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Consejos pastorales parroquiales en la Arquidiócesis de Santiago PDF Imprimir Correo

Por Gabriel Valdivieso y Carmen Silva


CISOC-Bellarmino sigue la inspiración del Concilio Vaticano II en su propuesta de una Iglesia-comunión. Hacia ese objetivo se dirige gran parte de las iniciativas desarrolladas por el Centro en materia de investigación, asesorías a organismos de la Iglesia, cursos para sacerdotes y laicos, y la publicación de nuestro Boletín Pastoral.

Es preciso reconocer que la aplicación de una eclesiología de comunión es una tarea compleja y profunda. Sin duda que para el caso de las parroquias, tal desafío implica fortalecer la participación integrada de todos los miembros del Pueblo de Dios en el quehacer evangelizador de ellas, como una respuesta necesaria para avanzar hacia la Iglesia que queremos construir. Uno de los ámbitos donde es preciso potenciar la participación al interior de las parroquias es el de los Consejos Pastorales Parroquiales, que son el objeto de esta investigación realizada por CISOC-Bellarmino, a solicitud del Arzobispado de Santiago. Por medio de este estudio nos hemos propuesto apoyar el Plan Pastoral Arquidiocesano y la puesta en práctica de la Segunda Unidad Temática del IX Sínodo, denominada "En Comunión y Participación Eclesial". Hemos orientado nuestro trabajo hacia el conocimiento de la estructura y funcionamiento de los Consejos Pastorales Parroquiales, y a la formulación de propuestas concretas que ayuden a que los Consejos sean un aporte decidido al sentido comunitario y misionero de las parroquias.


El hecho de que los resultados de este estudio están siendo considerados en la elaboración de un nuevo Reglamento de Consejos Pastorales Parroquiales en la Arquidiócesis de Santiago, es una buena señal de que nuestro esfuerzo está dando frutos.

Renato Poblete Barth, s.j.
Presidente de CISOC-Bellarmino
 

I.- Introducción

La descentralización de las funciones parroquiales y la delegación a los laicos de algunas tareas que realizan los párrocos no es sólo una necesidad urgente para hacer frente a la escasez de sacerdotes, sino sobre todo un camino para avanzar hacia una Iglesia de Comunión y Participación, tal como ha sido propuesto desde el Concilio Vaticano II. En el caso de las parroquias, esto se expresa en varias dimensiones, una de las cuales es la necesidad de aceptar que la creciente complejidad de la vida parroquial, especialmente en las grandes ciudades, hace insostenible que el párroco sea quien deba realizar una gran multiplicidad de tareas y concentrar todas las decisiones, y que, por el contrario, sea preciso aceptar que hay religiosas, diáconos y laicos que están dispuestos y capacitados para cumplir algunas de las tareas que demanda la actividad de las parroquias.

La Arquidiócesis de Santiago, siendo consecuente con estos desafíos, ha impulsado, para los años 2001 y 2002, la puesta en práctica de la Segunda Unidad Temática del IX Sínodo, denominada: "En Comunión y Participación Eclesial". Lo hace en sintonía con la Exhortación Apostólica "Ecclesia in America" y con las nuevas Orientaciones Pastorales del episcopado chileno. Al hacer esta propuesta, la Arquidiócesis espera que toda la Iglesia de Santiago dé pasos concretos para fortalecer su condición comunitaria y para promover la participación en todas las estructuras eclesiales y pastorales, entre las que se cuentan, de modo especial, los Consejos Pastorales Parroquiales. Por su naturaleza, estos Consejos están llamados a ser, de un modo privilegiado, instancias fundamentales, permanentes y estables, donde se reflexione y coordine la marcha de la vida pastoral: "El Consejo Parroquial no es una estructura más, sino un instrumento básico para vivir y ejercer la corresponsabilidad y para lograr la convergencia, complementación e integración de todas las fuerzas evangelizadoras de la parroquia... El Consejo Pastoral Parroquial tiene como objetivo principal la programación, animación, coordinación y revisión de la globalidad de la acción pastoral en el ámbito del territorio que denominamos 'parroquial'. Para ello hay que vencer el clericalismo y la desconfianza".  Reconociendo que los Consejos Pastorales Parroquiales son espacios privilegiados de comunión y participación para ejercer desde la base la corresponsabilidad con la vida de la Iglesia, el Sínodo de Santiago ha pedido "fortalecerlos o crearlos donde no existan" , y es precisamente hacia este propósito de fortalecimiento de los Consejos Pastorales, hacia donde se orienta la elaboración de este trabajo de CISOC-Bellarmino, solicitado por la Vicaría General de Pastoral del Arzobispado de Santiago.


II.- Objetivos

Objetivo General

El presente estudio tiene por objetivo cuantificar los Consejos Pastorales Parroquiales de la Arquidiócesis de Santiago, conocer su composición y estructuras organizativas, y proponer, a partir de ese conocimiento, recomendaciones y lineamientos comunes que los ayuden a mejorar la labor que realizan.


Objetivos Específicos

- Conocer la cantidad de parroquias de la Arquidiócesis que disponen de un Consejo Pastoral.

- Describir las diversas formas de composición, mecanismos de elección de sus miembros, funciones y atribuciones de los Consejos Pastorales Parroquiales en las parroquias que cuenten con ellos.

- Analizar experiencias parroquiales en materia de los puntos anteriores y describir aquéllas que sean de utilidad para las demás parroquias.

- Aportar elementos de análisis que sirvan para actualizar la Normativa existente sobre Consejos Pastorales en la Arquidiócesis.


III.- Metodología y Plan de Trabajo

Para la realización de la presente investigación se realizaron entrevistas a personas conocedoras del funcionamiento de los Consejos Pastorales. Entre ellas, a miembros de la Vicaría General de Pastoral del Arzobispado, a los Secretarios Pastorales de las diversas Zonas de la Arquidiócesis, a párrocos, y a laicos miembros de Consejos. Luego de esta fase de entrevistas, se elaboró una encuesta que fue enviada a las parroquias de Santiago para ser respondida por los Coordinadores de Consejos, en lo posible en colaboración con otros miembros del Consejo, obteniéndose respuesta de 88 Parroquias.

Con los resultados obtenidos por medio de las entrevistas y encuestas se elaboró un informe preliminar que fue presentado al Vicario General de Pastoral y personal de dicha Vicaría. Una vez que se recibieron sus sugerencias se elaboró el documento definitivo.


IV.- Resultados

1.- Composición de los Consejos Pastorales Parroquiales

En la Arquidiócesis de Santiago hay parroquias del tipo "centro urbano"   que cuentan únicamente con una sede parroquial, y también hay parroquias "descentralizadas" que comprenden una sede parroquial y una o más Comunidades Eclesiales de Base (CEB), con sus capillas. La mayoría de las parroquias tienen CEB (56%), las que alcanzan un máximo de 18 en total, con un promedio de 4 CEB por parroquia. 

En cuanto a la normativa sobre Consejos Pastorales Parroquiales, el Decreto del 23 de Diciembre de 1989 señala, en primer término, la necesidad de que ellos estén establecidos en todas las parroquias de la Arquidiócesis: "En cada una de las parroquias de la Arquidiócesis de Santiago, ha de constituirse un Consejo de Pastoral Parroquial, cuyo objetivo es hacer presente, de un modo cada vez más pleno, el misterio de la Iglesia-Comunión misionera en el ámbito de la parroquia "

Años más tarde, el IX Sínodo de Santiago ratificará la importancia de establecer y potenciar los Consejos Pastorales Parroquiales: "... la creación o fortalecimiento de Consejos Pastorales y estructuras similares a diversos niveles, son caminos concretos para intensificar la comunión y participación en la Iglesia de todos los bautizados ".

"En la conducción pastoral de estas comunidades, ya sea la parroquia, las comunidades eclesiales de base u otras expresiones de la comunión eclesial, junto a los sacerdotes ocupan un destacado lugar los laicos, que no actúan aisladamente, sino que practican la comunión en los llamados Consejos Pastorales. Reconociendo su importancia pedimos fortalecer y/o crear el Consejo Pastoral en los diversos niveles de la arquidiócesis como instancia de discernimiento, valorándolo en su carácter de articulador de la comunión y participación ".

Ahora bien, de acuerdo con la información proporcionada por los Secretarios Pastorales de las diversas Zonas de la Arquidiócesis se pudo constatar que, con la excepción de 11 parroquias, la generalidad de las 204 parroquias de Santiago cuenta con Consejos Pastorales Parroquiales. También se podo verificar, a partir de la información recogida, que el tipo de parroquia tiene incidencia en la composición de su Consejo Pastoral. Desde luego, las parroquias que tienen CEB, integran entre sus miembros a los Coordinadores de esas comunidades, mientras que las parroquias que no son "descentralizadas" subrayan la pertenencia de los representantes de áreas pastorales en los Consejos. También es posible observar que las parroquias del primer tipo exhiben diversos grados de autonomía en la acción de sus Consejos de CEB respecto del Consejo Pastoral de la sede parroquial central. En ocasiones, el exceso de autonomía favorece la emergencia de actitudes particularistas que atentan contra el sentido de pertenencia a una comunidad parroquial común.

Los Consejos Pastorales Parroquiales están conformados por 18 personas en promedio, con una proporción similar de hombres (8,6 en promedio) y mujeres (9,8 en promedio). En alrededor del 75% de estos Consejos están representadas todas las áreas, grupos y comunidades de la parroquia.

Desde un punto de vista normativo, la Pauta Anexa al Decreto de Constitución de Consejos Pastorales Parroquiales de 1989 dispuso que dichos Consejos deberían estar integrados por las siguientes personas:

-    El párroco, que lo preside
-    Vicarios parroquiales
-    Representante de los Diáconos Permanentes
-    Representantes de Institutos de Vida Consagrada
-    Representante de pastoral juvenil
-    Representante de pastoral sacramental: catequesis prebautismal, prematrimonial, preeucarística
-    Representante de Pastoral Solidaria
-    Representante del Comité Económico
-    Representantes de grupos, comunidades, sectores parroquiales y Comunidades de Base o Capillas .

Ahora bien, de acuerdo con los datos obtenidos en este estudio, la composición de los Consejos Pastorales Parroquiales presenta variaciones que responden a la situación particular de cada parroquia. De modo general, ellos están compuestos por:

1.    El párroco, que lo preside

2.    El (o los) vicario(s) pastorales de la parroquia, si los hay.

3.    Los Coordinadores de CEB en los casos de parroquias "descentralizadas". De hecho, en el 84,6% de estas parroquias los Coordinadores de CEB son miembros del Consejo Parroquial, siendo minoritaria su no participación (15,4%).


4.    Los representantes de las áreas pastorales, en número mayor cuando se trata de parroquias que no tienen CEB, En las parroquias "descentralizadas", en cambio,  suelen formar parte del Consejo representantes de las principales áreas pastorales, ya que la participación de representantes de todos los grupos abultaría excesivamente el número de miembros del Consejo. Al respecto sería importante  avanzar en la integración de los grupos particulares en áreas pastorales afines, y nombrar representantes de áreas que asistan al Consejo, tarea que no en todos los casos se logra exitosamente.

En algunas parroquias se distinguen dos organismos componentes del Consejo Parroquial: un "Consejo ampliado" que cuenta con la participación de todas las áreas y comunidades, y un "Consejo chico" con carácter ejecutivo, compuesto por un número menor de miembros. Esta distinción se encuentra presente en el 43,2% de las parroquias consultadas. Con la creación de estos dos tipos de Consejo las parroquias buscan conseguir una amplia representatividad, pero resguardando al mismo tiempo la efectividad de su labor. En cuanto al "Consejo chico", al estar conformado por los Coordinadores de las distintas CEB, se pretende lograr con ello una articulación del trabajo pastoral a nivel de la parroquia en su totalidad. Como resultado, la relación entre el Consejo Pastoral Parroquial y las CEB es calificado, en general, como excelente.

Se señaló con anterioridad que el 75% de las parroquias indicaron que todos los grupos y comunidades se encuentran representados a nivel del Consejo Pastoral. Por su parte, en el 25% restante, las agrupaciones que no tienen representación constituyen un amplio espectro, que incluye a distintas áreas pastorales -entre ellos algunas del área solidaria, como pastoral carcelaria, ayuda fraterna, Alcohólicos Anónimos, etc.- grupos de catequesis prematrimonial y prebautismal. Suele haber también ausencia de representación de algunos Movimientos Apostólicos como Retiros de Conversión, Encuentros Matrimoniales, Encuentros Conyugales, etc.; y de clubes de Adultos Mayores, Grupos de Oración, liturgia, CALI, finanzas, etc. En el caso de los jóvenes, ellos están representados en el 90,8% de los Consejos Pastorales que respondieron. Diversas son las razones que aducen los Coordinadores de Consejos sobre la no representación de estos grupos en los Consejos, en algunos casos la explicación radica en que la incorporación del grupo o Movimiento a la parroquia es muy reciente o insuficiente; en otros casos -como los clubes de ancianos- existen problemas de horario para las reuniones, mientras que para los grupos de alcohólicos se estima conveniente mantener el anonimato de sus miembros. Por cierto que hay también algunos casos en que los motivos de la marginación de los Consejos no son del todo claros.

Llama la atención que en algo menos de un tercio de las parroquias encuestadas hay personas que participan en el Consejo Pastoral Parroquial sin que correspondan a representantes descritos por el Decreto de Constitución de Consejos Pastorales. Entre estos integrantes no es posible distinguir algún tipo específico de personas, sino que se trata de una amplia gama de participantes. Entre ellos se cuentan las secretarias parroquiales, seminaristas, personas con experiencia y antigüedad en la parroquia o que tienen un especial compromiso con ella, ministros, animadores de CEB en formación, y cónyuges e hijos de miembros del Consejo o de agentes evangelizadores comprometidos. En general, la presencia de diáconos en los Consejos aparece cuantitativamente escasa.

Finalmente, de acuerdo con este estudio, en materia de su composición resulta recomendable que los Consejos estén compuestos por el párroco y el o los vicarios parroquiales, representante de los diáconos si los hay, representante de las religiosas, si las hay. En cuanto a los laicos, se sugiere que asistan los coordinadores de CEB si las hay, y los representantes de las áreas pastorales, las que deberían incluir, como criterio general, a todos los grupos y comunidades de la parroquia.


2.- Elección de los integrantes y directivas de los Consejos

La mayor parte de los Consejos cuenta con el párroco -que asume la presidencia- un coordinador y un secretario. La existencia de esta directiva coincide con lo dispuesto en la Normativa para Consejos Pastorales de 1989, que define la conformación de un Comité Ejecutivo, equivalente al "Consejo chico", formado por estas tres personas, y cuyas funciones son "dinamizar y programar la acción del Consejo Pastoral, preparar y realizar las sesiones y promover las jornadas de formación y estudio" . Aparte del párroco, los directivos se mantienen en funciones por dos años, como promedio, lo que es coherente con lo establecido por el Decreto sobre Consejos Pastorales: "Salvo el párroco -que a tenor del Derecho presidirá el Consejo- los demás integrantes permanecerán en sus cargos por un período no superior a tres años y no podrán ser reelegidos por más de una vez. Serán presentados ante la comunidad parroquial, con excepción del personal consagrado" .

La Pauta Anexa al Decreto de 23 de Diciembre de 1989 entrega indicaciones sobre procedimientos a seguir para la elección del Coordinador del Consejo y de sus integrantes. En su Artículo 8° señala: "El párroco designará, como miembros del Consejo a aquellos que estime más idóneos y se destaquen por su fe, buenas costumbres, prudencia y espíritu misionero por su compromiso de fe. Para esto, deberá consultar o solicitar ternas a los diferentes grupos o comunidades de la parroquia ".

Por su parte, el IX Sínodo acentúa el criterio de representatividad para la elección de la directiva, "... que los Coordinadores del Consejo Pastoral tanto de Comunidades Eclesiales de Base como de parroquias sean propuestos por la comunidad y confirmados por el párroco, luego de un discernimiento comunitario con el mismo Consejo Pastoral o asamblea parroquial..." .

El Decreto de 1989 ha buscado cautelar por una continuidad de los Consejos a pesar del cambio de párroco: "En el caso de cambio de párroco, el Consejo anterior permanecerá, por lo menos, por tres meses más ".

A partir de lo anterior queda claro que en el caso de los miembros laicos una condición fundamental para formar parte de un Consejo Pastoral es el hecho de ser representante de algún área o CEB de la Parroquia. Sería importante clarificar si algunas personas, sin ser representativas de grupos, áreas o comunidades, pudieran desarrollar un papel asesor en el Consejo, aunque sin participar activamente en la toma de decisiones.

En esta investigación se obtuvo información sobre los procedimientos de elección de los miembros del Consejo y de su directiva, encontrándose que coexisten diferentes métodos en la práctica. En efecto, los integrantes del Consejo Pastoral de la parroquia suelen ser elegidos por los miembros de las de CEB o de áreas pastorales (40,5%), pero también es relevante la decisión del párroco, que es quien elige a los integrantes del Consejo en alrededor de un tercio de los casos, tanto si esta decisión es realizada por él luego de consultas verbales, de ternas o quinas propuestas por los laicos (20,3%), o si, como ocurre en otras ocasiones, el párroco elige a los miembros del Consejo en base a su sola observación (14%). De manera general, puede advertirse que la mayoría de los procesos de elección de los miembros del Consejo incluyen algún grado de consulta a miembros de la comunidad parroquial.

Respecto a la directiva de los Consejos, su elección se realiza generalmente por votación directa de sus integrantes (58,1%), en un tercio de los casos la directiva es propuesta o nombrada por el párroco (32,2%) y hay Consejos en que no hay más directiva que el propio párroco (8%).

Más allá de estos datos, el estudio mostró que la elección de miembros de los Consejos y la designación de cargos en ellos es un tema no resuelto para una gran cantidad de parroquias, y que, por lo mismo, la elección suele presentar problemas. Ante esto, algunas recomendaciones que combinan el análisis de los documentos y la exploración de las experiencias parroquiales pueden ayudar a resolver esta dificultad:

- Un buen punto de partida es tener presente que los documentos analizados plantean que en la designación de miembros del Consejo debe ponerse en práctica alguna modalidad de consulta o elección a los fieles. La modalidad a la que se recurre más frecuentemente, y que la práctica hace recomendable, es la elección de una dupla o terna por parte de cada una de las áreas y comunidades eclesiales de la parroquia, y la participación posterior del párroco que elige a partir de esas propuestas.

- Teniendo en cuenta lo anterior (recomendación y práctica de elecciones o consultas) es aconsejable que antes de elegir a las personas, se haga una descripción de las funciones generales del Consejo y de las tareas específicas que deberán cumplir los miembros del Consejo Pastoral de acuerdo a las normativas vigentes, incorporando, si corresponde, la descripción de otras funciones y tareas que pueden ser agregadas como consecuencia de la realidad particular de cada parroquia . Las experiencias muestran que el involucramiento de los fieles en esta fase de descripción de las funciones y tareas resulta muy aconsejable, porque permite una comprensión compartida de las labores del Consejo y de sus integrantes, que evita malentendidos posteriores, y porque ayuda a tomar conciencia de la importancia del Consejo en el contexto de la acción parroquial.

- Una vez que las funciones del Consejo y las tareas de sus miembros han sido descritas, se deben dar a conocer a las personas que tomarán parte en la elección o consulta.

- Siendo ya conocidas las funciones y tareas por todos los miembros de la parroquia que tomarán parte en la elección, es conveniente proceder a un análisis de las características personales que deberían reunir, idealmente, los futuros miembros del Consejo, definiendo comunitariamente esas características y tratando de llegar a un consenso sobre la importancia de cada una de ellas. En líneas anteriores se citaron las características ideales que postula la Normativa sobre Consejos Pastorales de 1989 para los miembros de los Consejos. Junto a esas condiciones personales, proponemos tomar en cuenta otras características ideales que emanan de documentos eclesiales y que serían especialmente pertinentes para la elección de los miembros de los Consejos Pastorales Parroquiales. Dichas características son las siguientes :


a) Condiciones personales de índole general:

- Responsable.
- Servicial.
- Prudente

b) Condiciones en el plano de la fe y el compromiso eclesial:

- Haya hecho camino de seguimiento de Jesucristo en su comunidad.
- Participe activamente en la vida litúrgica, sacramental, formación, catequesis, encuentros comunitarios, acciones solidarias y misioneras.
- Haya tenido experiencia previa como catequista, encargado de liturgia, solidaridad, etc.
- Persona de fe, disponible a la voluntad de Dios que desea seguir creciendo en su fe.
- Posea formación religiosa básica (eclesiología, Cristología, espiritualidad, Biblia, pedagogía pastoral).
- Conforme un hogar cristiano.

c) Condiciones personales vinculadas a la labor:
- Capacidad de trabajar en equipo.
- Capacidad de relacionarse en forma madura con la autoridad .
- Capacidad de escuchar y de informarse objetivamente.
- Capacidad de comunicar bien las cosas.
- Buena disposición a formarse.

Para formar parte de la directiva del Consejo, se recomiendan, además de las condiciones anteriores, las siguientes:

 Condiciones personales de índole general:
- Sensibilidad ante los problemas humanos de su sector.
- Comprensión ante las debilidades de los demás.
- Tolerancia a las frustraciones.
- Amistoso, cercano a la gente.

 Condiciones personales vinculadas a la labor:
- Capacidad de planificar, organizar y ejecutar las actividades propias del cargo.
- Capacidad de tomar decisiones rápidas cuando se requiere.
- Capacidad de convocatoria y de conducción de personas.
- Buena disposición a la delegación.


- Una vez que han sido definidas y analizadas las condiciones que deben reunir idealmente los futuros miembros de Consejo y se han definido comunitariamente los significados concretos de esas condiciones, es recomendable desarrollar un proceso de discernimiento comunitario, con participación de las personas que tomarán parte en la elección o consulta, culminando con una propuesta de personas integrantes de una dupla, terna, etc. de posibles integrantes del Consejo. Algunos de estos pasos pueden ser adaptados a la elección de la directiva.

Cuando se ha elegido a los integrantes de un nuevo Consejo Pastoral y su directiva, ellos deben ser presentados a la comunidad parroquial , recalcando sus facultades y responsabilidades, y dando realce a la misión eclesial que comienza a desempeñar el Consejo y cada uno de sus miembros. Cabe señalar, al respecto, que algo más de la mitad de las parroquias encuestadas realizan una presentación pública de los nuevos integrantes y directiva de sus Consejos (52,3%).


3.- Funciones y tareas de los Consejos Pastorales

No obstante que el 88,2% de los Coordinadores le asigna "mucha importancia" al Consejo para la labor de su parroquia, los resultados de las encuestas muestran que un 31% de los Coordinadores afirma que los miembros de los Consejos no tienen suficiente claridad acerca de sus tareas, a la vez que reconocen mayoritariamente que los miembros de sus Consejos conocen sólo en parte el Decreto promulgado por Monseñor Fresno en 1989 (52,3%) o que no lo conocen en absoluto (41,9%). Estos hechos, por sí solos, apoyan los esfuerzos del Arzobispado de Santiago por conseguir una mejor formación sobre el tema en las parroquias de la Arquidiócesis.

Ahora bien, de acuerdo con la Normativa sobre Consejos Pastorales de 1989, estos organismos parroquiales tienen la misión de "constituirse como un organismo de consulta y colaborador del párroco en su tarea de pastor propio de la comunidad que le está encomendada bajo la autoridad del Obispo diocesano ". Según dicho documento, la misión de los Consejos puede desglosarse en las siguientes funciones principales:

- “Ser la expresión de la comunidad parroquial
- Ser agente de comunión de todos los miembros de la parroquia
- Organizar y animar la misión evangelizadora en todo el ámbito parroquial
- Recoger información para conocer los desafíos o requerimientos a la misión de la comunidad parroquial
- Acoger iniciativas de los agentes pastorales para mejorar la evangelización
- Apoyar las acciones que conduzcan a una formación permanente
-(Apoyar) la pastoral vocacional” .


De acuerdo con las opiniones de los encuestados, en general los Coordinadores evalúan con la mejor calificación su función de "Ser expresión de la comunidad parroquial" (77% evalúa "Bien" esta función ). Otras funciones que son bien evaluadas por un 67% a 70% de los Consejos Pastorales encuestados son: "Ser agentes de comunión de todos los miembros de la parroquia"; "Apoyar las acciones que conduzcan a una formación permanente"; "Organizar y animar la misión evangelizadora en todo el ámbito parroquial"; y "Acoger iniciativas de los agentes pastorales para mejorar la evangelización". Algo más baja es la evaluación de la función de "Recoger información para conocer los desafíos o requerimientos a la misión de la comunidad parroquial" (58% de evaluaciones positivas), lo cual está indicando alguna falencia en la capacidad de los Consejos para consultar a la comunidad parroquial sobre sus necesidades y en estimular la participación de aquellas personas que no están involucradas directamente en el trabajo parroquial, como son los asistentes a Misa y otros. En este sentido, los Consejos parecen girar más en torno a sus propias apreciaciones que a la escucha de la opinión de la “gente común”. Esto puede ser un factor que merma la capacidad para representar a una proporción importante de los fieles de la parroquia y, especialmente, a la población no observante del sector, a pesar de que uno de los desafíos que tiene la Parroquia es, precisamente, su apertura a la sociedad en general, con sus necesidades e intereses, para servir y evangelizar mejor. En cuanto a la función de "Apoyar la pastoral vocacional", ésta es, claramente, la más débil de todas en cuanto a cumplimiento, siendo evaluada positivamente por sólo un 16,3% de los Consejos Pastorales que entregaron información para este estudio. Por último, hay que consignar que se consultó en la encuesta por una función que no está propuesta en la Normativa para los Consejos Pastorales: "Coordinar el trabajo de las distintas CEB o capillas", encontrándose una evaluación positiva por parte del 66,7% de los Consejos de parroquias que tienen CEB.

La labor de los Consejos Pastorales puede ser evaluada también en base a tareas específicas por cuyo desempeño se indagó también en la encuesta, formulando la siguiente pregunta: De la lista de tareas que figura a continuación, ¿cómo califica Ud. el desempeño del Consejo Pastoral de su Parroquia? Para obtener respuestas a esta pregunta se presentó una serie de tareas extraídas de los documentos eclesiales consultados. Cada una de esas tareas debía ser calificada por los Coordinadores encuestados empleando las categorías: "Bien", "Regular", "Deficiente", "No la realiza".

Para efectos de análisis, las tareas que los Coordinadores evaluaron de sus propios Consejos fueron agrupadas en tres funciones generales, siendo los resultados de esa calificación, los siguientes:


A) Función de colaboración para conducir la actividad pastoral:

Tareas

Bien

(%)

Regular

(%)

Deficiente

(%)

No la realiza (%)

Diagnosticar los problemas pastorales y buscar las respuestas más adecuadas

54,5

39,8

4,5

1,1

Reflexionar sobre problemas sociales y buscar respuestas a ellos

34.1

44,3

13,6

8,0

Coordinar actividades de los distintos grupos pastorales

69,0

21,8

2,3

6,9

Formular líneas de acción y crear equipos o comisiones pastorales para ejecutarlas

56,5

34,1

5,9

3,5

Buscar personas para que realicen servicios pastorales

45,8

38,6

8,4

7,2

Planificar, coordinar y promover cursos de formación

69,3

21,6

4,5

4,5

Dinamizar la acción pastoral de la parroquia de modo armónico con otras parroquias del Decanato y la Zona

36,5

42,4

12,9

8,2

Designar representantes para las actividades Decanales y Zonales

64,4

26,4

5,7

3,4

Buscar financiamiento para las actividades

56,8

22,7

13,6

6,8

Informar sobre el quehacer de los distintos grupos, áreas, comunidades

73,3

20,9

3,5

2,3

Informar sobre orientaciones, instrucciones, actividades del Arzobispado, Zona, Decanato

76,1

19,3

4,5

----

Rendir cuenta de ingresos y gastos

60,9

17,2

8,0

13,8

 

B) Función de animación de la oración y la reflexión espiritual:

 

Tareas

Bien

(%)

Regular

(%)

Deficiente

(%)

No la realiza (%)

Orar y compartir en torno a la Palabra del Señor

78,2

14,9

4,6

2,3

Reflexionar sobre las Orientaciones Pastorales del Episcopado, Arzobispado, mensajes del Papa y otros documentos del Magisterio

47,7

38,6

9,1

4,5

 

C) Función de representación extra-parroquial:

 

Tarea

Bien

(%)

Regular

(%)

Deficiente

(%)

No la realiza (%)

Representar a la parroquia ante organismos que no son de Iglesia

21,4

21,4

21,4

35,7

De la información precedente se pueden anotar fortalezas y debilidades en la labor de los Consejos Pastorales.



- Fortalezas de los Consejos:

En general, la función de "Colaboración para conducir la actividad pastoral" que tienen los Consejos Parroquiales es bien evaluada por los Coordinadores. Un desglose de esta función, muestra que dentro de la conducción aparece especialmente bien calificada la labor de informar, lo que comprueba que los Consejos Pastorales Parroquiales son una muy buena instancia para que las distintas CEB y áreas pastorales den a conocer sus actividades, sus logros y sus dificultades, y para que se nutran con aportes recíprocos para trabajar con sentido de equipo. (El 73,3% de los Coordinadores calificó positivamente la tarea de "Informar sobre el quehacer de los distintos grupos, áreas, comunidades"). La importancia de este traspaso de información debe ser apreciada también por su impacto en el fortalecimiento de una visión de la parroquia como responsabilidad de todos, especialmente, si existen tendencias al particularismo "capillista" por parte de grupos que suelen concentrar su atención en materias que son de su exclusivo interés inmediato. Por su parte, la tarea de "Informar sobre orientaciones, instrucciones, actividades del Arzobispado, Zona, Decanato" fue bien calificada por el 76,1% de los Coordinadores y es una buena señal de que los lineamientos emanados desde la Arquidiócesis son conocidos adecuadamente por la pastoral territorial a través de las parroquias.

Como parte de la función de apoyo a la conducción de la actividad pastoral aparecen también destacables con muy buenas evaluaciones las tareas vinculadas a "Coordinar actividades de los distintos grupos pastorales" (69,0% califica bien esta tarea) y a "Planificar promover y coordinar cursos de formación" (69,3% la evalúa bien).

Además de estas fortalezas propias de la función de conducción, destaca también la espiritualidad, por medio de la oración y la lectura de la Palabra. En efecto, "Orar y compartir en torno a la Palabra del Señor" obtuvo una evaluación muy positiva, ya que un 78,2% de los Coordinadores calificaron bien el cumplimiento de esta tarea por parte de sus Consejos.


- Debilidades de los Consejos:

Dentro de un contexto general de buenas evaluaciones, hay también algunas labores que aparecen insuficientemente logradas. Entre ellas, las tareas relacionadas con la elaboración de diagnósticos de los problemas sociales y pastorales del entorno parroquial y su correspondiente proposición de acciones paliativas. En efecto, la tarea de "Diagnosticar los problemas pastorales y buscar las respuestas más adecuadas" -que tiene que ver muy directamente con la elaboración y seguimiento de un plan pastoral- es calificada entre "regular" y "deficiente" por el 44,3% de los encuestados y la labor de "Reflexionar sobre problemas sociales y buscar respuestas a ellos" obtuvo evaluaciones deficitarias de parte del 57,9% de los Coordinadores respondentes. Ciertamente que el análisis del cumplimiento de estas labores por parte de los Consejos Pastorales no puede soslayar la ocurrencia de cambios sociopolíticos de la vida nacional, especialmente en cuanto a la apertura de espacios sociales y políticos que estuvieron muy limitados o proscritos durante los años de gobierno militar, así como también, a la creación en democracia, de nuevas oportunidades de participación ciudadana. Todo lo anterior ha contribuido a la discusión en algunos Consejos en torno a la redefinición del papel de los organismos eclesiales -las parroquias entre ellos- como instancias de defensa de los derechos individuales y de representación y reivindicación sociales. En gran medida los resultados deficitarios de estas tareas de diagnóstico y de capacidad para dar respuesta a problemas sociales del entorno, deben ser interpretados dentro del contexto de una búsqueda, aún no resuelta, acerca de la redefinición del rol de las parroquias, y de la Iglesia en general, ante la situación sociopolítica emergente.

Hay también una tarea reflexiva que es clave para la orientación de la acción parroquial y que aparece también como deficitaria. Se trata de "Reflexionar sobre las Orientaciones Pastorales del Episcopado, Arzobispado, mensajes del Papa y otros documentos del Magisterio", caso en el cual, se encontró un alto porcentaje de evaluaciones "regular" (38,6%) y "deficiente (9,1%). Esto revela que los Consejos son una buena instancia de comunión espiritual, de oración, información, y en alguna medida, de acción, pero confirma que la reflexión es una de sus principales debilidades, tanto en lo que se refiere al análisis de problemas sociales y pastorales -que ya se destacó- como también para la discusión y análisis de documentos magisteriales que permitirían una mejor orientación para la evangelización en el mundo de hoy, desafío para el cual los Consejos Pastorales deberían jugar un rol fundamental.

"Buscar personas para que realicen servicios pastorales" es otra tarea de conducción que no logra una buena evaluación de parte de la mayoría de los Coordinadores de Consejos. Una explicación posible es que se trate de una labor ejercida de modo preferente o exclusivo por los párrocos, quienes, como se destacó anteriormente, tienen una participación bastante decisiva en la elección de los propios miembros de los Consejos y en la designación de sus directivas.

Por último, dentro de las tareas incluidas en la función de apoyo a la conducción que tienen los Consejos Pastorales Parroquiales, habría que destacar también como deficitaria la labor de "Dinamizar la acción pastoral de la parroquia de modo armónico con otras parroquias del Decanato y la Zona". Se trata de una carencia que fue reconocida también en las entrevistas con miembros de la Vicaría General de Pastoral del Arzobispado y con los Secretarios Pastorales de las diversas Zonas de la Arquidiócesis. Es esta una limitación que revela la supervivencia de actitudes auto-referentes de parte de muchas parroquias, y que plantea un desafío a la Arquidiócesis para actuar en pro del desarrollo de un real sentido de pertenencia, solidaridad y comunión eclesial. En el ámbito de la integración de la Parroquia con la Arquidiócesis es posible superar este relativo aislamiento, fomentando el contacto e intercambio entre los Consejos Parroquiales y las Vicarías Ambientales y Zonales, haciendo uso de los servicios que éstas ofrecen a las parroquias.

La función que se ha denominado como "Representación extra-parroquial" está compuesta exclusivamente por la tarea de "Representar a la parroquia ante organismos que no son de Iglesia". Al respecto, los resultados de las encuestas confirman la dificultad que tienen los Consejos Pastorales para salir más allá de sí mismos, tanto para coordinarse con otras instancias eclesiales -como se destacó anteriormente- como también en este caso, en que se evalúa la capacidad de ir más allá de los organismos de la Iglesia. El hecho de que un 42,8% de los Coordinadores declare que esta tarea es realizada de manera "deficiente" o "regular", y que un 35,7% no efectúe esta labor, están indicando, con claridad, que queda un gran trecho por recorrer hasta lograr una deseable inserción de las parroquias en su entorno social. Es preciso recordar que es a los párrocos a quienes se encomienda la representación jurídica de las parroquias , pero también es cierto, que una concepción de la parroquia abierta a la corresponsabilidad exige un mayor aporte de todos los integrantes de los Consejos para fortalecer su acción misionera hacia su entorno, y que son los laicos, quienes respondiendo a su propia vocación, están en mejores condiciones de vincularse al medio social de la parroquia para acercarse a los más alejados y para actuar como "levadura en la masa". En esta línea, se recomienda, por una parte, que algún miembro del Consejo participe o tenga contacto con las organizaciones comunitarias del sector, y por otra, que se estimulen visitas misioneras casa a casa que fomentan el conocimiento y el diálogo con el entorno.

Como síntesis de las principales fortalezas y debilidades en el cumplimiento de las funciones de los Consejos Pastorales, puede decirse que los Consejos constituyen espacios adecuados para la comunión espiritual y la oración, y cumplen acertadamente con su función de apoyar la conducción, con excepción en esto último, de su capacidad para diagnosticar la realidad que los rodea, con déficit en la colaboración con otras parroquias y con una limitada capacidad para dialogar con organismos extra-eclesiales. Los Consejos son también instrumentos efectivos para la transmisión de informaciones intra y extra parroquiales y para la realización de tareas concretas. Entre sus debilidades, puede anotarse también, que su capacidad de acción no está suficientemente acompañada de una disposición para analizar de cerca la realidad que los circunda ni para reflexionar sobre nuevos lineamientos pastorales emanados del Magisterio, con lo cual corren el riesgo de caer en un activismo poco estimulante y rutinario, más centrado en dar respuestas específicas a problemas tradicionales y concretos que a abrirse creativamente a los desafíos de una acción evangélica y misionera que busque indagar y responder a los problemas e intereses de su sector .


4.- Reuniones

Gran parte del trabajo de los Consejos Pastorales Parroquiales se planifica, se organiza, y a menudo también se realiza y evalúa, por medio de reuniones de trabajo. Es por esto, que las calidad de las reuniones tiene una gran importancia para el cumplimiento de sus funciones y tareas. Ellas tienen una frecuencia mensual en la mayoría de los casos, y en parroquias en que el "Consejo Ampliado" es convocado con menos frecuencia el “Consejo chico” se reúne mensualmente.

Acorde con el juicio expresado por los Coordinadores de Consejos que respondieron las encuestas, en general se aprecia que hay menos "vicios" en las reuniones que lo que algunos informantes suponían al comienzo de esta investigación (exceso de reuniones, mala planificación, demasiado extensas, etc.); por el contrario, se obtuvieron calificaciones bastante positivas de los diversos ámbitos con que las reuniones fueron evaluadas en las encuestas. Por ejemplo, en las reuniones se hace una tabla o minuta con los temas que se van tratar (94,3% de los casos). En otros aspectos de las reuniones, como claridad de objetivos, buena organización y conducción, asistencia, ambiente, interés y productividad, se observan porcentajes de aprobación superiores al 90% de los casos. Otros dos aspectos que se consultaron: expresión de opiniones, e importancia de la oración, alcanzaron porcentajes de logro situados apenas por debajo del 90%.

Los temas a tratar en las reuniones son propuestos en general por el párroco y el Coordinador (73% de los casos). Son minoritarios los Consejos en que es sólo el párroco quien propone los temas (17%). Tomando en cuenta que los Consejos tienen una importante función de conducción, era esperable, y así ocurre, que los temas que se tratan con más frecuencia atañen a la planificación y organización de actividades parroquiales. Por otra parte, la descripción de temas que son tratados en las reuniones confirma lo ya señalado en cuanto a que, comparados con las preocupaciones de conducción, el estudio de las orientaciones eclesiales y la reflexión sobre la realidad social son temas menos frecuentes en las reuniones

En cuanto al Acta de las reuniones, la mayor parte de los Consejos elabora un Acta que es leída al comienzo de la reunión siguiente (55,7%); hay también un 28,4% de casos en que las Actas son distribuidas con anticipación y un 15,9% de Consejos que no elaboran Actas de reuniones.

Las entrevistas a Consejos revelaron que junto a las reuniones, son también muy apreciadas las jornadas y demás espacios que permiten compartir entre todos los miembros del Consejo, una o dos veces al año, en un ambiente distendido, recreativo, que permite el sostenimiento de relaciones interpersonales transparentes y directas, ajenas a los temas intrínsecos de trabajo.

La mayoría de las recomendaciones para que una reunión sea productiva y grata, se orientan a evitar cierto tipo de errores comunes, y a tener en cuenta algunos puntos relevantes, en especial, los siguientes:

- Entre los errores, se incluye: no tener un motivo claro por el cual realizar la reunión; falta de información del propio animador respecto de lo temas a tratar; ausencia de personas claves para poder tomar decisiones en una reunión; largas discusiones de asuntos triviales en perjuicio de temas relevantes; mal manejo de los tiempos asignados a cada punto; insuficiente explicación por parte del animador de los hechos que se discuten, provocando la expresión de opiniones poco fundamentadas que dilatan y dificultan el diálogo y los acuerdos; participación parcial, en el sentido de que unos pocos dominan la reunión; terminar la reunión sin acuerdos, sin registro de decisiones ni distribución de tareas para llevar a cabo los acuerdos

- Las sugerencias apuntan en primer lugar a tener por adelantado el temario o tabla que se discutirá en el Consejo, temario que debe contener los temas en forma detallada y en el orden en que serán tratados en la reunión. Se debe incluir el tiempo aproximado para la exposición de cada tema. También es importante que en cada punto se expliciten los objetivos a lograr, ya que en algunos casos se trata sólo de tomar acuerdos, mientras que en otros es preciso planificar iniciativas, lo que requiere de esfuerzos y tiempos de análisis y discusión diferentes. Es importante ser realistas en cuanto a la cantidad de temas que se incluyen en la tabla. También debe existir una instancia de cierre de la discusión, en la cual el animador realiza una síntesis de lo tratado, y un acta, con la constatación por escrito de asuntos pendientes, acuerdos alcanzados y los tiempos en los cuales se medirán sus efectos y sus alcances, comprometiendo a personas  para la concreción de los diferentes objetivos.


5.- Toma de decisiones

Citando al Derecho Canónico (canon 536,2) el Decreto sobre Consejos Pastorales de 1989 puntualiza que éstos son organismos de consulta y colaboración con el párroco: "el Consejo Pastoral Parroquial tiene voto solamente consultivo" , y por lo mismo, las propuestas del Consejo requieren de la aprobación del párroco. Desde este punto de vista, es claro que la responsabilidad de tomar decisiones está en manos de los párrocos. Sin embargo, la misma Normativa sobre Consejos Pastorales destaca la importancia que tiene el ejercicio de una corresponsabilidad laical en las parroquias, la cual está vinculada estrechamente a la comunión y la participación: " En la parroquia, tanto el párroco, en su condición de pastor propio, como los laicos, maduros en su fe y las personas consagradas, tienen, dentro de sus propios ámbitos, labores pastorales que se coordinan en virtud de la comunión y participación vividas en una real corresponsabilidad..." . 

Como una primera aproximación a la toma de decisiones, se pidió a los encuestados que ordenaran en una lista, quién es (o quiénes son) la(s) persona(s) que tiene(n) mayor influencia en la toma de decisiones importantes de la parroquia. Las respuestas dejaron en claro la centralidad de los párrocos dentro de los Consejos, ya que en la mayoría de los casos, es a ellos, y en menor medida al Consejo en su conjunto, a quienes se les reconoce el más claro predominio para elegir cursos de acción en la parroquia. Por el contrario, los casos en que se observa la preeminencia de algún laico en las decisiones del Consejo no alcanzan al 5% del total. Por lo demás, muchos párrocos insisten en la importancia de que los laicos tengan mayor capacidad de decisión en las temáticas que se plantean en los Consejos, destacando la necesidad de potenciar la acción de los laicos en aquellos Consejos cuyos miembros laicos dependen, pasivamente, del párroco. Esta misma preocupación es compartida por laicos entrevistados que opinan que ellos deberían estar facultados para tomar algunas decisiones si se quiere avanzar realmente en la consolidación de un laicado parroquial corresponsable y maduro.

Observada con más detalle, la forma de tomar decisiones puede visualizarse dentro de un continuo que va desde la total centralización por un lado, hasta la descentralización o participación en las decisiones en la parroquia, por el otro. Pero el concepto mismo de participación tiene la ambigüedad de que permite denotar una mera presencia (decimos, por ejemplo, que participaron 'x' cantidad de personas, para referirnos a quiénes asistieron, aunque lo hayan hecho pasivamente), a la vez que también usamos el término participación para referirnos al ejercicio de una influencia significativa en la toma de decisiones que atañen a la vida de la parroquia. Para aclarar estos términos, en un trabajo anterior de Cisoc-Bellarmino se empleó un marco conceptual que resultó útil para analizar la participación en la toma de decisiones en la Iglesia, y que servirá en este caso, para observar lo que ocurre en los Consejos Pastorales . En dicho documento se expuso un modelo de decisiones que considera cinco estilos :

1) Decisión propia sin explicación detallada:
Se trata de decisiones tomadas por el portador de autoridad sin estudio o consulta previa con sus colaboradores ni explicación posterior de la decisión. Es el estilo más centralizado de decisión.

2) Decisión propia con explicación detallada:
Se trata de decisiones tomadas por el portador de autoridad sin estudio o consulta previa con sus colaboradores, con explicación posterior del problema y de las razones tenidas en cuenta en la decisión.

3) Consulta previa:
Antes de tomar la decisión, el problema es dado a conocer a los colaboradores solicitando su opinión y aporte. El portador de autoridad toma la decisión por sí mismo, y dicha determinación puede considerar o no el aporte de los colaboradores.

4) Decisión conjunta:
El problema es analizado por el portador de autoridad junto con los colaboradores para llegar a una decisión. Generalmente en este caso todos tienen similar capacidad de influencia para llegar a seleccionar los cursos finales de acción. Cuando hay más de dos que participan en la discusión, la opinión de la mayoría se acepta con más frecuencia que la de la minoría.

5) Delegación de la decisión:
El portador de autoridad solicita a su(s) colaborador(es) que tome(n) una decisión, dándole(s) las atribuciones para que la tarea sea realizada. Puede solicitar o no un informe posterior.

Tal como se puede observar, estos cinco estilos decisorios tienen en común el reconocimiento de que hay alguien que es portador de autoridad; lo que varía de un estilo a otro es la acción que realiza ese portador y sus colaboradores. Si se los interpreta bien, estos distintos estilos de toma de decisiones no agregan ni menoscaban la autoridad que tiene, de suyo, su portador, y en tal sentido, ninguno de ellos se opone, per se, a la figura del párroco como pastor propio de la Parroquia o al carácter consultivo que tienen en esta materia los Consejos Pastorales.

Empleando el esquema propuesto, las entrevistas que se realizaron a sacerdotes y laicos revelaron que los estilos de toma de decisión predominantes varían bastante entre las parroquias. En algunas parroquias los párrocos adoptan con frecuencia estilos altamente centralizados (Decisión propia sin explicación detallada) , mientras que en otras parroquias el párroco decide, generalmente, luego de consultar a los laicos, promoviendo su capacidad de decidir, y aportando también con su propia opinión y experiencia (Consulta previa, Decisión conjunta, Delegación de la decisión).

Una situación que es percibida frecuentemente como problemática es el cambio de estilo de decisiones a que se ven enfrentados los miembros de los Consejos Pastorales ante la llegada de un nuevo párroco. Es bueno recordar, al respecto, la disposición que establece que en caso de cambio de párroco, el Consejo anterior deberá permanecer, por lo menos, por tres meses ; pero esto no es suficiente, la prudencia aconseja que los nuevos párrocos tomen el tiempo necesario para conocer el recorrido que puede haber hecho la parroquia en materia de corresponsabilidad, y que sean respetuosos de la experiencia adquirida por la comunidad parroquial a lo largo del tiempo. Por otra parte, reconociendo que no es posible proponer un estilo decisorio único para todas las situaciones o problemas que enfrenta una parroquia, sí es conveniente tener presente, como criterio general, que el involucramiento y la participación activa de las personas en los procesos de toma de decisión favorecen en general la efectividad del cumplimiento de funciones y tareas, contribuyen a fortalecer la motivación, y ayudan a desarrollar el sentido de corresponsabilidad y de comunión eclesial. Respetando la situación particular de cada parroquia, los estilos que más se acercan al logro de estos objetivos son la "Consulta previa", la "Decisión conjunta" y la "Delegación de la decisión".

Una debilidad frecuente de muchos Consejos es la tendencia de los miembros laicos a sumarse a las posiciones que sustentan las figuras de autoridad, inhibiendo sus propias disidencias. Una forma concreta de afrontar esta situación fue reportada por uno de los párrocos entrevistados, y consiste en que, estando él consciente de la influencia que -quiéralo o no- tiene su opinión dentro del Consejo, procura estimular la expresión de los demás, especialmente de los más tímidos y reservados, y postergar su propia opinión hasta que todos ellos han dado a conocer las suyas. En esta misma línea de estímulo al involucramiento de los laicos, es preciso cautelar por que no exista una seudo-participación en la toma de decisiones, aquélla en que se aparenta realizar "consulta previa" o "decisión conjunta", pero dejando entrever que la decisión está tomada de antemano. Por último, es preciso destacar que hay un enorme potencial inhibidor de la expresión de opiniones veraces que proviene de los mensajes sancionadores no verbales emitidos por la autoridad en las reuniones de los Consejos, como también de actitudes que, al ser percibidas como manifestaciones de autoritarismo, contribuyen a "infantilizar" y a silenciar la participación laical.


6.- Inserción eclesial y local

Un hito fundamental en la planificación parroquial es la elaboración del Plan Pastoral Anual y su articulación con los lineamientos arquidiocesanos. Los hallazgos de este estudio señalan que en algo menos de un tercio de las parroquias el Consejo elabora y aplica totalmente su Plan (31%). Esta es una señal de atención frente a la formulación de planes parroquiales que pudieran resultar demasiado ambiciosos  para ser cumplidos a cabalidad. En muchos casos los planes "pecan" de ambigüedad en su formulación, ya sea en la definición de objetivos, como en la especificación de actividades y en la designación de las personas o grupos responsables de realizarlas. Todas estas carencias contribuyen a dificultar la realización y evaluación posterior de los planes, aportando a una sensación de frustración y desmotivación por no haber logrado lo que se suponía poder alcanzar. Es interesante destacar que, coincidentemente, las principales necesidades de formación que destacan los Coordinadores de Consejos Pastorales encuestados se refieren a carencias en materias instrumentales que serían especialmente útiles para aportar a la planificación pastoral, como son: planificación, liderazgo, conducción de grupos, trabajo en equipo, etc.

Al analizar las funciones y tareas, se destacó entre las fortalezas de los Consejos su capacidad para informar sobre orientaciones, instrucciones y actividades de la Iglesia arquidiocesana; sin embargo, más allá de esta capacidad de informar, un esfuerzo permanente de la jerarquía es el de sostener un sentido de unidad que lleve a las diversas estructuras, grupos y movimientos eclesiales, a seguir los lineamientos de la Iglesia universal y local. En función de esto, el Arzobispado elabora periódicamente un Plan Pastoral Arquidiocesano para que sea aplicado conforme a la realidad de cada parroquia. La información recopilada en este estudio revela que una de cada cuatro parroquias conoce y aplica completamente el Plan Pastoral Arquidiocesano (25,6%), mientras que la mayoría lo conoce pero sólo lo aplica parcialmente (68,6%). Resultados como éste, aconsejan que la autoridad elabore sus planes ponderando muy bien las posibilidades reales de aplicación por parte de las parroquias, ya que, al parecer, ante planes excesivamente ambiciosos son las propias parroquias las que se encargan de hacer ajustes o adaptaciones, pudiendo dejar afuera objetivos y actividades pastorales que la autoridad haya considerado importantes de incorporar.

Otra manera de caminar dentro del conjunto de la Iglesia Arquidiocesana es la participación de las parroquias en actividades convocadas desde fuera de ellas. En este sentido, las encuestas registran una buena participación, tanto en las actividades del Arzobispado, como de Zonas y Decanatos. De hecho, más del 90% señala participar "siempre" o "a veces" en las actividades convocadas desde dichas instancias eclesiales, lo que refleja que existe un buen sentido de comunión arquidiocesana.

En materia de inserción local o extraeclesial, las encuestas confirman la dificultad que tienen los Consejos Pastorales, y las parroquias en general, para interactuar con su entorno. Así, la relación con organizaciones no-gubernamentales y con iglesias evangélicas es inexistente en el 66,7% y en el 69,8% de las parroquias, respectivamente. En cuanto a las organizaciones vecinales, hay algo más de cercanía, ya que sólo el 23% señala no tener relación con dichas organizaciones locales, y un 60,9% de las respuestas indican que hay “poca relación”. Todos estos datos revelan que existe una carencia en la capacidad asociativa de las parroquias para colaborar con la búsqueda de respuestas a los problemas de la localidad.


V.- Conclusiones y sugerencias.

1.- Resulta satisfactorio constatar la existencia de Consejos Pastorales en la inmensa mayoría de las parroquias de Santiago. De acuerdo con los datos obtenidos en este estudio, de un total que sobrepasa las 200 parroquias hay sólo 11 de ellas que no cuentan con Consejos. Sin duda que es una buena respuesta -aunque todavía incompleta- a los lineamientos entregados por la Arquidiócesis, especialmente a lo expresado en el Decreto de Diciembre de 1989 y en las Conclusiones del IX Sínodo. Mirado desde una perspectiva más global, esta presencia de los Consejos Pastorales Parroquiales puede interpretarse como un reflejo de la mayor conciencia de corresponsabilidad en la Iglesia que emana de la eclesiología de comunión y participación, y viene a sumarse a otros hechos que se encaminan en la misma dirección, como son el fortalecimiento de los ministerios conferidos a laicos, el refuerzo de las Comunidades Eclesiales de Base, el apoyo al diaconado permanente, etc. Junto a esta visión positiva en lo numérico, hay que destacar también que existen fuertes diferencias en la corresponsabilidad, la efectividad, y en general en el funcionamiento de los Consejos que fueron consultados a lo largo de este estudio.

2.- En cuanto a su composición, los Consejos Pastorales Parroquiales están conformados por 18 personas en promedio, con una proporción similar de hombres y mujeres. Son presididos por el párroco, y en alrededor del 75% de estos Consejos están representadas todas las áreas, grupos, comunidades y CEB de la Parroquia.

El tipo de parroquia tiene incidencia en la composición del Consejo Pastoral. Así, las parroquias que tienen CEB integran entre sus miembros a los Coordinadores de esas comunidades, mientras que en las parroquias que no tienen CEB existe una mayor proporción de representantes que proviene de las distintas áreas pastorales. También es posible observar que las parroquias del primer tipo exhiben diversos grados de coordinación y dependencia de los Consejos de CEB respecto al Consejo Pastoral Parroquial, observándose que hay casos en que el exceso de autonomía favorece la emergencia de un "capillismo" particularista que atenta contra el sentido de pertenencia a una comunidad parroquial común.

Dependiendo de las características de la parroquia, en algunas de ellas se distinguen dos organismos: un "Consejo ampliado" que cuenta con la participación de todas las áreas y comunidades, y un "Consejo chico" con carácter ejecutivo, compuesto por un número menor de miembros, distinción que parece ser una buena fórmula.

3.- La elección de los miembros del Consejo y de su directiva es un problema difícil de resolver para muchas parroquias, encontrándose que coexisten diferentes métodos de elección que varían entre la sola decisión del párroco, la presentación de duplas, ternas o quinas propuestas por los laicos; hasta procedimientos que confunden participación con "asambleismo". En todo caso, en general se advierte que la mayoría de los procesos de elección de los miembros del Consejo incluye algún grado de consulta a miembros de la comunidad parroquial.

Acorde con los resultados, se sugiere seguir procedimientos de elección que incluyan un conocimiento previo de las funciones y tareas que se esperan de los miembros del Consejo, seguido del análisis de las características ideales de los futuros miembros del Consejo, y un discernimiento comunitario que culmine con alguna forma de elección o consulta a los fieles. Un proceder de este tipo es muy compatible con el espíritu de comunión y participación que debe impregnar la labor parroquial, ayuda a evitar problemas de incorporación de personas poco idóneas o que buscan ejercer poder, y contribuye a lograr un trabajo de equipo entre el párroco y los laicos.

4.- En el estudio se señalan las funciones generales y las múltiples tareas específicas que cumplen los Consejos Pastorales Parroquiales de acuerdo a los documentos eclesiales, destacándose que, en general, los Consejos son buenas instancias de planificación, coordinación, y especialmente de traspaso de información entre áreas, comunidades y grupos. No ocurre lo mismo con la aptitud de los Consejos para reflexionar y diagnosticar la realidad social y pastoral que los rodea, ni con su disposición a trabajar coordinadamente con otras parroquias y organismos eclesiales y no eclesiales. En general los Consejos aparecen como organismos operativos, bastante disponibles a los lineamientos dados por los párrocos, pero con déficit en su capacidad para ser propositivos y creativos en el trabajo pastoral. Así, los Consejos corren el riesgo de caer en un activismo mecánico y rutinario que va en desmedro de su apertura para responder a los desafíos misioneros y pastorales emergentes.

5.- Las reuniones concitan una parte importante del trabajo de los Consejos Pastorales ya que son ellas las principales ocasiones para planificar, organizar, realizar y evaluar las actividades que les competen. De aquí que resulta satisfactorio constatar que se obtuvo una calificación bastante positiva de las reuniones de trabajo de acuerdo a los diversos ítemes con que ellas fueron evaluadas en las encuestas. En efecto, en las reuniones se hace una tabla o minuta con los temas que se van tratar, existe suficiente claridad de objetivos, buena organización y conducción, asistencia, ambiente, interés y productividad.

En la mayoría de las parroquias la frecuencia de reuniones es mensual, ya sea del Consejo Pastoral en su conjunto o del "Consejo Chico". En este último caso, se acostumbra realizar reuniones o jornadas menos frecuentes con la asistencia de todo el "Consejo Ampliado".

6.- En materia de toma de decisiones, el estudio constata la centralidad que tiene el párroco, de quien depende la mayor parte de las decisiones importantes para la parroquia; pero reconoce también la existencia de variaciones importantes en cuanto al grado de centralización con que son tomadas las decisiones por parte de la autoridad. Así, mientras en algunas parroquias el párroco decide usualmente de modo personal, en otras parroquias se observan estilos decisorios del tipo "Consulta previa", "Decisión conjunta" y Delegación", destacándose el impacto positivo que tienen estas últimas modalidades para incrementar la efectividad en el cumplimiento de las tareas y para estimular la motivación, el sentido de pertenencia y la corresponsabilidad.

Un claro problema que se confirma en este estudio es el cambio de párroco, especialmente en los casos en que el nombramiento conlleva una modificación drástica del modo de ejercer la autoridad. La normativa postula la permanencia del Consejo por lo menos durante tres meses, y se ha insistido en la necesidad de actuar con la prudencia necesaria para conocer el recorrido anterior del Consejo. Por otra parte, ante la ausencia del párroco por motivo de vacancia. enfermedad, viaje, etc., es atendible que la conducción de la parroquia sea asumida por el Consejo, dada su naturaleza, funciones y experiencia.

7.- El estudio ha constatado que las parroquias desarrollan sus actividades de manera bastante integrada a los lineamientos y convocatorias que se les formulan desde el Arzobispado, comprobando también, que hay buena participación en las actividades organizadas por los Decanatos, Zonas y Arquidiócesis; por el contrario, existen muchas limitaciones en los Consejos Pastorales para trabajar coordinadamente con organizaciones no eclesiales en la solución de problemas de su sector poblacional.


VI.- Bibliografía

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Valdivieso, Gabriel y Silva, Carmen: "Animadores de Comunidades Eclesiales de Base. Una Promesa de Corresponsabilidad Laical". CISOC-Bellarmino. 2001.

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