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En el boletín anterior consideramos común para todos el misterio divino basado en la experiencia humana. Vimos el Espíritu como el compromiso personal de Dios con el mundo en su historia de amor y desastre, presencia de Dios que fortalece, dialécticamente activa en el mundo desde el principio y a lo largo de la historia. Más cercano a nosotros que nosotros mismos, su presencia exige una praxis de vida y libertad. Es una praxis que tiene nombre y apellido: "la Vida del Espíritu", o la vida espiritual. El tema de la espiritualidad, o sea la forma de vivir esta vida del Espíritu, ha tomado actualmente un lugar prioritario en las discusiones sobre la religión, por lo tanto, es de inmensa importancia para la pastoral.
Este mes queremos iniciar una serie sobre esta "Vida del Espíritu" desde varios puntos de vista, utilizando selecciones de una serie de conferencias ecuménicas. La visión amplia de la vida del Espíritu que abraza sus múltiples manifestaciones a través de la historia y las tradiciones religiosas, refuerza la posibilidad de un diálogo religioso más sincero basado en esta Vida que compartimos en común. Esperamos que sean provechosas para su reflexión personal y para su trabajo pastoral.
ÍNDICE
Los hombres y mujeres del Espíritu El proceso de llegar a ser La tradición Movimientos libres de la vida creativa Las características que marcan la Vida del Espíritu El proceso o línea de desarrollo
Creo en Dios como creo en mis amigos, porque siento el aliento de su afecto, su mano invisible e intangible que me guía, me sostiene… Una y otra vez me he visto suspendido sobre el abismo…, frente a una encrucijada, confrontado por la necesidad de elegir un camino y renunciar a todos los demás… y en estos momentos he sentido el impulso de un gran poder, consciente, soberano y amoroso. Y entonces, ante los pasos del peregrino, se abre el camino del Señor.
Miguel de Unamuno
La historia de la Vida del Espíritu que emerge y se muestra actuante bajo las formas más variadas en todos los grados de perfección, ha cobrado enorme importancia en nuestros días con su énfasis en la diversidad. Si entramos en el pasado con empatía, tal vez sea posible apreciar mejor la Vida del Espíritu, vista en la inmensa diversidad de temperamentos que han sido transformados a través de la historia humana. Detrás de esta diversidad será posible apreciar el carácter consistente y permanente de esta Vida, nuestra posibilidad de alcanzarla y la senda que debiéramos tomar para realizarla.
La historia no nos exhorta ni nos explica, sino que nos muestra ejemplos vivos que dan testimonio una y otra vez de la presencia irrefutable de un poder impulsor que existe en este mundo, poco entendido aun por aquellos inspirados por Él. Un poder que urge a las personas a trascender sus limitaciones materiales y conflictos mentales para vivir una vida creativa de armonía, libertad y alegría. El carácter humano emerge como uno de los intereses prioritarios y no se pierde nunca de vista. Hindú, budista, egipcio, griego, musulmán y cristiano -todos declaran con más o menos plenitud una senda de la vida, un camino, una curva de desarrollo que termina en su realización. La historia nos encara con hombres y mujeres de carne y hueso que han seguido este camino y encontraron la verdad de su promesa.
Los hombres y mujeres del Espíritu
En realidad es de suma importancia para nosotros que estos hombres y mujeres en verdad crecieran, sufrieran y alcanzaran la meta; que sintieran la presión de una vida más intensa y las demandas de un amor más auténtico. Sea como sea lo que las leyendas han añadido a sus historias, sus aventuras pertenecen, en su esencia, al reino de los hechos, son acontecimientos realistas y no simplemente fantasía y, por lo tanto, hablan no sólo a la imaginación sino también a nuestra voluntad. Si la vida espiritual no fuera una parte real de la historia, tendría solamente el interés que damos a un sueño noble; menos aun que el interés en la gran poesía, porque la poesía, por lo menos, es fruto del trabajo duro y apasionado del hombre para expresar, en imágenes concretas, los resultados de sus contactos trascendentales con la Belleza, el Poder o el Amor. Es el seguimiento de la vida concreta de un hombre, desde Nazaret al Calvario, lo que hace del cristianismo una revelación verdadera de Dios y no una respuesta gnóstica al acertijo del alma. De la misma manera, los reales y sólidos hombres y mujeres del Espíritu -comiendo, bebiendo, trabajando, sufriendo y amando, cada uno en las circunstancias de su propio tiempo- son las prendas, la seguridad de nuestro propio destino y poderes latentes -la capacidad del cristiano de "crecer en Cristo". Estos poderes, esta capacidad, están realmente presentes en la raza humana misma y son totalmente independientes del sistema religioso específico que los puede despertar, alimentar y hacer crecer.
Entonces, para librarnos de cualquier sospecha de un vago romanticismo respecto a los tipos indefinidos de la perfección, y, a la vez, asir fuertemente la vida concreta, hagamos un esfuerzo para entrar en la historia y observar la calidad de vida de algunos de los grandes ejemplos de la espiritualidad dinámica y los movimientos que ellos iniciaron. Solo será posible seleccionar algunos, pero elegiremos aquellos que siguieron un curso normal a niveles más altos, que varían mucho en temperamento pero muy poco en su meta y realización de esta vida controlada por el Espíritu y teñida con la Vida Eterna. Para que esta percepción de la historia sea realmente educativa para nosotros, será necesario evitar el punto de vista convencional de la historia como una mera crónica de acontecimientos pasados y de los personajes históricos como especímenes preservados por la taxidermia, exhibidos frente a un trasfondo unidimensional. Tampoco debiéramos pensar en las épocas del pasado como si hubieron sido siglos de fe totalmente separados de nosotros, o considerar a los santos como una especie peculiar que vivía en ambientes perfumados de incienso, menos humanos que nosotros, con menos limitaciones. Tales ideas son completamente falsas y vacías de contenido histórico, y cuando las aplicamos a los héroes acreditados por el Espíritu, son verdaderamente venenosas; desgraciadamente son también demasiado comunes. Benedetto Croce observó que la misma condición de la existencia de la historia real es que el hecho que celebramos debiera vivir y estar presente en el alma del historiador; debiera ser realizado emocionalmente por él ahora como un hecho concreto con el peso del significado. Debiera responder a un interés actual de la raza, no a un interés del pasado. Solo así puede transmitirnos el conocimiento de su verdad interior. (1)
Cuando el espíritu vivo presente en nosotros se encuentra con el espíritu vivo del pasado, nuestro plazo de tiempo se amplifica, la historia nace de nuevo en la actualidad y se hace contemporánea, amplificando y profundizando así nuestra experiencia vital. Llega a ser no sólo un real modo de vida para nosotros, sino también un modo de vida social. En verdad, sin reingresar a la "corriente del tiempo" no sería posible desafiar la tradición y alcanzar por nosotros mismos una verdadera integración de la existencia. Desde este punto de vista, el desprecio de la tradición es el rechazo de todos los dones que el pasado nos puede regalar y la separación completa de la experiencia acumulativa del género humano. El Espíritu, nos recuerda Croce, (2) es historia, hace historia y es el resultado vivo de toda historia anterior; puesto que la realidad esencial es "el proceso de llegar a ser", la fórmula creativa de esta Vida en la cual nos encontramos sumergidos.
"El proceso de llegar a ser"
Quiero aproximarme al aspecto histórico de la Vida del Espíritu desde este mismo ángulo, entrando al pasado a través de la imaginación empática, rechazando la posibilidad de ser desviado por características superficiales, buscando los factores de la vida regenerada, los rasgos que persisten y tienen significado, para poder lograr estar cara a cara con los hombres y mujeres de vida intensa que los han manifestado. No será fácil. Al estudiar experiencias como éstas, es necesario recordar que los hombres y mujeres del Espíritu son miembros de dos órdenes. Tienen lazos que los ligan tanto con el tiempo como con la eternidad. Sus experiencias características no son temporales, pero sus pies están puestos en la tierra; la tierra de sus tiempos. Por lo tanto, dos factores aparecerán inevitablemente en estas experiencias: uno tiene que ver con la tradición; el otro, con los movimientos libres de la vida creativa. Y si nosotros queremos entender bien, será necesario discernir entre los dos. En esta capacidad de tomar del pasado y empujar adelante hacia el futuro -el equilibrio que se mantiene entre la estabilidad y la novedad o innovación- es donde encontramos una de sus características más perdurables. Cuando este equilibrio se rompe -cuando hay demasiada sumisión a la tradición y autoridad, o al contrario, un rechazo demasiado violento- no se logra la plenitud de la grandeza.
La tradición
En las vidas completas dos cosas parecen engarzar tan perfectamente que no se hace ninguna distinción entre los dones de autoridad y la experiencia fresca. Suelen usar fórmulas tradicionales porque están conformes con la vida, iluminan los rincones de nuestros espíritus y dan nombres a las experiencias que queremos definir. Son usados hechos ceremoniales para actualizar contactos libres con la Realidad. No debiera sorprendernos que ellos puedan hacerlo, puesto que la tradición representa la cristalización y transmisión a través de símbolos, de las experiencias de la humanidad. Por lo tanto, el hombre y la mujer del Espíritu siempre aceptarán y utilizarán alguna parte de la tradición y, a menos que no lo hagan, serán de mucha ayuda para sus semejantes.
Entonces, no debieran ser desacreditados por el sistema simbólico que adoptan; es necesario dejarles contar su novedad a su manera. No debiéramos rechazar encontrar la realidad dentro del relato del hindú acerca de su alegre y vital comunión con Ram, menos aún rechazar la descripción de un cristiano sobre su relación personal con Cristo. Ellos son todos hijos de tradición, ocupan un lugar en la corriente de la historia y son normalmente mejores, no peores, por haber aceptado este hecho con todo lo que involucra. Por otro lado, el peso de la tradición presiona al alma leal y humilde, a interpretar sus intuiciones espirituales de acuerdo con lo que otorga su iglesia con su credo y su particular ambiente. Santa Catalina de Génova, Sta. Teresa de Ávila y aun Ruysbroeck describen su comunión con Dios en términos estrictamente católicos y así enriquecen, renuevan y explican el contenido de estos términos para aquellos que les siguen.
Para Fox, Wesley y Blake, fue imposible armonizar su visión de la realidad con la esterilidad de la iglesia de su tiempo; buscaban alguna tradición con qué mantener contacto. Fox, fundador de los Quáqueros la encontró en la Biblia; Wesley en el cristianismo patrístico, y aun el sistema profético de Blake tiene conexiones cristianas. Ellos no se consideraron mensajeros de novedades o innovaciones sino restauradores de la verdad perdida. Pues bien, es necesario discriminar el elemento de novedad o innovación del elemento de estabilidad, y la realidad de la intuición, la curva de crecimiento y la situación moral del lenguaje simbólico y tradicional en que se expresan. El método comparativo nos ayuda y, por lo tanto, no es, como algunos pretenden, siervo de escepticismo sino el revelador del Espíritu de la Vida en la variedad de sus dones. Aquí sería útil recordar que el tiempo, al igual que el espacio, es de importancia secundaria para nosotros. En comparación con las épocas de preparación, los millones de años de la existencia animal y sub-humana, la Vida del Espíritu, tal como aparece en la historia humana, podría ser mirada en forma simultánea más bien que sucesiva. Podríamos utilizar las imágenes del poeta Donne en su discurso sobre la Eternidad y decir que los héroes y heroínas de la vida espiritual, que muchas veces se consideran como anticuados o medievales, eran como "un macizo de flores, algunas recogidas a las seis, algunas a las siete, algunas a las ocho -todas en una sola mañana con respecto al día de hoy."
Al mirar a estos hombres y mujeres así, se acercan más a nosotros y nos ayudan a dejar de lado meras diferencias de lenguaje y apariencia, nos ayudan a entender el carácter cálido, viviente y contemporáneo de toda verdad histórica. Nos preservarían también del error común de discriminar entre las llamadas edades de fe y la nuestra. Mientras más estudiamos el pasado, más clara es la percepción de que no hay edades de fe. Estas etiquetas meramente representan los cortes arbitrarios que hacemos en la corriente del tiempo, los colores arbitrarios que les damos. El hombre o la mujer espirituales son fundamentalmente el mismo hombre y la misma mujer que siempre tienden la mano con la misma fe y amor hacia el corazón del mismo universo, contando esta fe y amor en varias lenguas.
Movimientos libres de la vida creativa
Sin embargo, respecto a su tiempo, son menos hijos que transformadores. Su trabajo mundano es traer la novedad, la innovación, la nueva realidad, la vida fresca. Puesto que vienen para cumplir y no para destruir, utilizan para sus fines las tradiciones, credos y aun las instituciones de su tiempo. Pero cuando terminan con ellos, no parecen iguales. Cristo ha sido llamado con razón un revolucionario constructivo, sin embargo cada elemento individual de su enseñanza se encuentra en la tradición judía, y sus seguidores más nobles tienen el mismo carácter. San Francisco de Asís sólo quiso aplicar, en forma consistente, la enseñanza del Nuevo Testamento y Sta. Teresa de Ávila quiso lo mismo respecto a la Regla Carmelita. Los experimentos de San Benito, San Franciso, Fox y Wesley no eran los productos naturales de las edades de fe. Ellos representaron la rebelión de un alma heroica contra la apatía y decadencia de su ambiente, el empuje de la novedad o innovación, un rompimiento con la sociedad, el nuevo uso de la tradición envejecida -todo en armonía con los nuevos contactos con el Espíritu. La grandeza no suele estar en armonía con su propia época y la grandeza espiritual menos que nada. Normalmente cuando aparecen se muestran sorprendentemente modernos, incluso excéntricos.
Cuando reingresamos al pasado encontramos allí el conflicto persistente entre la novedad o innovación y la apatía, es decir, entre el instinto del hombre para la trascendencia donde discierne la presión del Espíritu y la prenda de su futuro, y la tendencia a quedarse atrás en los niveles animales, bajo la presión de su pasado racial. Respecto al individuo, el verdadero significado de la religión iluminada por la gracia está en este instinto hacia la trascendencia, y gran parte de lo que constituye su pecado está en su tendencia a la regresión. Los ejemplos más notables de este movimiento de la vida hacia la libertad son aquellas personas que llamamos hombres y mujeres del Espíritu. El Espíritu se encarna en ellos y a través de ellos se difunde y alienta y anima a la humanidad, porque la transformación de estos individuos nunca es solamente para ellos mismos sino para todos aquellos que les siguen. Sin embargo, cuando su influencia desaparece, el movimiento y la Vida emergente del Espíritu se ven amenazados por una tendencia descendente que arrastra al grupo hacia atrás, a un nivel más mediocre. Por lo tanto, la historia del Espíritu y de todas las iglesias, incluye una serie de movimientos fuertes hacia la Vida realizada inspirados por personalidades trascendentes. Aunque con el tiempo se frustran por la indolencia común y la tendencia a la mecanización, vuelven a renovarse en forma perpetua. No hay por qué pensar que esta historia es un libro cerrado o que la vida espiritual, que lucha por emerger entre nosotros, seguirá otras leyes.
Queremos entonces descubrir lo que estas personalidades trascendentes poseyeron. Desde nuestro actual punto de vista, no todos nos atraen; tal vez su visión del universo puede no ser la nuestra pero, eso sí, poseyeron verdades y valores que gran parte de nosotros no tenemos. Cuando observamos su carácter, nobleza y amor, y vemos sus obras, sabemos que nos confrontamos con una calidad de ser que no tenemos. Por lo tanto, hay dos tipos de preguntas que debiéramos dirigir a la historia: primero, respecto a las características que marcan esta Vida del Espíritu; segundo, respecto al proceso o línea de desarrollo por la cual el individuo adquiere estas características
Las características que marcan la Vida del Espíritu
La primera característica, la calidad central y la fuente esencial del poder en estos hombres y mujeres es su concentración en un solo propósito. Ellos se dirigieron hacia Dios a través de esfuerzos permanentes, serios y heroicos para integrar su vida alrededor de los más altos valores. El Nuevo Testamento nos convence de que el hecho central de la vida de Jesús fue el sentido constante de su conexión directa con su Padre y su responsabilidad frente a Él. Sus enseñanzas y obras de caridad fueron inspiradas por esta unión y él mismo declaró que no era algo exclusivo para él, sino un ideal humano posible para todos. Vemos esta misma característica en hombres y mujeres santos de todas las grandes tradiciones religiosas. Y por una paradoja que se repite una y otra vez en la historia, esta misma profunda concentración y devoción a lo espiritual y eterno hace surgir abundantes frutos en la esfera temporal, dando la fuerza para hacer lo difícil y la caridad creativa para ganar y redimir lo insoportable, irritante e ingrato. Ninguna benevolencia o pastoral social puede tomar el lugar de este esfuerzo de centralizar el espíritu en los valores eternos. Pensar de otra manera es ir contra la lección de la historia, equivocándose al tomar el efecto por la causa.
La segunda característica notable es que estos hombres y mujeres casi nunca responden a la idea popular de los contemplativos pasivos. No se retiran de la corriente de la vida natural y de los esfuerzos humanos sino que se sumergen en ellos, buscando su mismo corazón. Vemos a Benito, Bernardo, Francisco, Teresa e Ignacio organizando familias nuevas; a Catalina de Siena y Hildegarda con sus intereses políticos; a Catalina de Génova administrando su hospital; a Vicente de Paul, un genio en la esfera de la caridad organizada, y a Jacobo Boehme un zapatero ordinario que llegó a ser un escritor con grandes capacidades de composición. Usaban sus poderes en forma plena y su estilo sobre la existencia tenía una calidad artística.
La tercera característica notable es el poder de reproducir esta Vida, incorporándola en un grupo. A través de este poder grandes grupos y sociedades fueron fundados o renovados y llevados a niveles de florecimiento; contagiaban a multitudes con sus ideales, revelando una belleza nueva, y las estimulaban a ir hacia una vida nueva. En cada gran impulso de avance a una vida nueva podemos mostrar que su destello proviene de un punto singular de luz - la transfiguración de un alma individual. Lo vemos en Jesús cuya comunión con su Padre fue el centro, el punto de contacto con la eternidad, desde donde brilló la alegría y poder del primitivo rebaño cristiano. A otro nivel y a través de la inspiración de otros maestros, la historia nos muestra este fenómeno en otras tradiciones religiosas. Buda y Mahoma fueron centros creativos, revelando el Espíritu y ofreciendo vida nueva a sus seguidores.
Es característica del tipo regenerado desbordar sus propias fronteras y compartir esta energía con otras almas. Los grandes místicos reconocen que el poder creativo y fertilizante es la marca de la plena vitalidad del alma. La historia ofrece una multitud de ejemplos de esta ley: que el hombre y la mujer del Espíritu son fundamentalmente dadores de vida; todo logro colectivo de la vida del espíritu fluye de algún iniciador y es fruto de su ministerio. El logro es manifestación de la conciencia de grupo que emerge en forma concreta gracias al poder y atracción de una vida plenamente armonizada que contagia a todos con su sentido agudo de la realidad Divina. Los poetas y artistas contagian a los que caen bajo la influencia de su visión; por su parte, el místico que es poeta de la Vida Eterna, hace lo mismo en un grado mucho más alto. Vemos este fenómeno en el grupo que siguió a Jesús, en los hombres pobres que formaron la familia de Francisco, en el monaquismo de Benito, en los derviches sufís que se entregan en manos de su sheikh, en los hindúes con su gurú. La historia nos enseña que de hecho, Dios educa a los hombres a través de los hombres. Es más fácil además reconocer el Espíritu percibido en la transformación del carácter humano y también más fácil alcanzar esa transformación a través del contagio empático. Un análisis cuidadoso nos revelaría hasta qué punto el ambiente, la tradición, la enseñanza literaria u oral han preparado el camino para lo que pareciera una irrupción espontánea de la novedad o innovación.
El proceso o línea de desarrollo
Seguimos con nuestras preguntas a la historia, esta vez respecto al proceso por el cual los individuos normalmente desarrollan esta Vida del Espíritu y los cambios consecutivos que se requieren, lo que obviamente es de inmensa importancia para nosotros. La plena interioridad de estos cambios será considerada cuando tratemos el aspecto personal de la vida espiritual. Aquí solamente estamos observando que la historia tiende a establecer la repetición constante de un proceso normal, reconocible en personalidades carismáticas de diferentes niveles de grandeza, bajo las etiquetas otorgadas. Es un proceso por el cual el "yo mismo" se mueve desde su comunicación casi exclusiva con el orden temporal hacia una correspondencia más plena con toda la realidad, a una unión con Dios que es característica de la vida espiritual. Creemos que esta vida, en alguna forma y grado, es posible para todos pero la estudiamos mejor al nivel heroico porque ahí los momentos del proceso están marcados con más claridad y sobreviven los datos más completos.
El primer momento: Aquí la persona se muestra desilusionada con la vida en la forma en que la ha vivido y con el mundo como lo ha conocido. Esta desilusión e insatisfacción poseen a la persona. Como consecuencia, su intuición que nace de la posibilidad de otra vida por la cual fue creada pero que permanece fuera de su alcance, resulta marcada por lo negativo. Podemos ver claramente este momento inicial en San Benito, disgustado por la vida insensata de la sociedad romana; en San Francisco, abandonando su alegre y exitosa vida social; en la inquietud desmoralizada de Sta. Catalina de Génova; y en William Fox que buscaba desesperadamente "algo que pudiera responder a su condición." Esta insatisfacción, a veces asociada con una visión negativa de pecado o, al contrario, con un anhelo positivo de santidad y paz, es la preparación mental para la conversión. Suele aparecer en un cambio crucial de actitud, alguna crisis interior que marca el inicio de una nueva Vida que se dirigirá solamente a Dios. También encontramos un motivo para el abandono del mundo que tan frecuentemente sigue a la conversión, sobre todo en las almas heroicas. De este modo, San Pablo se esconde en Arabia, San Benito vive años en la cueva de Subiaco, San Ignacio va a Manresa, Sta. Catalina de Siena vive solitaria en su pieza. Otros eligieron métodos más tranquilos para encontrar el autoconocimiento y la soledad que necesitaron. La historia nos asegura que no existe manera fácil para pasar desde una vida totalmente terrenal a la Vida del Espíritu.
El segundo momento: Una causa secundaria del rechazo del mundo es el despertar inicial de los poderes contemplativos, hasta entonces dormidos. La persona experimenta la realidad y atracción de la intuición de la Eternidad que parece estar en conflicto con el mundo y la vida activa no sublimada. Sta. Teresa de Ávila se sintió atormentada durante años por el conflicto entre los intereses de las relaciones humanas y la insistencia de la voz que la llamaba a la oración y autodisciplina solitarias. Si la desilusión marca el inicio del primer momento del proceso, se puede decir entonces que alguna medida de ascetismo y dolorosa autoeducación probablemente marcará el segundo momento.
Lo que estamos observando aquí es la reconstrucción completa de la personalidad; una personalidad que ha crecido generalmente en forma incorrecta. Será probablemente un asunto difícil y doloroso y, de hecho, la historia nos asegura que es así y además que la vida espiritual para gozar del calor de la luz divina nunca será lograda si se toma la línea de menor resistencia. El rechazo del mundo va de la mano con el austero conflicto moral que dura años y tiene como fin la conquista del "yo mismo" en todas sus formas complejas. Dicen los sufís: "Da un paso fuera de ti mismo y llegarás a Dios". Este paso es el acto más difícil de la vida pero, impulsadas por amor, las personas humanas lo han dado una y otra vez. Boehme insiste en que "El hombre debiera estar en guerra contra sí mismo si quiere ser ciudadano del cielo… luchar debiera ser la contraseña, no con la lengua y la espada sino con la mente y el espíritu; luchar y nunca entregarse." La necesidad de este tipo de conflicto, tan evidente en la historia, se explica al nivel humano por la psicología. Al nivel espiritual se hace evidente para aquellos cuyos corazones han sido tocados por el amor de Dios. Todos los que logran la Vida del Espíritu debieran caminar por este camino, sometiendo sus voluntades erráticas y sublimando el poder de sus impulsos animales. Los largos esfuerzos traen como recompensa la unificación del carácter y una afluencia de poder y aquí vemos emerger el hombre o mujer maduros de Espíritu. El largo conflicto duró cuatro años en la vida de Sta. Catalina de Génova, treinta años para Sta. Teresa; y el poeta y místico William Blake sufrió el dolor del conflicto mental por veinte años, excluido de las fuentes de su vida espiritual. Crecer a su estatura plena y someter sus fuertes impulsos a una sola idea imperante es un proceso largo y muy lento en las grandes personalidades.
El tercer momento: El final del conflicto, la unificación del yo mismo y su establecimiento en la nueva vida, normalmente significa la vuelta del alma regenerada a este mundo del cual se retiró. Aquí tomará de nuevo una existencia plena de energía totalmente consagrada, que debiera expresarse en el trabajo, en la oración y en la capacidad de liderazgo que es la marca de una mente regenerada. De este modo vemos al santo budista volviendo del mundo absoluto de la meditación para salvar a todos los seres vivos; a Benito y Catalina de Siena que vuelven para empezar sus grandes obras; a Teresa, para la creación de nuevas familias y centros de vida contemplativa; a Ignacio, para fundar su gran orden religiosa y a tantos más que encontraron armonía profunda con la Eternidad y sus intereses.
Donde aparecen grandes hombres y mujeres del Espíritu, se refuerza y estimula la tendencia de seguir este proceso presente en todo el género humano. Como otros artistas, fundan escuelas donde la vida espiritual se enciende y se esparce a todos aquellos que están dentro de su círculo de influencia. A través de ellos, otros hombres y mujeres comunes y corrientes obtienen la oportunidad y el ímpetu de crecer. Podemos decir que sus vidas reproducen, tal vez en grado menor, la vida de su líder. Entonces podemos ver que tanto los líderes como sus seguidores son seres humanos normales. También es posible para nosotros sanar la fractura que hay en nuestra naturaleza moral, aprender a juzgar la existencia a la luz universal y hacer consciente nuestro sentido trascendental latente. Nos hará tan espiritualmente flexibles que en momentos de tensiones y conflictos, como en horas de oración y silencio, será posible permanecer conscientes de la presencia misteriosa, plena de energía, de nuestro Dios. La psicología sugiere que las grandes personalidades reveladas en la historia son instancias supremas del proceso de autoadaptación y de una manera de vivir que es siempre accesible al amor y coraje de cualquiera que quiere emprenderla.
Hemos incluido extractos de las conferencias de Evelyn Underhill presentadas en Manchester College, Oxford en 1921. Escritora británica, apologista y mística, fue altamente apreciada por su claridad teológica y su gran sentido común. Más de 80 años después de su presentación, encontramos que sus palabras muestran la misma frescura y aplicación de antes. Estas conferencias fueron publicadas en "The Life of the Spirit and the Life of Today", Harper & Row, San Francisco, 1922.
Notas:
(1) Theory and History of Historiography, trans. Douglas Ainslie. (2) Idem. P. 25
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