la selección, formación y acompañamiento de los Diáconos Permanentes (Cfr. EAm 42).

4.4. Vida y cultura

219.   Vida y cultura son dos conceptos amplios. El ámbito de acción al cual nos referimos considera algunos sectores específicos en los cuales se desarrolla la vida de los hombres y mujeres, así como la educación y cultura que viven y construyen. Estos sectores, y los aspectos que aquí se consideran, requieren un trabajo específico de inculturación. En este campo destacamos las siguientes tareas:

4.4.1. Animar la iglesia doméstica

220. Es urgente una amplia labor catequética sobre el ideal cristiano de la comunión conyugal y de la vida familiar que incluya una espiritualidad de la paternidad y la maternidad. En un continente caracterizado por un considerable desarrollo demográfico deben incrementarse continuamente las iniciativas pastorales dirigidas a las familias, pues si éstas realizan en sí mismas el ideal al que están llamadas por voluntad de Dios, se convertirán en verdaderos focos de evangelización (Cfr. EAm 46 y 76).

4.4.2. Acompañar a los jóvenes en un mundo plural y globalizado

221. Si a los jóvenes se les presenta a Cristo con su verdadero rostro, ellos lo experimentan como una respuesta convincente y son capaces de acoger el mensaje, incluso si es exigente y marcado con la cruz (NMI 9).

4.4.3. Favorecer la atención a indígenas y afroamericanos

222. América Latina y el Caribe es un Continente multiétnico y pluricultural en el que conviven diversos pueblos con sus respectivas culturas (Cfr. SD 244). La Iglesia ha de defender los valores culturales de todos los pueblos, especialmente de los oprimidos, indefensos y marginados (Cfr. SD 243). Aquí se ha de ubicar el imperativo del rescate o defensa de las culturas autóctonas, frente a la masiva cultura de dominación que invade todos los ambientes y subvierte los valores tradicionales.

4.4.4. Colaborar en la construcción de la paz

223. En medio de un marcado pluralismo cultural y religioso, la Iglesia tiene la tarea de proponer una base firme de paz y contribuir al alejamiento del espectro funesto de las guerras y de toda forma de violencia.

4.4.5. Estimular, desde la educación, la formación en valores

224. Si queremos una sociedad justa y equitativa, es necesario contribuir en la democratización de la educación y estimular la formación en valores. Es necesario también influir en la concepción de la educación como una tarea permanente, no vinculada exclusivamente a una etapa de la vida.

4.4.6. Dialogar con los sectores que mayor desafío ofrecen a la nueva evangelización

225. Los límites y los peligros de la razón técnica-instrumental exigen a la Iglesia un diálogo con las ciencias. Es este un campo privilegiado de diálogo con el mundo, ya que las ciencias desmitifican la fe y la fe contribuye a fortalecer el compromiso de la ciencia con la verdad y la promoción de la vida. La Iglesia ha de promover también, desde su identidad cristiana, el diálogo con la cultura y con los no creyentes para establecer caminos de cooperación en los esfuerzos de globalizar la solidaridad, sobre todo en los aspectos que se refieren a los DDHH, la construcción de la paz y la participación de la ciudadanía.

4.5. Justicia y solidaridad

226. Tras haber profundizado en el misterio de la Iglesia, el Concilio Vaticano II se dirige no sólo a los hijos de la Iglesia Católica y a cuantos invocan a Cristo, sino a todos los hombres, con el deseo de anunciar cómo entiende su presencia y su acción en el mundo para colaborar en su transformación (Cfr. GS 2). En este espíritu es que la Iglesia Latinoamericana ha de atender el campo de la justicia y la solidaridad; en este ámbito, especialmente, se ha de atender el desafío global de humanizar la globalización y globalizar la solidaridad. Dentro de este ámbito se han de asumir las siguientes tareas:

4.5.1. Estimular y acompañar la Pastoral social

227. Es necesario procurar el fortalecimiento de la Pastoral Social que sea promotora de la solidaridad en las diferentes esferas de la vida social: trabajo, salud, derechos humanos, justicia, paz, etc. Para avanzar en estas tareas, hay que procurar una vida ética y no sólo un acuerdo en torno a ciertos principios éticos; hay que promover la autonomía o la autodeterminación de los pueblos y la interdependencia de las naciones; es necesario promover la búsqueda de un nuevo concepto de desarrollo que tenga como punto de partida y de llegada a la persona humana y a toda persona; y hay que empeñarse en la inclusión de los excluidos, lo cual implica una acción de suplencia en aquellos lugares donde el poder publico se exime en cumplir sus obligaciones y apoyar a la ciudadanía a organizarse.

228. La Iglesia ha de colaborar para que el derecho al desarrollo integral se convierta en un deber para las personas, la sociedad civil, y el estado, de tal forma que se garantice la igualdad de oportunidades para todos, la participación de mujeres y hombres en la construcción de la sociedad, la vigencia de los derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales, la resolución pacífica de los conflictos, la protección del medio ambiente, la creación de empleo para todos, la solidaridad internacional, especialmente con los países en desarrollo y la distribución equitativa de los bienes.

4.5.2. Impulsar la vocación y misión de los laicos

229. La vocación de los fieles laicos posee una identidad secular muy propia que los debe llevar a transformar las realidades temporales en la vida familiar, social, laboral y política, a la luz del Evangelio90 . En este aspecto, un laicado, bien estructurado, con una formación permanente, maduro y comprometido es el signo de Iglesias particulares que han tomado muy en serio el compromiso de nueva evangelización91 .

4.5.3. Fortalecer una pastoral de la movilidad humana

230. La Iglesia ha de ser consciente de la situación problemática que padecen las personas en movilidad y se ha de esforzar por desarrollar una verdadera y eficaz atención pastoral entre ellas y para suscitar, al mismo tiempo, una actitud de acogida por parte de las poblaciones locales, convencida de que la mutua apertura será un enriquecimiento para todos (Cfr. EAm 65).

4.6. Comunicación

231. La globalización, que permite que una multiplicidad de mensajes llegue a todas partes e influya en la vida de todos, nos muestra la necesidad de llegar a todos con el mensaje del Evangelio y su oferta de vida nueva. En este ámbito distinguimos las siguientes tareas:

4.6.1. Impulsar la Pastoral de la comunicación

232. En la Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos de América, los Padres sinodales indicaron numerosas iniciativas concretas para una presencia eficaz del Evangelio en el mundo actual: el fomento de centros de producción cualificada; el uso prudente y acertado de satélites y nuevas tecnologías; la unión de esfuerzos para la adquisición y gestión de nuevas emisoras y redes de radio y televisión; y el sostenimiento periódico de publicaciones de calidad92 .

233. Cabe a la Iglesia empeñarse no sólo en hacer buen uso de los medios de comunicación y ayudar a formar una conciencia crítica frente a ellos –educando para la autorregulación, sin cesar en la búsqueda de una reglamentación ética–, sino también en promover su democratización.

234. Aprender los nuevos lenguajes de la comunicación, empleados sobre todo por los jóvenes, y entender las nuevas formas de estar en la sociedad, sin olvidar lo tradicional, es un desafío para el desarrollo de la nueva evangelización. Así mismo, es importante promover que todos los sectores de la Iglesia usen Internet de modo creativo para asumir sus responsabilidades y realizar la obra de la Iglesia.

4.6.2. Difundir el Magisterio de la Iglesia y la riqueza de la vida eclesial

235. Para que la evangelización sea oportuna, pertinente y eficaz, se requiere presentar de manera adecuada el verdadero rostro de la fe cristiana, que no es simplemente un conjunto de proposiciones que se han de acoger y ratificar con la mente, sino un conocimiento de Cristo vivido personalmente, una memoria viva de sus mandamientos, una verdad que se ha de hacer vida93 .

_____________

84 CONCILIO VATICANO II, Unitatis Redintegratio, 4.
85 Ibid., 6.
86 CONCILIO VATICANO II, Nostra Aetate, 2.
87 Cfr. JUAN PABLO II, Novo Millennio Ineunte, 40.
88 Cfr. JUAN PABLO II, Ecclesia in America, 69.
89 Cfr. JUAN PABLO II, Novo Millennio Ineunte, 46.
90 Ecclesia in America, 44.
91 Cfr. Documento de Santo Domingo, 103.
92 Cfr. Ecclesia in America, 72.
93 Cfr. JUAN PABLO II, Veritatis Splendor, 88.

Comentarios
Añadir nuevo Buscar
Escribir comentario
Nombre:
Email:
 
Website:
Título:
Código UBB:
[b] [i] [u] [url] [quote] [code] [img] 
 
Por favor introduce el código anti-spam que puedes leer en la imagen.

3.26 Copyright (C) 2008 Compojoom.com / Copyright (C) 2007 Alain Georgette / Copyright (C) 2006 Frantisek Hliva. All rights reserved."