ncwebinc en progreso

Usted está aquí  : Home Estudios y Reflexiones Pastorales Boletín Pastoral 1995-2008 2007 El ayuno: una mirada nueva
El ayuno: una mirada nueva PDF Imprimir Correo
Miércoles, 01 de Agosto de 2007 00:00

Nuestra sociedad pluralista, con su rica diversidad, nos ofrece el fiel testimonio de otras tradiciones que han guardado dentro de sus prácticas rituales la del ayuno. Gracias a los medios de comunicación, el ayuno del Ramadán entre los musulmanes es muy conocido entre nosotros, llevando a más de un cristiano a reflexionar sobre sus propias prácticas de piedad.

Es una triste verdad que la antigua práctica de ayunar está casi totalmente depreciada entre los cristianos occidentales. Aunque era parte muy querida de la vida cristiana desde el principio, actualmente ha caído en desuso.

Sería justo decir que no sabemos exactamente cómo, cuándo ni por qué perdimos nuestro sentido de ayunar. Pero de algo estamos seguros, no sabemos cómo reconectarnos en forma significativa con esta antigua tradición y, tal vez, no estamos de todo convencidos de la necesidad de hacerlo.

En nuestra reflexión relativa a la naturaleza de una Iglesia abierta, queremos ofrecer una pequeña reseña sobre la práctica del ayuno en nuestra larga y rica tradición, unas pistas sobre su eclipse y, finalmente, algunas buenas razones para reclamarlo en nuestra práctica actual.

ÍNDICE

El redescubrimiento de un tesoro

El anhelo místico de la realización del reino de Dios

La liberación a través de la disciplina

El trabajo de la caridad y la justicia

La razón detrás del cambio en la antigua práctica del ayuno

Reclamando los mejores elementos

“Todo maestro de la ley que se ha hecho discípulo del reino de los cielos se parece a un padre de familia que de sus reservas, va sacando cosas nuevas y cosas antiguas”.

Mateo 13:52

Nos encontramos hoy día, en nuestra sociedad, en un escenario en el que el individuo se presenta en una posición, a lo menos, de igual a igual frente a la comunidad, frente a la sociedad. En un marco en el cual él puede hoy como nunca decidir quién ser, construirse y reconstruirse en el mar de oportunidades de que dispone hoy. Estos “nuevos” habitantes de nuestra sociedad son hoy la mayor parte de ella, y exigen su derecho a elegir, a participar, a tomar parte de aquello que afecta a sus vidas. Escenario al cual ningún organismo o institución es ajeno, ni puede serlo, y si quiere serlo va a ser bajo el alto riesgo de quedar fuera del “mercado”, incluidos los organismos e instituciones religiosas, sean de la religión que sean.

¿Cómo responder a este desafío de tener a fieles que ya no se satisfacen con lo que viene desde “arriba”? Con fieles con mayores niveles de educación, que no sólo piden razones sino también quieren tomar –y toman– decisiones sobre sus propias vidas en todos los ámbitos de ella, con independencia, pero sin indiferencia, a lo que digan sus “pastores” (1). Entre estas decisiones, encontramos aquellas respecto a una espiritualidad personal y la búsqueda de una experiencia de Dios por parte de tantos fieles

La Iglesia Católica Romana cuenta con un gran tesoro de prácticas y devociones, herencia de sus santos y de los millones de fieles, que remonta a dos mil años; un gran depósito de oportunidades, de posibilidades para el encuentro con Dios. Los tiempos actuales le dan a ella la oportunidad de poner este depósito milenario a disposición de sus hijos para que ellos elijan –oportunidad que alegra a algunos y atemoriza a otros dentro de nuestra Iglesia, sean laicos o sacerdotes– la manera de armar este encuentro, o si se prefiere esta “comida” íntima con el Señor. Esta experiencia, encuentro, o “comida íntima”, tendrá su propio sabor -dulce, salado, agridulce- pues cada persona tiene un gusto particular, individual, único. Debido a la gran accesibilidad a la información, los paladares más exigentes de hoy tienden a investigar dentro de los almacenes espirituales de varias tradiciones religiosas por los elementos más acorde a su gusto. Con su milenaria tradición y la riqueza de sus bodegas, es tiempo que la Iglesia, como buen padre de familia, vaya sacando cosas nuevas y antiguas para sus hijos, compartiendo su riqueza como su Maestro le enseñó.

Las viejas y nuevas prácticas de encuentro con Dios son alternativas que desafían y ofrecen oportunidades para responder a la necesidad del hombre actual de experimentar concretamente, y no sólo en forma intelectual, la presencia de Dios en su vida. La tendencia general es de esperar que estas experiencias sean de tipo extraordinario, algo fuera de lo común, pero la verdad es todo lo contrario. San Pablo nos dice que nosotros vivimos en Dios, lo que quiere decir que caminamos, comemos e incluso respiramos en Él. En las cosas más sencillas de cada día experimentamos su presencia:

No saben que su cuerpo es templo del Espíritu de Dios...Uds. ya no se pertenecen a sí mismos...procuren que sus cuerpos sirvan para la gloria de Dios (1Cor 6:19-20)... El Dios que hizo el mundo y todo lo que hay en él, da a todos la vida, el aliento y todo lo demás...En realidad, Dios no está lejos de cada uno de nosotros, pues en Él vivimos, nos movemos y existimos... somos su hijos (Hechos 17:24-28).

Entonces, el hecho de experimentar la presencia de Dios es tan simple como reunirnos para comer... o incluso, dejar de comer, para así reconocer que todo viene a nosotros gracias a Él. Pero tomemos algo concreto como ejemplo. Aunque el tema del ayuno es algo relativamente ignorado por muchos cristianos de hoy, era una práctica de larga memoria en la Iglesia. Jesús mismo, como buen judío, ayunaba más de una vez en la semana y era costumbre normal entre todos sus seguidores. Aunque recientemente esta costumbre haya caído en el desuso, la búsqueda espiritual del hombre actual nos ha iluminado una vez más sobre el valor de las prácticas antiguas de nuestra tradición.

El redescubrimiento de un tesoro

¿Alguna vez ha tratado de explicarles las normas católicas sobre el ayuno a un judío, a un hindú o un musulmán? Si su respuesta es no, entonces evite hacerlo a toda costa. En el mejor de los casos, el resultado será incomprensión, quizá una sonrisa y la pregunta: “¿me estás bromeando?” De cualquier manera la práctica de “una comida entera y dos más pequeñas” simplemente no tiene sentido para los miembros de otras tradiciones religiosas. Para ellos se define el ayuno de la misma manera que su doctor lo define cuando el médico le ordena ayunar antes de presentarse para los exámenes de sangre. A fin de cuentas, la práctica ha perdido su relevancia entre los católicos de hoy. La pregunta es: ¿acaso vale la pena un esfuerzo para redescubrir su valor?

Podría ayudar a nuestra consideración una vuelta a los orígenes de nuestra fe. Hay tres temas mayores en la historia y práctica del ayuno cristiano: el anhelo místico de la realización, la liberación a través de la disciplina y la relación del ayuno con las obras de caridad y justicia. Vamos a mirar brevemente cada tema y luego considerar algunas características del ayuno que podrían ayudarnos a redescubrir el valor de esta práctica y su importancia para la vida espiritual.

El anhelo místico de la realización del reino de Dios

Jesús empezó su vida pública con un ayuno similar al de Moisés y Elías: cuarenta días y cuarenta noches en un lugar solitario. Es un hecho significativo porque Jesús enseñó por sus actos y por sus palabras. Sin embargo, no instituyó ninguna práctica particular para sus seguidores. De hecho, las palabras del evangelista comentan las opiniones que tenían sobre él sus contrincantes: “Luego viene el hijo del hombre que come y bebe y Uds. dicen es un glotón y un borracho” (Lc 7:34).

Aparentemente, Jesús, como San Pablo, abrazó la práctica del ayuno pero no lo hizo un requisito para sus seguidores. Jesús explica esta paradoja en su respuesta a una pregunta sobre la diferencia entre sus discípulos y aquellos de Juan Bautista: “¿Sería bueno que los compañeros del novio anden tristes cuando el novio está con ellos? Vendrán días en que el novio les será quitado; entonces ayunarán.”

Las palabras de Jesús indican que el modo del reino de Dios de entrar en forma impetuosa en el mundo, a través de su presencia y ministerio, permite solo la alegría y gratitud. Ha venido como el novio para establecer un matrimonio místico con el pueblo de Dios. Antes de su muerte había tiempo para anunciar la buena nueva: “El reino de Dios está en medio de Uds.” (Lc 17:21).

Pero, “vendrán días en que el novio les será quitado; entonces ayunarán.” Esto significa que el ayuno será un reconocimiento de la necesidad de algo nuevo que está en proceso pero incompleto todavía: la realización del reino de Dios en medio de nosotros. El ayuno nos abre y nos hace sensibles a la Presencia de Dios, al Espíritu que da vida a todas sus criaturas, haciéndonos así conscientes de nuestra total dependencia. Durante este tiempo de espera, sus fieles, en unión mística con su Señor, esperan con gozo tranquilo y manos ocupadas en preparación atenta y profundo anhelo su venida y la realización de su reino. Uno podría asemejar este gozo discreto y misterioso al suave susurro del miembro de un coro que se prepara para un concierto o la anticipación de unos padres de familia preparando su hogar para la venida de sus hijos a celebrar alguna fiesta en familia.

La liberación a través de la disciplina

Aquí entra el tema penitencial que probablemente es lo que la mayoría de la gente asocia más fuertemente con el ayuno cristiano. La penitencia está siempre dirigida hacia la libertad y la liberación aunque no ha sido comprendida con mucha claridad. En la fe cristiana la penitencia no tiene que ver con la expiación de los pecados porque la absolución ha sido dada ya. Pensamos que Dios nos amará si cambiamos, pero la verdad es que Dios nos ama para así hacer posible que cambiemos. Las prácticas y disciplinas nos ayudan a apropiarnos de la libertad, dada a través de la gracia, y hacerla real y concreta en nuestras vidas. Estas prácticas nos ayudan a reajustar nuestras prioridades y nos recuerdan dónde se ubica nuestro verdadero tesoro.

A veces se dice que Jesús vino a predicar el reino de Dios, mientras que Pablo estableció las fundaciones para el crecimiento y desarrollo de la Iglesia. El gran tema de Pablo es la libertad: “Uds. hermanos, fueron llamados para gozar de la libertad; no hablo de esa libertad que encubre los deseos de la carne; más bien, háganse esclavos unos de otros por amor” (Gal 5:13).

Es el deseo más profundo de Pablo que los seguidores del nuevo camino se beneficien de las prácticas de la vida espiritual como medios, sin ser esclavos de ellas. Pablo no hace significativa, es decir característica del seguimiento de Jesús, ninguna prohibición religiosa respecto a los alimentos. Al mismo tiempo, habla de sus propios ayunos y reconoce claramente el lugar de la disciplina y de la auto-privación voluntaria para el discipulado.

La tradición monástica entera es testigo de que la unión con Dios suele presuponer una vida de auto-disciplina y no de auto-indulgencia. Todo tiene su costo y el amor fuerte está dispuesto a pagar el precio. El camino normal está indicado por Jesús: “El que quiere seguirme, que renuncie a si mismo, que cargue con su cruz y que me siga” (Mat 16:24). La razón primordial para la vida ascética es el llamado a la trascendencia liberadora de las miles de pequeñas hebras que forman juntas una cuerda que nos envuelve y nos ata. Este llamado de la vida ascética es una invitación insistente a la libertad para el servicio de amor. El ayuno es una maravillosa oportunidad de responder a esta invitación.

El trabajo de la caridad y de la justicia

Jesús fue fiel a las prácticas tradicionales que eran parte de su herencia judía: la oración, el ayuno y la limosna. De hecho, una parte de su “Sermón de la Montaña” (Mat 6:1-18), está estructurada de acuerdo con este esquema.

La relación entre el ayuno y la limosna es un tema primordial también en la literatura patrística. En El Pastor de Hermas, un texto del siglo segundo, dice:

En el día de su ayuno, no probará más que pan y agua y después de calcular el costo de los platos que deja de comer, dará este dinero a una viuda, un huérfano o alguien en necesidad. De esta forma mostrará su humildad de mente para que la persona que recibe el beneficio de su humildad, pueda así llenar su propia alma”.

La predicación de los Padres de la Iglesia es cristalina, lo que uno ahorra por el ayuno, pertenece a los pobres. En la colección de sus prédicas encontramos las palabras de San Gregorio Magno: “El que no hace la donación a los pobres de lo que ahorra por su ayuno sino, al contrario, lo guarda para más tarde satisfacer su apetito, no está ayunando por Dios”. Orígenes alabó a aquellos que ayunaron para “alimentar a los pobres”.

San Agustín dice que para poder elevar el alma, el ayuno de cualquier tipo necesitaba dos alas: la oración y las obras de misericordia. La unión inquebrantable entre el ayuno y las obras de misericordia en la predicación y enseñanza cristiana encuentra una expresión contemporánea en la llamada de las iglesias miembros del Consejo Mundial de Iglesias, en su declaración de ayuno cuaresmal de todo tipo de violencia, durante una década entera (2001- 2010) para así ayudar a vencer la violencia mundial. Invita a todos los cristianos a rezar, en forma regular, la oración atribuida a San Francisco de Asís: Señor hazme un instrumento de tu paz...; a examinar su vida y elegir un ayuno que sea significativo en forma personal o comunitaria (por ejemplo, ayunar de programas televisivos, cine, juegos de videos de naturaleza violenta; a dejar de comprar y usar artículos producidos en talleres donde las condiciones de trabajo son injustas; a dejar de invertir en compañías involucradas en alguna forma de violencia); a ser generosos con programas que se dirigen contra las causas de violencia, alivian sus consecuencias o trabajan por la paz y la reconciliación.

La razón detrás del cambio en la antigua práctica del ayuno

¿Qué le pasó a la antigua práctica del ayuno en la Iglesia? ¿A qué se debe la mengua de su importancia? Hubo una serie de factores que, en conjunto, hizo necesario modificar la actitud frente al ayuno que existía en la Iglesia Católica en general. Entre ellos, podemos nombrar:

Una actitud jurídica que gradualmente ahogó el espíritu místico que dio origen a esta práctica;

Un concepto dualista del cuerpo y alma que desvió el verdadero significado del ayuno hacia algo que reflejaba más bien el combate del espíritu contra el cuerpo;

La erosión de la fe, tanto personal y comunitaria, en una sociedad cada vez más secularizada;

La intelectualización de la fe, incapaz de apoyar prácticas como ayuno y oración que debieran fluir de las disposiciones profundas del corazón;

El derrumbe de costumbres tradicionales, armaduras mentales y ritmos de vida en una sociedad tecnológica.

Para los católicos romanos, el Concilio Vaticano II (1962-1965) dejó las normas respecto al ayuno a las Conferencias Episcopales nacionales. En Chile, la Conferencia Episcopal, reconociendo el derecho de cada obispo a determinar los detalles de las normas para su diócesis, pidió sólo dos días de ayuno en el año: el Miércoles de Cenizas y el Viernes Santo. En el caso de la mayoría de las Conferencias Episcopales, el viernes continuó siendo un día especial de observancia penitencial a través del año, guardando algo del significado de la Cuaresma para el año litúrgico. Los obispos invitaron y recomendaron que los fieles consideraran cada domingo como una Pascua de Resurrección semanal y cada viernes como día de abnegación y mortificación, en memoria de la pasión de Cristo. Recomendaron otras formas de testimonio penitencial como parte de la vida de devoción para reemplazar la abstinencia de los días viernes, como por ejemplo: cumplimiento con nuestras obligaciones familiares, trabajo voluntario en los hospitales, visitas a los enfermos, servicio a las necesidades de la tercera edad y de los que sufren de soledad, formación en la fe para la juventud, participación en asuntos comunitarios y parroquiales, actos de piedad como el rosario en familia, asistencia a la Santa Misa y la comunión, el Vía Crucis, etc.

Desafortunadamente, esta “invitación o recomendación” de los obispos (al contrario de la obligación) fracasó en su intento. Sería justo decir que los cristianos de Occidente, en su mayoría han perdido el sentido del ayuno y ya no saben como reconectarse en forma significativa con su tradición. Pero en esta situación de confusión y desilusión hay una gracia escondida. Es probable que nuestras circunstancias ofrezcan la ocasión para redescubrir el tesoro que yace en los almacenes de la tradición de la Iglesia, de reapropiárnoslo e integrarlo a nuestras vidas con una nueva apreciación por su gran valor.

Pero la antigua práctica del ayuno goza de buena salud en otras partes del mundo cristiano. Se ve un ejemplo concreto de su relevancia en una convocatoria hecha en Bagdad, el 18 de diciembre del año pasado. El patriarca de Irak, Su Beatitud Emmanuel III Delly, invitó a los cristianos en Irak y en todo el mundo a observar el “ayuno de Nínive” por la paz. El pastor de la comunidad cristiana más numerosa del país ofreció esta intención de las oraciones y sacrificios “Para que el Señor conceda el don de la paz a nuestro querido Irak, el de la seguridad y el de la estabilidad, y para que tenga lugar un clima de fraternidad y caridad entre los hijos de Irak”. Esta iniciativa recuerda el ayuno que en la Biblia pidió el profeta Jonás a los habitantes de esa ciudad, cercana a la actual Mosul (Irak), el cual conmovió a Dios (Jon 3,1). Los caldeos, cristianos en comunión con Roma, ayunan de este modo todos los años; es una práctica que nunca se perdió entre ellos. La novedad del año 2006 estuvo en que el patriarca lanzó un llamamiento al resto de los cristianos del mundo a unirse a este gesto para implorar a Dios la paz en el Medio Oriente.

Reclamando los mejores elementos

La tarea de la Iglesia en cada época es reinterpretar las verdades antiguas en formas nuevas y actuales. El clima de la espiritualidad en nuestra época es encarnacional. Las prácticas son acogidas por su potencia de liberar y dar vida y no según su intención de castigar el cuerpo o de satisfacer el sentido de culpabilidad. El énfasis está puesto en la bondad de la creación y no en la fragilidad y precariedad de la vida o en la difusión penetrante del pecado. Un ascetismo cristiano, sano y contemporáneo jamás atacará o negará lo que ya ha sido redimido.

A continuación, ofrecemos catorce características que podrían marcar un redescubrimiento del ayuno como práctica espiritual valiosa para los cristianos de hoy.

· La persona abraza libremente la práctica del ayuno porque percibe su valor intrínseco. Este es el punto cuando la libertad humana alcanza su cima; habiendo experimentado el amor abundante de Dios para con nosotros, queremos libre y espontáneamente devolver este amor.

· Las dos alas del ayuno son la oración y la limosna. Este modo de llevar el ayuno, profundiza nuestra relación con Dios, da fortaleza a nuestro propósito y fortifica los lazos con la comunidad.

· La práctica de ayuno nos hace más sensibles a la dirección del Espíritu. De esta forma nos protege de practicar el ayuno sólo por razones de salud o para agrandar nuestra conciencia.

· El ayuno no está limitado sólo a la Cuaresma sino debiera ser parte de la vida cristiana entera. Si la oración, el ayuno y las obras de justicia forman la médula de la vida cristiana y si están inextricablemente enlazados, ¿cómo será posible limitar cualquiera de estas prácticas a solamente una estación del año litúrgico? Son elementos esenciales de la vida cristiana a través del año entero.

· Esta práctica da prioridad al viernes, día de la semana cuando Jesús nos reveló el amor inconmensurable de Dios para con nosotros. Un punto de referencia valiosa es la costumbre de los primeros siglos de Cristianismo cuando el ayuno era entendido generalmente como abstinencia de todo alimento hasta el atardecer, o sea, una sola comida por día, que debiera ser lo más simple posible.

· La práctica tiene gran significado como preparación para la recepción de la Eucaristía. El acto de privarse de la comida antes de participar en la Eucaristía crea en el interior de la persona, un espacio tanto psíquico como físico. Tiene el efecto de preparar cuerpo y alma para la llegada del Señor.

· Su orientación o modo de funcionar es holístico. Nosotros no somos cuerpo y espíritu, es decir, dos entidades separadas. Somos una sola realidad, un espíritu encarnado. Lo que es bueno para el espíritu es bueno para mi cuerpo y viceversa.

· La virtud característica de la práctica del ayuno es la humildad. Somos creados de la nada y Dios desea que reconozcamos que somos totalmente dependientes de nuestro Creador por todo lo que necesitamos para nuestra existencia.

· La práctica está marcada por la moderación. Como cualquier otra cosa en la vida espiritual, el ayuno no tiene nada que ver con una necesidad “perfeccionista” de cumplir con todo, ni de hacer todas las cosas en forma correcta, sino de hacer lo que se hace en el espíritu de fe y amor.

· El ayuno suele tener indicios de un regocijo sereno interior. Este regocijo sereno caracteriza al ayuno cuando esta práctica es experimentada como un lenguaje de comunicación espiritual (unión mística) con Jesús resucitado y anhelo profundo para nuestra realización futura.

· El ayuno despierta en el alma y en la totalidad del ser un sentimiento de enorme gratitud. Como fruto de la práctica del ayuno, un sentimiento de gratitud que abraza todo en la vida llega a ser una actitud muy característica de la persona. Uno empieza a vivir la vida de otra forma, con un corazón profundamente agradecido del Señor.

· La práctica de ayuno se mantiene siempre unida a su inspiración mística. Para muchos, el Cristianismo es un asunto moral pero, fundamentalmente, es un asunto místico. Místico refiere a nuestra participación en la misma vida de Dios. Cuando entendemos bien esta relación, la vida moral fluye naturalmente de allí.

· Es un instrumento flexible de la vida espiritual que puede ser usado en forma creativa. La vida de la Iglesia durante sus épocas más sanas y vigorosas, se ha caracterizado por la unidad en el Espíritu Santo y una gran diversidad en sus prácticas. Es posible elegir entre una variedad de formas de ayuno unidas en el Espíritu, por un lado, y, por el otro, algo que se practica en conformidad con una norma, pero sin espíritu. Esto último es un pecado contra el Espíritu Santo y sofoca y apaga su divina presencia.

· El ayuno compartido con otras tradiciones religiosas podría llegar a ser una base para el diálogo interreligioso. Aunque explícitamente promovido por la Iglesia, el diálogo con otras religiones sigue siendo difícil, aunque muy deseado y apreciado por los hombres y mujeres del mundo actual. El hecho de compartir una práctica como el ayuno pudiera ofrecer una oportunidad precisa para el diálogo entre hermanos.

En cada cultura y tradición religiosa en la historia de la raza humana, el ayuno ha sido un lenguaje instintivo y esencial en la comunicación humana con Dios. Sería triste e imperdonable si entre tantos hermanos nuestros, nosotros, los cristianos, olvidásemos la larga y valiosa tradición milenaria nuestra y las múltiples razones para la devota fidelidad a esta práctica.

En la preparación de la reflexión anterior, además de aportes del personal del equipo, incluimos también trozos del artículo del R.P. Thomas Ryan, C.S.P, coordinador de las relaciones ecuménicas y interreligiosas para la congregación de los Padres Paulistas, autor del libro: “El arte sagrado del ayuno: empezando a practicarlo”, (Skylight Paths, 2005). Su artículo fue publicado en la revista America, Vol. 194 Nº8, el 6 de marzo de 2006.

(1) Puede ser que la imagen más adecuada ya no sea de pastores sino de hermanos. El pastor, imagen de guía y superior, deja de ser un conductor de ovejas, para ser guía de “hermanos”.

Comentarios
Añadir nuevo Buscar
olga  - inquietud   |190.67.111.xxx |2009-04-08 10:39:45
cuando se convive con un hombre casado o una mujer casada de que manera ayuno?
Escribir comentario
Nombre:
Email:
 
Website:
Título:
Código UBB:
[b] [i] [u] [url] [quote] [code] [img] 
 
Por favor introduce el código anti-spam que puedes leer en la imagen.

3.26 Copyright (C) 2008 Compojoom.com / Copyright (C) 2007 Alain Georgette / Copyright (C) 2006 Frantisek Hliva. All rights reserved."