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Creer sin pertenecer: la religión vicaria PDF Imprimir Correo

¿Es correcto describir Europa como "secular"?

 

Un número significativo de los principales periodistas de los EE.UU. se reunieron en Key West, Florida en Diciembre de 2005 para la conferencia bianual del Pew Forum sobre religión, política y vida pública. La conferencista principal fue Grace Davie, socióloga de la religión de la Universidad de Exeter y directora del Centro de Estudios Europeos de la misma universidad. Entre los temas de su presentación, ella desafió las perspectivas corrientes respecto al secularismo moderno en Europa. La siguiente es una selección y traducción de la conferencia de Grace Davie, elaborada por Katherine Gilfeather de Cisoc-Bellarmino.1

 

Después de Mayo 2004, la Unión Europea demarca su extensión territorial en concordancia con el cristianismo occidental, con la excepción de Grecia y Chipre, pertenecientes al mundo ortodoxo. En mi opinión esta no es una coincidencia, de modo que, entonces, estoy hablando de la Europa con tradición cristiana occidental.


Hace ya casi 12 años atrás (década del ’90) publiqué un libro llamado Religión en Gran Bretaña, con el subtítulo: Creer sin Pertenecer, una frase que mucha gente recuerda y asocia con mi trabajo. En segundo lugar, publiqué el libro Religión en Europa Moderna. La memoria se transforma, en el año 2000. Cabe recordar que Gran Bretaña, en términos de los patrones, estructuras de la vida religiosa y relaciones Estado-Iglesia, es esencialmente una sociedad europea. El subtítulo expresa la idea de la religión como forma de memoria colectiva. Ese libro formula preguntas respecto a si esta memoria está siendo o no, transmitida. La idea clave del libro, que en retrospectiva es su contribución más importante, es la noción de religión vicaria, una idea que es más fácil de entender para los europeos que para los americanos.


En 2002, empecé a analizar a Europa con en el libro: Europa: caso excepcional, donde afirmo que los patrones de la religión en Europa no son un prototipo global, sino que más bien, constituye un caso excepcional. La auto percepción de los europeos está fundada sobre la idea de que la modernización implica la secularización. Se piensa que lo que Europa hace hoy, todos lo harán mañana, y no se acepta con facilidad que sea un caso sui generis. Hay un cambio en la vida religiosa que se expresa en una transición desde una cultura de obligación a una de consumo.


El concepto “creer sin pertenecer” dice, efectivamente, que respecto a la religiosidad en Europa, hay una separación entre los indicadores “hard” (duros) y los “soft” (sueltos). En algunos casos creo que la frase “creer sin pertenecer” podría ser engañosa porque no significa que pertenecer es “hard” y creer “soft”. Ambos podrían ser tanto “hard” como “soft”. Por ejemplo, si uno pregunta si cree en Dios sin ser muy específico sobre el dios en cuestión, el resultado será que, alrededor del 70% afirma que sí cree. Pero si se cambia la pregunta por una más específica como: ¿Cree que Jesús es el hijo único de Dios? El resultado será mucho más bajo. Quiere decir, entonces, que mientras más amplia (o suelta) sea la definición de una creencia, más alto será el porcentaje de creyentes.


Pero esto mismo pasa en términos de pertenencia. El porcentaje de los que participan en forma regular es cada vez más bajo, pero si adopta una noción más suelta de pertenencia es probable que los resultados sean diferentes. Sería interesante usar la pregunta: “¿Dónde espera que se celebran sus funerales? o ¿Cuáles son sus expectativas frente a la celebración de sus funerales? Pienso que serían muy pocas las personas que elegirían funerales seculares, esto nos da una clave importante: Las iglesias históricas son entidades de “servicio público” y uno espera que ese servicio público funcione cuando sea necesario. Así, la posición o reacción automática en Europa es la de ser un miembro pasivo de las iglesias históricas, pero activando esa pertenencia cuando es necesario, y con especial frecuencia, en caso de la muerte, ya sea la propia o la de otras personas. Por lo mismo, la gente se siente profundamente ofendida cuando este servicio le es negado o le parece inadecuado.


Una de las razones que muchos personeros de las iglesias hayan adoptado el concepto de “creer sin pertenecer” es porque él implica, al menos superficialmente, que la situación de secularización no es tan grave. Pero un punto que quiero destacar es que no estimo que el trabajo pastoral en una sociedad cuya práctica religiosa es indiferente y que cree a medias, sea, de hecho, más o menos fácil que el trabajo pastoral en una sociedad estrictamente secular; pero sí diría que son esencialmente diferentes. El modo de comunicarse y entregarse no puede ser el mismo, y en este sentido, subrayo que la mayoría de las sociedades europeas no son abiertamente seculares u hostiles hacia la religión, con la sola excepción de Francia que es un caso diferente.


En mi opinión, la formulación de un concepto de religión vicaria es probablemente una reflexión más correcta sobre de lo que está pasando en Europa. Creer sin pertenecer tiende a separar creencia y pertenencia, mientras que religión vicaria les une. La raíz de vicaria está en su significado de “hacer algo en nombre de otra persona” y lo defino así: es la noción de la religión realizada o practicada por una minoría (los que pertenecen en forma activa) en nombre de la población más amplia que implícitamente no solamente entiende sino que claramente aprueba lo que la minoría está haciendo. En otras palabras, afirma que existe una relación entre el miembro nominal y el miembro activo.


He repetido estas ideas a través de Europa y aparentemente todos los europeos entienden fácilmente la noción de “vicaria”. Sus reacciones lo demuestran porque empiezan a dar ejemplos concretos de su experiencia tanto en Croacia como en Italia, España, etc. Un ejemplo evidente de la religión vicaria es el que las iglesias y su personal consagrado siempre han hecho rituales en nombre de otros, tanto con ocasión de nacimientos, matrimonios, funerales, etc. Ahora bien, también con relación a estos rituales se observan cambios interesantes en Europa. Así por ejemplo, en algunos partes el bautismo está llegando a ser algo propio sólo de una minoría activa, pero no ocurre lo mismo en los países luteranos de Escandinava, que se consideran entre los países más seculares del mundo. En la práctica, la gran mayoría de los niños de Noruega, Finlandia y Suecia están bautizados, de manera que es arriesgado entonces generalizar. El matrimonio también está cambiando, pero es necesario recordar que la misma institución está transformándose al igual que el rol de la iglesia en ella. Muchos jóvenes viven juntos antes de casarse pero cuando deciden hacerlo, quieren “hacer su relación pública” en una ceremonia, que muchas veces, es religiosa.


El tema de la muerte requiere un análisis más detallado porque es aquí donde realmente se puede ver que las iglesias son cruciales en la vida europea. Tomemos por ejemplo el caso del Presidente Mitterand. Si alguien en Europa debiera haber tenido un funeral secular, era él. Mitterand era agnóstico, y fue líder de un partido socialista históricamente anti-clerical. Su estilo de vida no podría haber sido considerado como católico en ningún sentido convencional. Por otra parte, existían precedentes de funerales seculares en Francia, como el de Victor Hugo por ejemplo; sin embargo, Mitterand no tuvo uno un funeral secular. Mi colega, Daniele Hervieu-Legar escribió mucho sobre este episodio, y cuenta que en su testamento, Mitterand dejó un mensaje indicando que “una misa es posible”. ¿Qué quería decir? ¿Posible pero no necesario? O tal vez: por favor? El resultado fue que hubo dos misas de funeral celebradas simultáneamente: una en el Catedral de Notre Dame, la misa oficial, donde Helmut Kohl, con lágrimas en sus ojos, estaba entre los fieles; y al mismo tiempo, una misa que fue celebrada para la familia en Jarnac en el suroeste de Francia.


Pero volvamos al concepto de la religión vicaria, porque de acuerdo con él, los celebrantes y los fieles presentes en un ritual no solamente realizan el rito a nombre de los demás, sino que también creen a nombre de los demás. Quiero llamar la atención sobre la crítica expresada en Gran Bretaña respeto a un obispo que manifestó dudas en público, porque esa crítica demuestra que la gente en general, le exige creer a nombre de los demás. En otras palabras, se le reconoce al obispo el derecho de dudar en privado pero no en su rol episcopal. El mismo tipo de discusión que tenemos aquí o en un seminario, no es algo extraordinario, pero causaría alboroto si fuera desarrollada frente a micrófonos y popularizado por la prensa. Mi punto es que se considera que un obispo que duda no está haciendo su trabajo- no cumple su rol- que consiste en “creer” y es sorprendente el porcentaje de la población que todavía piensa así, aunque ellos mismos no crean.


El comportamiento de los consagrados provoca reacciones similares, tanto al nivel nacional como local y, por lo mismo, es muy difícil ser pastor o ser parte de la familia del pastor. No solamente se vigila el comportamiento del pastor sino también el de sus hijos adolescentes, y la prensa es muy rápida en comunicar sus delitos. Entiendo que hay un elemento de hipocresía en esto y que somos muy rápidos para acusarlos; es parte de la naturaleza humana, pero creo que hay algo más profundo bajo esto. En Gran Bretaña y Escandinava, estas reacciones están ligadas a las expectativas que asociamos con la familia real, cuyos roles son aun más ambiguos cuando el monarca es también la cabeza de la iglesia. Estamos fascinados por los casamientos reales pero somos algo más ambivalentes respecto a sus divorcios. Nos sentimos desilusionados cuando suceden porque apreciamos el modelo de matrimonio y queremos defenderlo. Aunque la mayoría de la gente pase por alto el modelo convencional de la vida familiar para sí mismos, consideramos que es bueno que alguien lo haga a nombre nuestro. Es también un ejemplo de lo que llamamos religión vicaria.


Mi último ejemplo es provocativo porque sugiere que las iglesias ofrecen espacio para el debate vicario de asuntos no resueltos en las sociedades modernas. Me refiero por supuesto al debate sobre la homosexualidad. No estoy convencida de que la sociedad en que vivo (Gran Bretaña) sea muy clara respecto a la homosexualidad, y ciertamente la iglesia no lo es. Es una iglesia confundida en una sociedad confundida. Pero encuentro muy difícil entender por qué la prensa pone tanta atención, tanto en el país como en el extranjero, a los altos nombramientos en la Iglesia Anglicana, si la iglesia es una institución marginal sin importancia. Si es tan marginal a la sociedad, entonces ¿A quién le importa lo que hace? Pero parece que sí nos importa. Perdonen si parezco crítica de los periodistas, pero existe una ambigüedad importante aquí, la iglesia no puede ser marginal y, al mismo tiempo, aparecer repetidas veces en primer plano.


Sociólogos con una posición más tajante sobre la secularización me dicen: “Pero, Cómo puede estar tan convencida; dónde están los datos?” Aquí es donde les invito a utilizar sus imaginaciones en términos de datos, porque no es posible cuantificar a la religiosidad vicaria. Entonces ¿A qué voy a mirar? ¿Por qué estoy tan convencida de que es esto lo que pasa? Una manera de trabajar es mirar detenidamente a una sociedad cuando algo serio ha pasado ocasionalmente, muy bueno o muy malo, como puede ser un desastre o una gran celebración. En estas circunstancias es posible ver algo más reactivo, más espontáneo. Y ¿qué es lo que uno ve? América post 9/11 es un ejemplo excelente, y se han hecho varios trabajos sobre eso; pero los dos ejemplos que tengo en mente son otros: el primero es el hundimiento del ferry-crucero Estonia en Suecia en 1994, con la muerte de 900 personas. El otro ejemplo es la semana después de la muerte de la Princesa Diana en Gran Bretaña.


Ante el hundimiento del Estonia, la reacción en Suecia, uno de los países más secularizados, fue espontánea. Nadie les dijo lo que tenían que hacer, pero la gente fue directamente a sus iglesias y sus pastores estaban presentes para recibirlos. Al día siguiente, apareció un artículo del Arzobispo en la primera página de todos los diarios, en dicho artículo, el prelado puso la tragedia en un contexto teológico, proporcionando a la población una manera de entender la tragedia. No hubo instrucción previa, pero todas las creencias estaban en su lugar, pero nada habría pasado si no hubiera ocurrido un desastre. Todo habría permanecido implícito, bajo la superficie. De aquí la analogía del témpano: ponemos demasiado esfuerzo en la porción que sale del agua, que sería la parte religiosa que va desapareciendo en nuestra sociedad postmoderna; pero, personalmente, estoy más interesada en lo que queda debajo del agua.


La reacción posterior a la muerte de la Princesa Diana fue semejante. Lo que hicimos en la semana después de su muerte no fue ni secular ni racional. Tampoco fue cristiano; a lo más, fue defectuosamente cristiano. Pero ¿Cómo nos arreglamos con este evento? Una serie de cosas sucedieron, algunas fueron individuales e improvisados: flores, Madonas, oraciones, todo mezclado. Fue una reacción confusa pero todos sabían que no era suficiente. Era necesario un funeral, y el funeral se realizó en la Abadía de Westminster. Aquí tenemos el punto en cuestión, si el Decano de Westminster hubiera dicho, “Lo siento, no creo que pueda hacer este funeral, Diana era divorciada, frecuentaba a los gurús, estaba experimentando con diferentes tipos de religión y su novio era musulmán. Por ende, este funeral no es nuestro.” Pero una respuesta así no habría sido aceptable. Él sabía que tenía que hacer el funeral. Y ¿Qué hizo? Aplicó lo que ha llegado a ser el modelo común utilizado en el marco cristiano de un funeral. Empezó con la frase “Yo soy la resurrección y la vida” y terminó con la sepultura. El modelo tenía a Elton John y un homenaje, no una homilía. Yo llamo este modelo un funeral de “economía mixta”, pero todavía enmarcado dentro de la liturgia cristiana. Insisto en que sería perfectamente posible tener un funeral secular en cualquier parte de Europa, pero eso no es muy común.


El funeral de Diana llegó a ser un prototipo para muchos otros funerales. Fue un evento muy interesante porque, pasada una semana, la gente parecía haber olvidado que ella era divorciada y los personajes del funeral fueron su ex esposo, los ex suegros, hermanos e hijos. Ahora bien, supongamos que Dodi al Fayed hubiera sobrevivido ¿Como habría sido el funeral?, ¿Qué habría pasado? Habría sido imposible impedir su presencia y su significado.


Otra fuente que evidencia la religión vicaria se encuentra en las actitudes frente a los edificios eclesiales o templos. Los europeos se molestan mucho si le pida dinero para entrar a un templo porque piensan que los edificios les pertenecen. También se molestan si se cierran templos que tal vez no habían visitado por semanas o años, porque, igualmente los sienten como propios. Si suprime o elimina algo, lo implícito se vuelve explícito, aunque no sea visible en la vida diaria. Como ejemplo final, tenemos las contribuciones para iglesias en Escandinava y Alemania. Las contribuciones a las iglesias no son insignificantes y la población entera las paga, a menos que se declara no creyente. El punto interesante es que muy pocos se declaran así, aunque los datos muestran que está cambiando algo en Alemania. Es difícil creer que esa gente pagaría por algo que no aprueba. Incluso sería posible ahorrar dinero al no pagar y los trámites para evitarlo son muy fáciles de hacer, sin embargo, pocos lo hacen. Concluyo entonces que la gente sueca aprueba a sus iglesias, por lo menos culturalmente; y los edificios son hermosos y muy bien mantenidos.


Mis últimos comentarios tienen que ver con el título de un ensayo que doy a mis alumnos: ¿Se puede llamar desviada la participación en el culto en Gran Bretaña? Es un ejercicio valioso porque les obliga a hacer un estudio de los patrones de la vida religiosa en el país. Por ejemplo, si la religión es más desviada para los hombres que para las mujeres; más desviada para los jóvenes que para los de edad; más desviada en Inglaterra que Irlanda del Norte; más desviada en partes de Escocia que en otras. Para empezar, los mejores alumnos cuestionan la noción de desviada. Si entendemos la palabra desviada como un acto deliberado de enfrentamiento de los valores de la sociedad moderna, entonces la participación en el culto sagrado no es desviada porque apoya y protege valores que, aunque muchos europeos no siempre los viven, los quieren mantener y trasmitir.


En mi opinión, esta es la situación actual. Es más difícil pronosticar cómo será en el año 2050, porque no estoy tan segura que este entendimiento de la substitución de la religión vicaria esté presente en la juventud de la misma forma en que existe en la población adulta. Aparte de eso, existe un cambio gradual en Europa que deja de lado la cultura de obligación, una frase con resonancia católica: Vamos a la iglesia por ser nuestra obligación, una cuestión de disciplina. Sin lugar a dudas, aquella cultura de obligación está colapsando en toda Europa, con la excepción parcial de Irlanda y Polonia rural. En su lugar está creciendo lo que llamo una cultura de consumo. Aunque no me gusta la palabra consumo, no se me ocurre un término mejor. Realmente significa el acto de elegir: “vamos a la iglesia si queremos hacerlo”. Este cambio de obligación a consumo, es una mutación en proceso; es decir que no se refiere a un cambio de cultura de un minuto a otro. Es un cambio gradual hacia un modelo basado en la libre elección. Hay buenos y malos aspectos en ambos; es simplemente una cuestión de cambio. Nadie quiere vivir en una sociedad donde estén forzados a ir a la iglesia; parecería completamente erróneo en la democracia moderna. Históricamente los europeos fueron obligados, a veces con fuerza física, y más recientemente por respetabilidad. Fuimos a la iglesia para ver y ser vistos, y algunos políticos siguen haciéndolo antes de las elecciones. Todavía hay rasgos de eso. Hay gente en Inglaterra que va a la iglesia cuando quiere poner a sus hijos en escuelas religiosas, porque las vacantes son pocas y la preferencia se inclina hacia las familias que van a la iglesia. Se iba a la iglesia por razones no religiosas, tal fue, a menudo, el modelo antiguo. Hoy la gente va a la iglesia por una extraordinaria variedad de razones, pero las razones hoy tienden a ser más religiosas. En general, estamos de acuerdo que es algo bueno.


Un elemento negativo de la situación religiosa actual es que existe un derrumbe de la narrativa religiosa común. Estudiantes modernos saben muy poco sobre la religión a pesar de su interés creciente en el tema. Muchos de ellos quieren estudiar la Sociología de la Religión, pero es imposible suponer que tengan conocimientos adecuados. Me di cuenta de esto por mi propia experiencia: estaba en medio de una serie de conferencias sobre el Pentecostalismo en América Latina cuando me di cuenta de que la mayoría de los alumnos no tenía ninguna noción sobre qué es Pentecostés. El conocimiento que tienen de la religión viene de sus clases, y no de sus familias ni de su propia experiencia, aunque usualmente haya una o dos excepciones en un curso de 40 ó más alumnos. Es interesante que los alumnos sepan más sobre el Islam que sobre el Cristianismo, pero esto me preocupa. Para mí, la enseñanza de la religión en las escuelas es algo importante y estoy preocupada por el currículo. ¿Estamos transmitiendo lo que debiéramos transmitir a los alumnos? LO cierto es que aparentemente son incapaces de interpretar la narrativa cristiana porque no la conocen. Hay algo importante que se ha perdido.


Otro elemento que quiero enfatizar es que no considero que el cambio desde la obligación al consumo sea lo mismo que la privatización. En mi opinión, las elecciones tomadas con seriedad tienen implicancias públicas. El modelo que heredamos se está corroyendo, y probablemente llegará a privatizarse, pero, al mismo tiempo, algo muy diferente está emergiendo. Es necesario recordar la llegada del Islam en Europa y la enorme diferencia que tiene para este debate, porque el Islam no puede ser privatizado. Un Islam privatizado es una contradicción. La presencia de del Islam está reconfigurando totalmente el debate, y de una manera muy interesante, porque por una parte, es preocupante que los europeos no estén respondiendo bien, pero al mismo tiempo, algo está cambiando, porque los musulmanes están devolviendo la religión a la agenda pública.


Antes de terminar quiero apuntar las dos elecciones más populares de los europeos modernos. Es claro que algunos estilos de iglesias, de todas las denominaciones, van bien y otros no tanto. Destaco dos modelos muy exitosos, primero, el de las iglesias evangélicas, sobre todo aquellas con elementos carismáticos que atraen por la seguridad que prometen, por sus límites claros, su doctrina firme, sus redes efectivas y el énfasis en la familia. El segundo ejemplo de éxito es lo que llamo el tipo “catedral” o “urbano-central”, que ofrece un modelo completamente diferente. Aquí encontramos al “buscador” no al “converso”. En la catedral no existen límites, no hay que dar “la paz” a la gente de su derredor. Se puede ir, sentarse detrás de un pilar donde nadie le moleste; es posible experimentar una liturgia tradicional en que todo el mundo sabe lo que va a pasar; la música es clásica y bella; la arquitectura sublime y una prédica excelente. Las catedrales se llenan con participantes regulares, turistas, peregrinos, etc., y el modelo está ligado al crecimiento del peregrinaje a través de Europa; sea los tipos medievales como Compostella, Marianas como Lourdesl o más modernos como Taize o Iona. Van creciendo en popularidad año a año y tienen que ver con los buscadores sin compromiso, la persona en viaje, el peregrino. Ambos modelos son móviles. El primero es del converso, el segundo es el peregrino o buscador. Pero el error está en dividir Europa entre gente que practica y gente que no practica, porque la mayoría está más bien en el centro. Son estos dos modelos móviles los que nos ayudan a ver lo que está emergiendo desde un modelo antiguo que se está corroyendo.


Otra cosa que estos modelos tienen en común es que ambos son experienciales. Si damos vuelta a la pregunta podríamos decir que lo que no anda bien es la religión cerebral. El antiguo biblismo y protestantismo liberales están en una situación muy problemática en todas partes. Lo puramente cognitivo, simplemente no tiene atracción para la gente moderna, y aunque los dos modelos sean completamente diferentes, tienen algo importante en común. No es tanto lo que se aprende cuando uno llega, sino la participación lo que importa; el hecho de sentirse sacado o cogido fuera de sí mismo en ocasiones especiales; ceremonias concurridas con velas y cantos que atraen a gente muy diferente.


Aquí termino mi presentación de argumentos. Si realmente quieren entender los patrones de religiosidad en la Europa moderna es necesario usar lentes muy sensibles y estarán muy equivocados si separan el factor religioso de los cambios actuales en la sociedad. Personalmente, creo que éste ha sido el caso en la Sociología de la Religión. Una vez que se acepta que lo que percibimos forma parte de cambios económicos y sociales y no simplemente es una indiferencia religiosa, entonces es posible entender la situación un poco mejor. Por ser muy sutil, es necesario buscar las realidades debajo de la superficie.


Es importante, además, recordar que la gente no es consistente en su modo de pensar. Una persona que dice “quiero ir a la ceremonia navideña en nochebuena” se siente motivado por una ocasión espiritual y no ve ninguna oposición entre esto y su vida probablemente secular. Cualquier investigación de la vida real, sea en la política o la religión, demuestra que la gente cree en cosas incompatibles todo el tiempo. Estimo que ahí tenemos un problema científico social, porque nuestros esquemas y paradigmas tratan de imponer coherencia donde no existe. Porque ¡la vida es así!


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1 Ver la presentación completa de Grace Davie en www.pewforum.org

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