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El desafío de pentecostalismo PDF Imprimir Correo
Domingo, 01 de Julio de 2007 00:00

El año 2006 se cumplieron cien años desde el nacimiento del movimiento pentecostal que tuvo su origen en los Estados Unidos. Desde sus inicios, el movimiento ha tenido una expansión prodigiosa  en muchas partes del mundo. 

 

Entre los temas de análisis tratados por la conferencia de todos los Obispos de América Latina (CELAM) durante mayo de este año en Aparecida, Brasil, estuvo su preocupación por el crecimiento expansivo del movimiento pentecostal en toda América del Sur y Central. En el ensayo que sigue, el padre Renato Poblete, S.J., observador del fenómeno durante muchos años, nos ofrece estadísticas más actualizadas respecto a este movimiento y algunas pistas sobre lo que podemos aprender de este desafío de creciente importancia para nuestra Iglesia católica.

 ÍNDICE

El pentecostalismo en América Latina

El caso chileno

Una espiritualidad vivencial

Transformando la amenaza en oportunidad

 

            Cualquier persona seriamente interesada en estudiar la situación religiosa en América Latina estará consciente y tal vez algo confundida. Este Continente, orgulloso de ser católico y reserva del catolicismo en el mundo, presenta, sin embargo, un cuadro muy distinto cuando consideramos las estadísticas sólidas. Los números nos muestran un Continente donde el 85% de la población se considera “católica”; donde 70% son bautizados pero sólo 15% practica su fe, donde un número aun más reducido coopera mensualmente con la Iglesia y en que el número de vocaciones sacerdotales ha disminuido en forma dramática.

            Por otro lado, vemos un incremento en la cantidad de protestantes evangélicos, sobre todo entre los pentecostales que representan casi 13% de los 560 millones de habitantes de nuestro Continente. Para la gran mayoría de estos protestantes evangélicos, el símbolo de su pertenencia religiosa es la fiel participación en el culto y un celo apostólico visible en la expresión de su fe. Los hechos concretos nos muestran entonces que una buena parte de este 13% de la población evangélica es devota y apasionada, mientras solo alrededor de un 15% de aquellos que se llaman católicos realmente practica su fe.

            No es difícil entender cómo esta situación ha llegado a ser un desafío serio para la Iglesia católica. Al mismo tiempo, la Iglesia podría aprender mucho de los pentecostales respecto a su tarea pastoral, ya que ellos tratan de presentar al mismo Cristo.

            El fenómeno no es algo nuevo. Se inició lentamente al principio del siglo XX, pero a través de los últimos 50 años el ritmo de su crecimiento ha tomado proporciones muy significativas. Podemos ver la misma situación dentro de la población hispana en los EE.UU.

            Hace más de 50 años atrás, llevamos a cabo una investigación sociológica en Nueva York (sector del Bronx), dirigida a los famosos “Store-Front Churches”. Eran centros de culto ubicados en pequeñas tiendas o almacenes en calles de sectores pobres, donde vivían los puertorriqueños de la ciudad. Después de dos años de estudio y observación, de participación en sus cultos y reuniones, titulamos nuestra tesis: Anomia y la búsqueda de comunidad. Anomia, un término sociológico que acuñó Durkheim en su estudio sobre el suicidio, se refiere a la falta de integración, soledad y falta de sentido. Para estas personas, la ciudad era una muchedumbre solitaria.          

La investigación estuvo basada en el estudio de casos y entrevistas informales. Eso presuponía crear un clima de mutua confianza, ser aceptado como amigo. Felizmente, los miembros de estos grupos religiosos no tenían ninguna dificultad en contar la historia de su conversión. Lo consideraban como un testimonio dado a la obra que el Espíritu había hecho en ellos. Sin embargo, en un comienzo fue difícil encontrar lo que se buscaba. Así, por ejemplo, cuando se preguntaba ¿Por qué se hizo pentecostal? La respuesta era: Porque el Espíritu descendió sobre mí o bien: Yo era un gran pecador pero un día el Espíritu me tocó; me sentí un hombre diferente. Con este tipo de respuestas no se podía hacer un estudio sociológico: la relación de una experiencia religiosa basada en un contacto con el Espíritu Santo no puede ser estudiada empíricamente. Se tuvo, pues, que cambiar la pregunta a través del proceso.

            La primera constatación mostró que cerca de un 90% de todos los entrevistados habían sido bautizados en la Iglesia católica, pero que tenían de ella un conocimiento muy rudimentario. No parecía haber ninguna base para suponer que el fenómeno de su conversión fuera algo intelectual en el sentido de protesta contra la Iglesia. Más aún, con la rara excepción de los pastores, tampoco tenían clara idea de las creencias de estos grupos. Todos sabían que la Biblia debiera ser aceptada como la única norma de su vida (tenían una concepción extremadamente fundamentalista de la interpretación de la Biblia) pero el cuerpo sistemático de creencias era pobre. 

            Pese a su espontaneidad, los testimonios eran en cierta medida estereotipados. Cada uno de los convertidos parecía haber oído tantos testimonios que ponía el suyo dentro de los marcos ya comunes: Me gustaba beber... llevaba una vida pecaminosa con mujeres... estaba desviado... pero un día recibí el Espíritu, conocí la palabra. Siempre se consideraban grandes pecadores, como si de este modo desearan exaltar más el poder del Espíritu que los trajo al buen camino. Por lo tanto este modo de expresar la conversión corresponde a un paso bastante común en la psicología religiosa: Conciencia de pecado-conversión-regeneración.

La pregunta que hicimos al final era: ¿Por qué vino Ud. por primera vez?... La primera vez que vine aquí me llamó la atención que me dieran la mano y me saludaran... Un amigo me invitó y la gente me llamó “hermano”... Una vez oí la predicación en la calle, después me dieron un volante, fueron muy atentos y muy cariñosos...Otro decía: Yo estaba perdido aquí , un amigo me invitó, me gustó el modo en que todos podían cantar. Una mujer decía: Yo iba a la Iglesia católica, allí nadie me conocía, ahora en mi iglesia me llaman “hermana”. Algunas respuestas típicas: Me sentí como en mi casa... Aquí no tenía muchos amigos, yo vine sólo como curioso... Me gustó que muchos supieran de memoria frases de la Biblia; a mí también me gustaba conocer la Biblia. Un pastor daba como gran argumento de su conversión el hecho de que en la Iglesia católica nunca le dijeron: Dios lo bendiga, hermano...

Muchos de los entrevistados tuvieron el primer contacto con los grupos pentecostales en los hospitales. Estaba enfermo y un amigo vino con los hermanos y todos rogaron por mí. Vino el pastor y después él envió a otros hermanos para que me visitaran. Era palpable el calor fraternal, la bienvenida y la participación y la iglesia era una verdadera comunidad. La presencia del sentimiento “nosotros” era evidente al comprobar el modo en que sus miembros hablaban de ella. No es algo extraño, los servicios eran un asunto de todos, los miembros soportaban económicamente al grupo con una generosidad ilimitada, con una verdadera convicción de que pertenecían a una hermandad. Todos se conocen por su nombre: “hermano Juan”, “hermana María, etc. Reinaba el sentido de pertenencia, de identificación con el grupo. 

El sentido de dependencia se descubrió al ver como cada persona se declaraba miembro del grupo. Cada uno sabía que necesitaba del grupo para sostener su regeneración, para vivir las exigencias del grupo. Cada uno sentía esta dependencia cuando en los servicios dominicales escuchaban al ministro preguntar los nombres de los enfermos o de los que celebraban un cumpleaños; es obvio que era toda la comunidad la que se interesaba y hacía oración por ellos. Aquí uno satisfacía esa necesidad de ser reconocido, llamado por su nombre, tratado como persona.

La investigación demostró que la búsqueda de comunidad es el elemento más importante en el proceso de la conversión. La solidaridad del grupo se presenta al convertido no como pérdida de su individualidad sino, más bien, como oportunidad para desarrollar su propia personalidad, para experimentar la plenitud de ser alguien. Esta búsqueda, como reacción a la “anomia” en que estaba viviendo la persona, era una veta a investigar. Nadie quiere estar sin sentido de pertenecer; todos deseamos escapar a la anomia, a la falta de estar integrados en un grupo.  

            En pocas palabras, encontramos que la búsqueda de comunidad, es decir “el sentimiento de nosotros”, el sentimiento de ser mutuamente dependiente del grupo, de pertenecer, de tener un rol, de ser tomado en cuenta, había sido, de un modo u otro, la gran atracción. La simplicidad de sus creencias y la experiencia de ser invitado había sido de primera importancia. La sencillez de cada historia de conversión reafirmó su fe. El pastor era uno de ellos, reconocido como uno que había recibido un llamado del Espíritu y quedó transformado.

            Todo esto fue casi 60 años atrás y durante estos años ha habido muchos otros estudios, todos ofreciendo básicamente las mismas explicaciones, enriqueciendo las anteriores con datos más recientes. En estas cinco décadas, el pentecostalismo se ha vuelto un movimiento religioso muy pujante y las estimaciones respecto a su extensión dependerán de las definiciones utilizadas.

La Enciclopedia Cristiana Universal estima en 500 millones los pentecostales, pero incluye a todos los renovacionistas, un término de tipo “paraguas” utilizado para referirse a los pentecostales y carismáticos como grupo. Incluidos en este término encontramos: a pentecostales, carismáticos y cristianos neo-carismáticos. Los renovacionistas (renovalists) ponen énfasis en la dimensión sobrenatural y en asuntos espirituales, pero además, normalmente concuerdan también en que hay un rol para la religión en la política y la vida pública, insistiendo en la necesidad de expresar su punto de vista sobre asuntos de naturaleza social y política. Dentro de este gran grupo, los pentecostales son los que pertenecen a las denominaciones pentecostales históricas como Las Asambleas de Dios, Iglesia de Dios en Cristo, etc.  Dentro de estas denominaciones siempre hubo un énfasis histórico en “el bautismo en el Espíritu” o “el hablar en lenguas”. El movimiento carismático dentro de las Iglesias católicas y protestantes está formado por grupos dirigidos por personas que han tenido una experiencia del Espíritu, pero que no necesariamente incluye “lenguas”. Tiene que ver normalmente con la sanación o alguna otra señal que muestra al Espíritu como una fuerza activa en el diario vivir. El culto dentro de iglesias carismáticas es típicamente cálido y relativamente espontáneo, con un énfasis en la oración, que incluye palabras de sabiduría o profecía de parte de los miembros de la asamblea. Bajo el mismo paraguas están los neo-carismáticos que participan en iglesias o asambleas independientes, fuera de las denominaciones pentecostales históricas y las tradicionales iglesias católicas y protestantes.

            Aunque algunos números podrían ser algo exagerados, no existe duda de que el pentecostalismo es el movimiento cristiano de más alto crecimiento en el mundo. Aproximadamente un cuarto de todos los cristianos del mundo son renovacionistas de un tipo u otro. Representa un incremento enorme desde 30 años atrás cuando solo 6% se ubicó en esta clasificación. Aunque haya casi 80 millones de pentecostales en Estados Unidos, las más grandes concentraciones viven en el mundo en desarrollo. La base de datos de los cristianos del mundo estima que hay 72 millones en China, 41 millones en Nigeria, 38 millones en India y 25 millones en Filipinas.

 

 

El pentecostalismo en América Latina

 

            Como comentamos anteriormente, el crecimiento más extenso en el movimiento pentecostal ha sido en el mundo en desarrollo y, sobre todo en los años recientes, ha llegado a ser una parte significativa del entorno religioso y político de América Latina. Desde la década de los ‘60 esta región ha visto un crecimiento sustantivo en el número de pentecostales, que ya alcanza al 13% o alrededor de 75 millones de los 560 millones de habitantes, como ya señalamos al principio. Los miembros carismáticos de denominaciones no-pentecostales (mayoritariamente católicos en América Latina) añaden 80 millones más a las cifras.

            No debiéramos olvidar que los pentecostales no son los únicos “evangélicos” en la región. La comunidad protestante incluye los presbiterianos, luteranos, anglicanos, bautistas, etc., pero la base de datos de cristianismo universal estima que los pentecostales representan 73% de todos los protestantes de América Latina. Al mismo tiempo, el crecimiento pentecostal varía en forma significativa de un país a otro. En Brasil, Chile, Argentina, Guatemala, El Salvador y Nicaragua, los pentecostales representan más del 10% de la población nacional y, aunque sean mucho menos de 10% en México, Venezuela, Colombia y Perú, también en estos países ellos están experimentando un crecimiento significativo.

            Su impacto ha sido notable además en la vida pública. Desde los años ’80, la comunidad pentecostal de rápida expansión ha adquirido un rol cada vez más importante, por ejemplo en Guatemala que ha tenido dos presidentes pentecostales. Brasil ha sido testigo de la formación de un caucus pentecostal congresional cuyos adherentes son en gran parte pentecostales e incluye casi 10% de los parlamentarios del país. En Chile los pentecostales tienen su propia celebración del Te Deum para las fiestas patrias al que asiste el Presidente de la República, mientras que en Nicaragua fundaron un partido político con sus candidatos presidenciales y ganaron asientos en el Congreso. El Presidente Luiz (Lula) da Silva “pololeó” abiertamente con los pentecostales y otros evangélicos en las elecciones de octubre de 2002. En octubre de 2006 el Partido de los Trabajadores de Lula hizo un pacto con el Partido Republicano de Brasil que fue organizado en 2005 con la ayuda de una de las iglesias pentecostales más grandes del país. 

            Sin embargo, la creciente presencia del pentecostalismo en la sociedad levanta mucha crítica y su influencia ha significado leña para el conflicto político. Mientras algunos observadores insisten en que el pentecostalismo sigue un patrón esencialmente monolítico de quietud y pasividad política, inclinándose hacia la derecha y a la política autoritaria, otros subrayan su activismo político en Brasil y Guatemala. Los hechos demuestran que ha habido diferentes patrones de crecimiento, énfasis teológico y contextos políticos en cada una de estas comunidades pentecostales nacionales y la realidad actual lo refleja. Esta diversidad hace sospechosos los comentarios generales sobre el pentecostalismo en el Continente.

            ¿Cuáles son los hechos históricos detrás de lo que ha sido llamado “la lucha para el alma de América Latina”? Bastante temprano en la década de ’50, millones de habitantes de la región iniciaron el éxodo desde sus tierras y pueblos rurales buscando una vida mejor en las ciudades. Emergiendo de un contexto esencialmente rural, empezaron a echar raíces en las poblaciones urbanas inmensamente densas. Desarraigadas de sus familias y tradiciones religiosas, viviendo en sectores socio-económicos pobres y marginales, a  merced de delincuentes, estas nuevas y hacinadas poblaciones llegaron a ser semilleros para el proselitismo de las sectas.

            En las sociedades que sufrían la desintegración permanente y progresiva, los habitantes de estos sectores marginales necesitaron de la religión para que los ayudara a confrontar el desafío del hambre, represión y muerte. La Iglesia católica, en algunos casos, no fue capaz de satisfacer estas necesidades por el escaso número de sacerdotes y de laicos responsables, lo que permitió que los pentecostales fueran llenando ese vacío.

 

 

El caso chileno

 

            Es reconocido que Chile tiene uno de los más altos porcentajes de protestantes en el continente latinoamericano; las estadísticas censales en el país desde las primeras décadas del siglo XX muestran un incremento constante a través de estos años. El censo de 2002 muestra que el 70% se declara católico, 15,1% protestantes, 8,3% sin afiliación y el 6,6% “otro”.

            Ahora ¿qué ha dicho la Iglesia católica de América Latina sobre esta urgente situación pastoral? Se preparó un diagnóstico muy completo para los obispos con motivo de la reunión de CELAM en Santo Domingo en el año 1988. Aunque este menciona al pasar las causas ideológicas, políticas y económicas citadas en el pasado, el énfasis está claramente en las deficiencias dentro de la Iglesia católica de América Latina y su acción pastoral. Expone específicamente su modo de evangelización y su superficialidad, el acento clerical en nuestras iglesias, el rechazo de las formas populares de metodología, la falta de aprecio y la manipulación de la religión popular y las discusiones dentro de la Iglesia relativas a la teología de liberación. El documento expresa el pleno reconocimiento del hecho de que estas “sectas” hayan proliferado particularmente en las áreas más pobres del continente, es decir, en las periferias marginales de las inmensas ciudades urbanas y las zonas rurales abandonadas.

Sostengo que los pentecostales están respondiendo a las necesidades y expectativas reales de los pobres. Este es un tópico inmenso, pero me gustaría ofrecer algunas áreas donde la experiencia pentecostal ofrece una respuesta positiva a estas expectativas y, al hacerlo, se transforma en un desafío para los esfuerzos pastorales de la Iglesia católica.  

 

 

Una espiritualidad vivencial

 

            La primera respuesta a las expectativas de las masas tiene que ver con la espiritualidad “vivencial”, es decir, un tipo de espiritualidad que da primacía a la experiencia subjetiva de Dios.

            El pentecostalismo revindica, en primer lugar, el valor de esta experiencia divina que se perdió de vista en la teología occidental. Encontramos que los teólogos católicos están diciendo algo similar cuando llaman nuestra atención sobre el divorcio entre la teología sistemática y la experiencia mística. Karl Rahner, consciente de la versión católica del comportamiento pentecostal (carismáticos), identificaba el enorme abismo entre la piedad vivida y la teología abstracta en Occidente. En el año 1979 hizo una recopilación de ensayos sobre la Experiencia del Espíritu, Fuente de la Teología. Sus comentarios en ese entonces debieran haber dado la alarma con respecto al significado de este fenómeno para la Iglesia. Rahner comentó: Es obvio que este tipo de experiencia del Espíritu hace surgir preguntas que la teología no puede ni debe rehusar.

            Otra área de respuesta se encuentra en la experiencia de hermandad que empodera, es decir, un modelo de hermandad que capacita y humanamente afirma sus miembros. Esta experiencia preserva también los valores auténticamente liberadores y desafiantes para el crecimiento humano, incluyendo la experiencia de estar juntos como iguales. Mientras ciertos valores de la sociedad y la cultura más amplia podrían haber sido debilitados u olvidados, causando el fomento del individualismo y aislamiento de las personas, poniéndolas al margen de la sociedad, en la cultura pentecostal los títulos hermana, hermano son revitalizados y tienen un significado más compasivo. 

            También la comunidad está relacionada con el fenómeno de la sanación. Muchos cristianos carismáticos experimentan la sanación -emocional y física- que parece estar conectada con los sentimientos de “bienvenida” que son característicos de las comunidades más pequeñas del pentecostalismo urbano. La bienvenida y la hospitalidad de la comunidad pentecostal parecen tener un efecto curativo o sanador. Aquellos que llegan sienten que la comunidad entera reza por ellos, manifiesta interés en su salvación y se pone feliz al verlos. La persona solitaria, angustiada o enferma con su autoestima seriamente deteriorada, experimenta un enorme cambio en su autopercepción. De repente se siente importante, que su vida tiene valor y que Dios le ama de verdad porque la comunidad lo expresa en forma concreta. Recupera el significado en su vida, vence la soledad y angustia y con frecuencia ve su experiencia confirmada con el alivio de su dolor físico. En muchas partes es también un hecho que el trabajo con los pentecostales es una ayuda muy poderosa para ir apartándose del alcoholismo. Sin duda es un factor muy apreciado por las esposas.

            Ahora quiero decir algo sobre la transformación de lo que vemos normalmente como una amenaza para la Iglesia católica de América Latina.

 

 

Transformando la amenaza en una oportunidad

 

            Debido a los límites impuestos por este artículo, mi presentación es necesariamente abreviada y tal vez, para algunos, algo simplista. Sin embargo, los hechos parecen indicar que la experiencia pentecostal además de una amenaza, también nos ofrece un desafío bastante serio para reflexionar. No obstante, la posibilidad de aprender de esta experiencia no llegará a la realidad mientras el temor domine nuestra respuesta operacional a todo nivel de la Iglesia y de su actividad pastoral. Aunque existe un gran número de opiniones respecto al tema, quiero hacer unas sugerencias que he visto resultar favorables para el desarrollo de una respuesta práctica a los desafíos del pentecostalismo evangélico.

·         Un cambio de perspectiva frente al “problema” de los pentecostales, que pueda ver en el fenómeno una oportunidad y tal vez un plan para futuros cambios. Un paso inicial es dejar de usar la palabra secta que es peyorativa y destruye cualquier esfuerzo de diálogo.

·         La creación de formas de promover un nuevo estilo de evangelización, que trascienda el infantilismo cristiano de las grandes masas. Seguramente involucrará muchos niveles de formación y sugiere una tarea formidable si queremos ayudar a nuestra gente a madurar en su vida de fe.

·         Acentuar la responsabilidad de los laicos para la evangelización y manejo de tantos aspectos de la Iglesia que han sido siempre considerados funciones prioritarias de los clérigos.

·         Aprecio y apoyo a la parroquia como la más funcional unidad del catolicismo universal, que ofrece un acceso sin límites a las personas donde ellas viven, aman, sufren y luchan para responder a la dimensión divina.

·         Canalización de las energías dentro de la Iglesia, muchas veces desviadas por conflictos internos, y su reorientación hacia un dinamismo misionero entre sus miembros.

·         Necesidad de descubrir y asumir de modo creativo las expresiones contemporáneas de fe entre los cristianos. ¿Cómo expresan su religiosidad hoy? Aquellos que observan el comportamiento religioso en forma científica deben reconsiderar la mejor manera de medir la religiosidad hoy. La frecuencia de la participación en la misa, los sacramentos, etc., no puede seguir sirviendo como indicador válido. Ciertamente no es el único ni tal vez la manera más significativa de expresar la religiosidad hoy.

·         Dar más atención al descubrimiento y promoción de pequeños grupos de base donde la gente tiene relaciones primarias, es decir, cara a cara y una participación como individuos. Se puede incluir en estos las llamadas comunidades de base del pasado reciente pero debieran ir mucho más allá de estas. Sería bueno tomar conciencia de los pequeños grupos que ya existen para descubrir las razones que tuvieron para unirse en primer lugar y para ayudar a multiplicar estas comunidades.

 

Quiero llamar la atención sobre el hecho de que la presencia de las iglesias pentecostales en actividades sociales en algunas áreas del Continente se manifiesta a un nivel más informal. Algunas de estas iglesias están divididas en pequeños grupos o células de media docena a una docena de miembros. Además de su participación en el culto de domingo, se juntan en casas privadas durante la semana. Dentro del grupo-célula, toman conocimiento sobre los miembros que están enfermos, los que han perdido sus empleos o sufren cualquier tragedia. Estos grupos-células funcionan como familias extendidas en el cuidado de sus miembros necesitados. Además, muchos grupos se han identificado con la ética de Jesús y ven que su responsabilidad va mucho más allá de sus propios miembros para incluir sus prójimos en general. En forma indirecta, este amor llega a ser una herramienta para atraer nuevos miembros hacia su célula y eventualmente, a su iglesia. 

Termino enfatizando el hecho de que el avance de las llamadas “sectas” pentecostales ha sido una especie de regalo para la Iglesia. Nos ha enseñado lecciones valiosas: que el éxito de su evangelización surge de la participación de los laicos, gente organizada en tareas específicas, con responsabilidades. Se sienten parte necesaria en la acción de su iglesia.

También aprendemos la necesidad de multiplicar lugares de culto más modestos. Los pentecostales sólo tienen espacios pequeños alquilados o comprados a bajo costo, mientras la Iglesia católica gasta a veces millones de pesos en edificar grandes templos para sus liturgias. 

Finalmente, la Iglesia católica asigna grandes sumas de dinero y muchos años a la formación y preparación de su personal, tanto clerical como laical. Los pentecostales, por otro lado, tienen un pastor entrenado en unos pocos años. Planteamos la necesidad de una seria evaluación de la formación del personal, especialmente de los laicos.

Sabemos que nuestro mundo posmoderno ha demostrado su sed de la experiencia religiosa en todas sus variadas formas, a veces erradas. Es posible que el éxito actual del pentecostalismo y de muchos grupos carismáticos se explique, en gran parte, por su tendencia a acentuar la experiencia religiosa individual, vivencial con todos sus aspectos emocionales; una disposición presente también en las pequeñas comunidades de base. Aquí tenemos una dimensión pastoral que quizás requiere nuestra atención y reflexión en el futuro.

 

Autor del artículo es el P. Renato Poblete, S.J., Presidente-Director de CISOC Bellarmino y Capellán del Hogar de Cristo.

Spirit and Power, (Espíritu y Poder), octubre 2006: Estudio global de los cristianos pentecostales y carismáticos dirigido por The Pew Forum, una parte del Centro de investigaciones Pew  en Washington D.C.

CISOC Bellarmino ha publicado varios estudios sobre el pentecostalismo a través de los últimos 30 años. Entre ellos: Movimiento pentecostal y la Iglesia Católica en medios populares de P.R. Poblete S.J. y C. Galilea; El pentecostal: testimonio y experiencia de Dios; El predicador pentecostal; Católicos carismáticos y protestantes pentecostales: Ecumenismo en las iglesias pentecostales, de C. Galilea; Rol de ecumenismo protestante como posible solución al impasse en las relaciones entre la Iglesia Católica y la comunidad Pentecostal de K Gilfeather.

 

Comentarios
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Angel Sánchez (España)  - QUE VERGUENZA   |83.38.250.xxx |2009-04-02 21:13:39
QUE VERGUENZA...LOS CATOLICOS CRITICANDO A LOS PENTECOSTALES Y LOS PENTECOSTALES
CRITICANDO A LOS CATÓLICOS. Y LA VERDAD ES QUE LOS DOS SON DOS CIRCOS EN TODA
REGLA. DOS ORGANIZACIONES QUE HAN ABOMINADO Y CORROMPIDO LA PALABRA DE DIOS Y EL
EVANGELIO. UNOS, LOS CATOLICOS FUNCIONANDO COMO UN GRAN CLUB CON SUS SOCIOS, SUS
ABONADOS, SUS CUOTAS, SUS ACTIVIDADES Y SU JODIDA TEOLOGIA QUE NI ES CRISTIANA
NI ES NADA. OTROS LOS PENTECOSTALES, FARSANTES NEGOCIANTES, ESTAFADORES DE LOS
POBRES A LOS QUE SACAN EL DINERO, SUS IGLESIAS PARECEN PSIQUIATRICOS. QUE
VERGUENZA...Y LUEGO LAS DOS RELIGIONES SE CREEN EN POSESION DE LA VERDAD
JAJAJAJAJA QUE MORRO....
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