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¿Qué está pasando hoy, en términos del movimiento del alma, bajo la superficie de los eventos históricos del mundo? ¿Cómo están esos eventos plasmando nuestra fe, nuestra mirada del bien y del mal? ¿Acaso existen elementos que podrían apoyar nuestra esperanza? Como personas de fe, ¿cuáles son las cosas que deberían preocuparnos?
Una vez más, ofrecemos las reflexiones del P. Ronald Rolheiser, OMI, frente a nuestra realidad occidental. Esperamos que sean provechosas para Uds., personalmente y para sus ministerios. Reiteramos el real interés que tenemos de recibir la opinión suya respecto a los boletines y los temas que tocamos.
ÍNDICE
Introducción I.- Reacciones espontáneas frente al momento actual II.- Nombrando el momento actual en términos de esperanzas y preocupaciones III.-Resumen: La esperanza y la preocupación dentro del momento actual IV.- Elementos para una respuesta
Introducción:
Unos años atrás, David Tracy publicó un ensayo titulado: Nombrando el presente. Fue un esfuerzo por nombrar religiosa y filosóficamente el momento actual que estamos viviendo. Esta reflexión, en forma más modesta, pretende algo similar. Voy a tratar de nombrar este momento nuestro en términos de las esperanzas y preocupaciones que aporta para los creyentes.
Alguien ha dicho en el pasado que “no es posible reparar o sanar todo pero eso, sí, debería ser nombrado en forma correcta.” Lo que quiero hacer aquí, dados los límites de espacio, es precisamente: nombrar y no tratar de explicar todo. El resultado será más un esqueleto que una tesis detallada. Mi esperanza es que este esquemático listado de las esperanzas y preocupaciones que nos trae el momento actual, pueda servir como marco para el desarrollo en las áreas de espiritualidad y teología pastoral. En el esfuerzo por nombrar algo, sería valioso empezar con las reacciones de la gente frente al momento actual. I. - Reacciones espontáneas frente al momento actual
Estas reacciones se pueden reducir a tres. En primer lugar, la modernidad. Esta versión tiene como sus valores más altos la racionalidad y la tecnología. Percibe que la vida y la cultura occidental son superiores al resto del mundo; que los derechos individuales superan todo lo demás y que la evolución en alguna forma sigue triunfando en la historia a pesar de los problemas. La modernidad considera como inevitable y bueno lo que está pasando. El futuro será como el presente, solo que mejor.
La segunda reacción es la contra-modernidad. Hay personas que ven el momento actual como problemático, al haber sido destruidas las tradiciones y valores claves que nos han sostenido por miles de años. Para el anti-moderno, seguir en este camino significaría la muerte de todo sentido moral y probablemente de la vida misma. Para él, es necesario retirarse al pasado para reclamar los valores de entonces, incluyendo el valor de sacrificarse por la comunidad, superior a los sobreestimados derechos individuales. Clama a favor de la religión, de los valores y la forma de organizarse a la manera antigua. Para el contra-moderno, identificado muchas veces con el conservatismo, el presente es malo.
La tercera reacción se titula posmodernidad, que sospecha tanto del pasado como del presente. Los posmodernos no están fascinados con la racionalidad, el Occidente, la tecnología, la ciencia, la globalización, el Internet o cualquier cosa identificada con el progreso. Tampoco están fascinados con la tradición como los están los contra-modernos. Para el posmoderno, existen muchos centros (no sólo Occidente), muchos sentidos (no sólo la racionalidad y lo que produce), muchos caminos a la verdad (no solamente aquellos de los liberales y conservadores), y no existe ninguna claridad sobre lo bueno o lo malo del momento actual. Para el posmoderno, la esperanza está en la calidad de ser Otro, en lo que es marginado, en el místico, en el artista. Para el posmoderno, el momento actual es tanto bueno como malo.
El liberal, el conservador y el posmoderno, cada uno a su manera, apuntan a diferentes fuerzas y debilidades dentro del tiempo presente. En estas reacciones diferentes podemos ver, en forma precisa, las esperanzas y preocupaciones dentro del momento actual. Ahora, en términos de su modo de impactar en nosotros como creyentes ¿cuáles son específicamente esas esperanzas y preocupaciones? II.- Nombrando el momento actual en términos de esperanzas y preocupaciones
A. Secularización y la explosión de tecnología e información
Lo más obvio y más analizado dentro del momento actual son los fenómenos de la secularización y la explosión de tecnología e información. Hay bibliotecas enteras sobre el tema; mi intención aquí no es tratar de ofrecer una síntesis sino subrayar solo dos elementos:
1) La dimensión religiosa de la vida diaria ha sido marginada y segregada de tal forma que nuestra conciencia común y ordinaria es, en gran parte, agnóstica, y tenemos, actualmente, el curioso fenómeno de incredulidad entre los creyentes.
En gran parte, vivimos en una cultura post cristiana en la cual la cultura ya no conduce a la fe ni la transmite. Hoy en día, creer en algo de modo serio es encontrarse como parte de una minoría cognitiva; ser, de hecho, un desorientado cognitivo. Años atrás, mientras enseñaba en la universidad de Yale, Henri Nouwen comentó que aun entre los seminaristas que se preparaban para el ministerio, la conciencia dominante era agnóstica. Esencialmente, Dios no tiene lugar en la conciencia común de la cultura y, aunque sea sorprendente, tampoco en la conciencia común y ordinaria de los creyentes. Hoy, el problema de la incredulidad es casi tan agudo en los círculos religiosos como fuera de ellos. Este fenómeno es propio de la historia reciente.
2) Un pluralismo abrumador, excesivamente rico y desorientador
Somos una cultura rica en casi todo, menos claridad. Estamos virtualmente ahogándonos en la información, en nuevos descubrimientos, en entretención, en ideologías, en valores, en elecciones religiosas, en opciones personales, en la explosión tecnológica e informática que hace casi inmediatamente obsoleto gran parte de lo que aprendemos y compramos. Este hecho influye más que las decisiones que hacemos sobre computadores y “software”. En forma más profunda plasma nuestras psiquis y nuestras almas. Los efectos son tanto positivos como negativos. Subrayamos solo dos:
* Estamos perdiendo, día a día, nuestra capacidad de síntesis
Somos una cultura y un pueblo con gran capacidad de análisis pero poca de síntesis. Hoy sabemos mucho sobre muchas cosas pero es más y más difícil formar una imagen de la totalidad. Es, especialmente, el caso con la juventud, y particularmente grave en las áreas de los valores, la ideología, la espiritualidad y la religión. Vemos más y más eclecticismo que, aunque sea muy rico, también confunde y desorienta. En consecuencia, cada vez menos personas pueden formarse por sí mismas una visión -política, moral y religiosa- que sea, de alguna manera, íntegra e internamente congruente, capaz de distinguir lo esencial de lo accidental.
* Existe una psicología de naturaleza transitoria
Somos una cultura de mucha experiencia pero con poca capacidad para el compromiso. Tenemos gran apertura pero poca confianza. Es cada vez más difícil para nosotros creer en algo permanente, incluyendo el compromiso en las relaciones personales y dentro de la religión. No es ninguna sorpresa, dado que esperamos que casi todo lo que sabemos luego quedará obsoleto. Entonces, no es difícil darse cuenta que la secularización y la explosión tecnológica e informática, en verdad, cambian la forma del alma. Veremos que es una “bendición mixta”, es decir, algo no tan malo como la mayoría de los analistas conservadores paranoicos nos tratan de mostrar, ni tan bueno como los ingenuos analistas liberales nos sugieren. El secularismo es una veta muy rica, pero no es del todo un manantial de pureza. Lleva consigo elementos significativos, tanto de esperanza como de preocupación, para el creyente de hoy. Sin embargo, todavía estamos en la superficie. Secularismo y explosión tecnológica e informática tienen una cara escondida que es más importante. Bajo la superficie, muchas cosas están fermentando. ¿Cuáles son?
B. Debajo del secularismo: tres grandes divorcios con sus seis grandes áreas en ebullición
1) Espiritualidad vs. eclesialidad
Algo extraño está pasando hoy en Occidente. En la medida en que el número de personas que participa en las iglesias va decreciendo, el número interesado en la espiritualidad va aumentando proporcionalmente. Estamos presenciando una caída drástica en la vida eclesial en medio de un renacimiento espiritual. ¿Qué está pasando? Está sucediendo un divorcio entre la espiritualidad y la eclesialidad, entre aquellos que se entienden como buscadores espirituales y aquellos dentro de nuestras iglesias. Tomamos el ejemplo de un sujeto que se entiende como alguien en búsqueda espiritual. Para él, el camino de espiritualidad no es el camino de la religión organizada. Para él, cada religión empieza con las respuestas, pero la búsqueda espiritual empieza con las preguntas. Para él, a diferencia de la religión, en la espiritualidad uno no se entrega, uno no obedece de buenas a primeras. Esta posición es típica de millones de hombres y mujeres del Occidente. Estas personas quieren fe pero no quieren la iglesia; las preguntas, pero no las respuestas simples; lo religioso, pero no lo eclesial; la verdad, pero no la obediencia. Suelen sentirse amargadas con la iglesia donde una vez participaron.
Pero este divorcio no es de un solo lado. El reverso es igualmente cierto. Tenemos muchos practicantes que quieren la Iglesia pero no la fe; las respuestas, pero no las preguntas; lo eclesial, pero no lo religioso; la obediencia, pero no la verdad. El efecto de este divorcio es de separar dos cosas que, idealmente, debieren enriquecerse mutuamente: la espiritualidad y la eclesialidad. Hoy están demasiado aisladas una de otra. Es irónico que jamás ambas hayan tenido una riqueza tan profunda que ofrecer como ahora. Desafortunadamente, en las formas en que se han desarrollado hoy, ambas conllevan sus propios peligros.
Tomémoslas a cada una en términos de lo que pueden ofrecer vis-à-vis la esperanza y la preocupación para el creyente.
a) La espiritualidad
¿Qué es lo que nos da esperanza cuando miramos hoy esa rica ebullición que la mente popular nombra como “la espiritualidad”? Entre otras cosas, debiéramos notar lo siguiente.
- Su apertura, su tolerancia, su sentido de interconexión y universalidad y su deseo de armonía. - Su énfasis en la paz, la justicia y la integridad de la creación. - Su posición sobre “género” y “raza”. - Su sentido de la estética y su valorización de la belleza. - Su sentido de la bondad de Dios y del perdón. - Su búsqueda entre las grandes tradiciones religiosas y aquellas tradiciones sapienciales dentro de las grandes mitologías culturales.
Elementos de esta ebullición que podrían causar preocupación para los creyentes:
- Su actitud algo ingenua frente a la energía, sobre todo la energía espiritual y sexual, i.e., su excesiva impaciencia por desprenderse de los tabúes del pasado. - Su tendencia hacia un Dios impersonal. - Su capacidad de dividir en segmentos o compartimientos la vida, la moralidad y aun Dios, para dejar ciertas áreas eximidas del escrutinio religioso y moral. - Su actitud adolescente frente a su pasado cristiano, junto con una proyectada cólera nociva. - Su inocencia con respecto al lugar y la importancia de la familia. - Su incapacidad, en general, de despertar el compromiso y el sacrificio personal.
b) La eclesialidad
¿Cuáles son los elementos que deberían darnos esperanza cuando consideramos las iglesias?
- Son las responsables de una rica y profunda tradición de revelación. Llevan miles de años de experiencia religiosa, incluyendo la de innumerables santos. - Su perpetua renovación interna en términos de teología, escrituras, liturgia, sensibilidades morales e impulso por la justicia. - Su demanda innegociable por comunidad real. - Su rechazo, por lo menos en teoría, de la tendencia a dividir y fragmentar la religión, la moralidad y Dios. - Su concepto de un Dios personal. - Sus tabúes y limites, probados a través del tiempo, respecto a nuestra relación con la energía vital, la sexualidad y la familia.
¿Cuáles son las causas de preocupación cuando miramos lo que está actualmente pasando dentro de las iglesias?
- Nuestra propia infidelidad e incapacidad de realizar nuestros propios ideales. El ateísmo vive como parásito de esta infidelidad e incapacidad. - Nuestras luchas internas –entre y adentro de las denominaciones. A veces la preocupación parece ser ganar puntos ideológicos más bien que transmitir la fe a nuestros hijos en forma colectiva. - Nuestra tendencia a divorciar la sabiduría de la vida, i.e., muchas veces parecemos tan insípidos, sin humor, blandos, antieróticos, antiestéticos, que seguramente seríamos escandalizados por Jesús de Nazaret.
2) La vida vs. la sabiduría
¿Con cuánta frecuencia nos parece que lo que pasa en nuestras iglesias se manifiesta como muerto, estéril, motivado por la obligación, en contraste con el pulso poderoso de la vida que literalmente explota en nuestra juventud, en las estrellas Rock, en nuestros atletas, en nuestros comediantes y programas televisivos y, de tanto en tanto, en nuestro mundo? Parecen ser mucho más libres y llenos de vida porque están desprendidos de las iglesias. Una y otra vez, parece que la vida, el color y la energía tienen su fuente en otra parte, y no en la fe ni en la Iglesia. Gran parte de la energía real que mueve nuestro mundo –y no solamente en términos de codicia y lujuria- simplemente no emana de las iglesias. Gran parte de la dicha, amor, sabor, gusto y color tienen su origen en otras fuentes.
Suele confundirse la vida y la sabiduría o falta distinguir entre ellas. Vemos mucha vida, energía cruda, erotismo, color, humor, inteligencia, belleza y salud, divorciados de la sabiduría y de lo que mantiene a la comunidad reunida en su corazón. Por eso, algo puede ser brillante, divertido, bello, sano y lleno de energía pero, incapaz de tratar con asuntos como el sentido, la comunidad, la familia, el sufrimiento, la muerte, las heridas y el perdón. Pero el reverso es también cierto. Vemos la sabiduría sin conexión con la energía, el erotismo, color, humor, inteligencia, belleza, etc. Por esta razón, suele suceder que alguien puede tratar con los asuntos de sentido, dolor, la muerte y el perdón y ser incapaz de irradiar energía o salud. Uno va a la Iglesia para encontrar la sabiduría, no para divertirse. Por lo menos es cierto hoy en día. Así que vivimos en una cultura donde la vida y la sabiduría están demasiado separadas; ni la vida vivifica suficientemente la sabiduría, ni la sabiduría inicia vida. Cada cual se queda por su lado... cada una, un abono fértil que contiene las esperanzas y preocupaciones del creyente.
¿Cuáles son estas esperanzas y preocupaciones?
a) La vida
Al observar las ricas fuerzas de la vida que nos rodean y pulsan dentro de nosotros, aunque trágicamente muchas veces secularizadas y aun contra-eclesiales ¿qué es lo que debiera darnos razón para esperar?
- Vemos las caras múltiples de Dios en la belleza, poder, color, humor y bondad de su energía cruda y sus logros. - El arte que crea. - Sus logros tecnológicos (desde las medicinas hasta el Internet) que mejoran la calidad de nuestras vidas. - Su simple capacidad de alegrarnos de vez en cuando. A veces no hay medicina espiritual tan vivificante como el arte, el humor o aun una distracción placentera. - Trae una frescura análoga a la que los niños llevan a una familia que envejece.
¿Cuáles podrían ser las causas de preocupación para el creyente?
- Su divorcio de la sabiduría, del corazón de la comunidad. - Su tendencia a hacer ídolos de los logros, la celebridad, la salud física y el atractivo sexual. - Su falta de visión de la cruz. - Su arrogancia no tan sutil contra los pobres. - Su horizonte limitado y su rechazo de la muerte.
b) La sabiduría
¿Qué esperanza nos trae la sabiduría, aun cuando esté demasiado divorciada de la vida?
- Es el mayordomo principal de las fuentes de la tradición, la revelación divina y la experiencia. - Su capacidad de inspirar el altruismo y el sacrificio personal. - Su entendimiento de la cruz. - Su preocupación por las múltiples caras de la pobreza. - Su horizonte, el infinito.
¿Cuáles son las causas de preocupación frente a una sabiduría tan divorciada de la vida?
- Su aislamiento de tantos centros de importancia dentro de la vida cotidiana. - Su incapacidad de iniciar a la juventud –somos cada vez más ineptos en la iniciación de nuestros hijos a la adultez. - Su inclinación a la auto-protección en vez de arriesgar ser crucificado en el mundo real. - Su falta de un amor real por el mundo y de un aprecio por la belleza y la bondad que se encuentra allá. - Su inclinación a la timidez, el anti erotismo, y su falta total de color. - Su inclinación a la rigidez y, a veces, al fundamentalismo.
3) La justicia vs. la piedad
Ernst Kaseman, un renombrado biblista, comentó una vez que lo que va mal en el mundo y en las iglesias es que los piadosos no son liberales y los liberales no son piadosos. No suele pasar que encontremos en la misma persona o en la misma iglesia, una igual pasión por la justicia social y por la moral privada; por la acción y por la contemplación; por la política y por el misticismo. Es decir que la persona que dirige un grupo de protesta no es la misma que dirige un grupo de oración; la persona preocupada con los valores de la familia no es la misma que está preocupada con la pobreza en las ciudades. Y a la persona que incita a la reforma social, normalmente le falta la integridad personal, generosidad y calma del místico. El reverso es también cierto. De este modo, vivimos en una cultura y, en gran parte, en iglesias, donde la justicia escasamente informa la piedad y la piedad no suele expresarse en acción social comprometida. Sin embargo, ambas vienen cargadas con elementos que deben preocupar al creyente. ¿Cuáles son las esperanzas y preocupaciones que abarcan?
a) La justicia
Al observar a los grupos e individuos que definen la fe primordialmente por sus dimensiones de justicia, ¿qué elementos hay en ellos que nos dan razón para esperar?
- Una pasión por la justicia y la equidad de todos los pueblos, que es una pieza central dentro de los Evangelios. - Una opción preferencial por los pobres, una pieza central dentro de la Cristología. - Un entendimiento claro de la naturaleza estructural y sistémica de la injusticia - La capacidad de inspirar el martirio secular. - La valoración de la integridad de la creación física. - Una influencia actual sobre la política.
¿Cuáles son las voces de preocupación, dada la manera concreta en que la justicia social suele expresar su voz?
- Sus expresiones más estridentes. - Sus juicios que suelen ser motivados por las ideologías. - Su actitud que suele ser desdeñosa frente a la moralidad privada, especialmente la moralidad sexual. - Su fe, algo inocente, en el cambio social sin la concomitante conversión interior personal. - La ausencia de una teología del pecado original y de la gracia. - Su incapacidad de inspirar el alegre sacrificio personal dentro de círculos eclesiales. - La falta de oración. b) La piedad
¿Cuáles son las semillas de esperanza que están fermentando tranquilamente dentro de los corazones y los círculos de los piadosos?
- El llamado profundo y personal. Es también una pieza central de los Evangelios el que cada persona tiene una relación con un Dios muy personal. - El llamado a la conversión personal y a la fe en Dios como el último fundamento del cambio social. - Una antropología bíblica que incluye una teología sana de la naturaleza humana (pecado original) y la necesidad de la presencia de la gracia divina. - Un sentido sano de la importancia de la familia y la no-negociabilidad de la ética sexual privada. - La capacidad de inspirar la alegre auto-donación dentro de los círculos eclesiales.
¿Cuáles son las razones de preocupación?
- La tendencia a poner en paréntesis las demandas evangélicas por la justicia - Demasiados juicios doctrinales simplistas. - Una tendencia a no tomar en serio la maldad estructural y simplemente identificar la caridad privada con la justicia. - Una agenda estrecha y enfocada hacia adentro. - Una tendencia a la auto-protección por encima de la evangelización; a cuidar las fronteras por encima del correr riesgos; de preocuparse más de la preservación que de la salvación del mundo, es decir, descuidar el hecho de que Cristo vino a salvar el mundo, no solamente a la Iglesia.
En resumen, dada toda la rica ebullición dentro de cada uno de estos elementos, ¿qué pistas claves de esperanza y preocupación se pueden nombrar para los creyentes de hoy?
III. – Resumen: La esperanza y la preocupación dentro del momento actual
A. Pistas de esperanza dentro de la ebullición actual
· Una nueva apertura y tolerancia más allá de la intolerancia anterior impuesta por la religión, género, etnicidad, lugar. El desprendimiento de muchas fronteras antiguas e insanas. · Fuerzas poderosas adentro y afuera de las iglesias que empujan a favor de la justicia. · Mayores ganancias morales en el área del sexismo. · Mayores ganancias morales en el área del racismo. · Algunas ganancias mayores respecto a nuestra teología práctica de Dios, el desprendimiento de la imagen antigua de un Dios de violencia y castigo. · Avances mayores en el ecumenismo tanto en el Cristianismo como en las demás tradiciones religiosas del mundo. Una creciente universalidad entre todas las personas de corazón sincero. · Las oportunidades positivas en la moral y educación inherentes en el avance de la tecnología y comunicaciones; haciendo la educación más accesible para todos, se asegura que en el futuro ningún grupo totalitario pueda tomar el control de la información. · Un renacimiento de la espiritualidad dentro de la cultura secular. · La emergente preocupación para la ecología y la integridad de la creación física. · Una nueva humildad y honestidad dentro de las iglesias. · Las “caras” de Dios que se revelan dentro de la energía cruda, los colores, el humor y la creatividad dentro de la cultura secular.
B. Razones de preocupación dentro de la ebullición actual
· La división creciente entre espiritualidad y eclesialidad, vida y sabiduría, justicia y piedad. · La creciente “impersonalización” de Dios – y el correspondiente decrecimiento en la oración. · Una inocencia que es más bien ignorancia respecto a la energía espiritual y lo sexual. · El tal llamado síndrome del “Cristiano en vías de recuperación”. · La idolatría creciente de la realización personal, celebridad, salud y el atractivo sexual. · La ceguera respecto a los pobres, salvo en algunos lugares selectos. · El encogimiento continuo del horizonte espiritual, reemplazado por el nihilismo, la entretención, los deportes profesionales y la negación de la muerte. · El fundamentalismo peligroso que crece como reacción al miedo frente a esa ebullición. · La fragmentación y derrumbe de la comunidad a todo nivel: el matrimonio, la familia, la Iglesia, el vecindario y la nación.
IV. - Elementos para una respuesta
Dado lo que nos trae el momento actual, esta lista de esperanzas y preocupaciones podría ofrecernos las líneas generales para una respuesta cristiana. Al nivel más amplio, nuestra tarea es unir las ricas polaridades analizadas: la espiritualidad y la eclesialidad, la vida y la sabiduría, la justicia y la piedad. Pero ¿cómo hacerlo? Propongo cuatro principios, pautas que nos ayudarán a caminar en forma profética, en la dirección correcta, en el mundo de hoy.
1. Amar al mundo, afirmarlo y bendecir su bondad, energía y vida...
Las Escrituras nos dicen que la primera mirada de Dios al mundo fue de encanto y bendición. Todo viene de Dios; hay un solo autor de toda la energía, vida, arte, música, logros intelectuales, humor, cuerpos bellos, atracción sexual, colores, etc. Nuestras actitudes, prédicas, deberían bendecir al mundo, deleitar en su riqueza y belleza, amar al mundo, mucho antes de apuntar lo malo que existe. Si Dios ama al mundo ¿cómo podemos hacer lo contrario? Solo cuando tengamos el coraje profético de amarlo y bendecirlo como Dios lo hace, será posible unir las diferentes caras que Dios toma en la vida, en la sabiduría, en la espiritualidad y en la eclesialidad.
2. Ponernos de pie donde la cruz está levantada, en los márgenes donde están los pobres
Debemos bendecir al mundo pero ponernos de pie donde el profeta se pone: al margen, donde están los pobres, los excluidos, los insignificantes, los rechazados, el crucificado, el abandonado que enfrenta a la multitud. ¿Cómo bendecir y desafiar con la cruz al mismo tiempo? Teilhard de Chardin nos dice en su Misa sobre el Mundo que el pan simboliza el mundo con todo sus logros, su progreso real y sus glorias legítimas que celebramos y bendecimos. Luego, tomamos el cáliz con su vino de uvas aplastadas y machacadas que simboliza la sangre y todo lo que está brutalmente aplastado, mientras el progreso avanza. Así tomamos nuestro lugar bajo la cruz, ofreciendo a Dios tanto la gloria como lo aplastado de esta tierra. Bendecimos la gloria y nos identificamos con lo pisoteado. Ofrecemos palabras de confrontación y de esperanza.
3. Enfrentar la infidelidad del mundo y su auto absorción desde el sitio de la cruz
Es necesario hablar palabras proféticas y desafiantes, no olvidando nunca que es necesario que nosotros mismos las oigamos primero. ¿Cuáles son estas palabras y dónde necesita ser desafiada nuestra generación? Tres son las áreas que requieren una confrontación:
a) Nuestro tratamiento de las viudas, los huérfanos y los extranjeros. Es decir las personas de menos estatus en nuestra sociedad: los pobres, los últimos. Nuestro culto actual de la opulencia, celebridad, juventud y belleza nos deja enceguecidos frente a los pobres, aquellos que no saben usar el sistema para su ventaja. Son los crucificados.
b) Nuestra falta de coraje frente al pecado personal: la falta de conversión, la tendencia a racionalizar, la insensibilidad de la conciencia, la falta de integridad personal.
c) Nuestra tendencia a pasar por alto la realidad que tienen la muerte y la vida eterna en plasmar nuestros horizontes y nuestras decisiones.
4. Ofrecer al mundo la esperanza de la resurrección, la esperanza más allá de la infidelidad, de las limitaciones de la condición humana y la muerte...
En la resurrección de Jesús, un nuevo poder y un nuevo perdón fueron revelados al mundo. Estas dos realidades, el poder y el perdón de Dios, son el contenido principal de la profecía. La labor real del profeta es de pararse en medio de la muerte y la traición para ofrecer la esperanza de vida, perdón, bondad y gratitud, más allá de esas dolorosas heridas.
Tal vez lo más necesario hoy sean las palabras que desafían nuestra cultura para vivir con gran confianza en Dios. Confianza de que no hay nada imposible para Él; de que Dios puede hacer cosas en nosotros y con nosotros que serían imposibles hacer por nosotros mismos. Confianza de que tanto nosotros como nuestro mundo podemos ser nuevos, más allá de los hoyos y surcos de traición y conflicto dentro de los cuales nos encontramos habitualmente. Consolados finalmente, por el hecho de que más allá de cada una de nuestras traiciones más imperdonables, existe un abrazo de perdón incondicional que no pide nada en recompensa... y que además, pareciera tener un sorpresivo sentido de humor.
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El artículo anterior es del P. Ronald Rolheiser, OMI, teólogo, profesor y autor premiado, presidente de la Escuela de Teología de los Oblatos en San Antonio, Texas.
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